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“Street Scene ”, de Kurt Weill, estreno en el Real

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Considerada como uno de los acontecimientos de la temporada, esta primera ópera
americana del compositor Kurt Weil, se ofrece por primera vez en el Real como un
espectáculo inédito centrado en el libreto de Elmer Rice, basado en su obra del mismo
título –que fue merecedora del Premio Pulitzer 1929- y letra de las canciones de
Langston Hugle.

Rice, amparándose en la genial y variada música de Weill, desarrolla en “Streat Scene”
las historias de unas personas anónimas cuyas vidas transcurren con desgana y hastío
debido a la falta de expectativas y posibilidades que para los jóvenes le ofrece el
duro ambiente del barrio en el que viven, donde el tema étnico, indirectamente, sale
también a relucir y la violencia se ceba en casi todas las familias. Violencia que en una
de ellas, los Maurrant, se convierte en tragedia, arropados por las personales
circunstancias de su entorno. Una tragedia que alcanza de forma directa a la verdadera
historia de amor que, como es natural, a lo largo de sus dos actos transcurre. En ella
Rice, muy hábilmente, relaciona el eterno concepto del amor con la idea de la
pertenencia, para hacer más desgraciada aún a Rose, la hija mayor de esta desafortunada
familia, que arrastra a su vez al superenamorado Sam Kaplan. Algo similar a como
sucede en la “historia de una escalera” (1949) del español Buero Vallejo.” En S.S” Rice
y Weill concibieron reflejar de forma bastante realista los sentimientos y deseos de unas
personas anónimas y sencillas que viven en una ciudad llena de dificultades, servidas,
musical y escénicamente, con un especial sentido poético, especialmente en las figuras
de Rose Mourrant y Sam Kaplan.

“Street Scene” es una obra muy variada dotada de un amplísimo marco de personajes
que combina en su desarrollo todos los elementos de la gran ópera; grandes cantantes,
bailarines, mucho movimiento escénico, figurantes, un coro pequeño, un gran coro y
una gran presencia instrumental, dentro y fuera del foso, para apoyarse en la gran
ayuda que presta la electrónica. El esqueleto musical de la partitura está muy bien
estructurado gracias a esa variada mezcla de estilos; jazz, blue y ópera. Como dice el
propio Weill, en ella he recogido el testigo y la línea de la comedia musical de Brodway
y del jazz norteamericano para integrarlo plenamente en el formato de la tradición
europeísta de la ópera, gracias a la presencia de grandes recitativos, sugestivas arias,
dúos y atractivos números corales, por lo que el autor la ha considerado como su gran
ópera maestra. Una obra que hace su recorrido entre los grandes géneros de la ópera y el
musical.

Para que el aficionado se quede tranquilo sobre la definición más correcta con que
debe de calificar esta gran producción, Laura Furones, Directora de publicaciones del
Teatro Real, la define así forma en la Revista de la Institución: “Tal vez su éxito se
deba a la ambigüedad con que Weill, deliberadamente, actúa, al rastrear su

composición entre la línea de la ópera y la de la comedia musical, hasta el punto de
que esa separación parece no existir. Con ella deja al espectador donde él quiere.
Inseguro pero con la mente abierta.

En España se ha podido disfrutar poco de la música de Weill. El Real, en el año 2010,
presentó el título “Ascenso y caída de la ciudad de Mahagony y en 2008 el Teatro
Arriaga ofrecíó “Los siete pecados capitales”, Obras que pertenecen a su etapa
alemana, dado que tuvo que salir de su país forzado por la persecución que sufría de
los nazis.

Esta ópera americana en dos actos se estrenó con pleno éxito en el Schubert Theatre de
Filadelfia el 16 de diciembre de 1946. El Real la ofrece ahora con una producción
propia realizada en colaboración con la ópera de Montecarlo y la Opera de Köln.
En torno a ella , como viene siendo habitual, el Real ha organizado numerosas
propuestas artísticas y culturales paralelas, en las que colaboran diversas Instituciones
como el Teatro Español, la Filmoteca Española, la Residencia de Estudiantes, TVE, el
Instituto Internacional y la Embajada de Estados Unidos.

El 16 de febrero el canal de televisión “mezzo” la retransmitirá en directo.

Puesta en escena
Para la presentación de este auténtico espectáculo musical, el director de escena, John
Fulljames, ha acudido al socorrido recurso de la escalera de vecinos abierta a la calle.
Lo ha hecho bien y de forma bastante imaginativa, muy apoyado por el gran
movimiento escénico con el que la acción se desarrolla en sus dos actos, bastante más
significativo en el 2º, a pesar de que la secuencia del asesinato de Anna Maurrant
resultara un poco tosca. Al final, sin ninguna duda, resultó una puesta en escena sencilla
y simple pero muy efectista.

El aspecto vocal estuvo muy bien servido por el numerosísimo bloque de intérpretes,
que cumplieron perfectamente con la parte sonora y escénica, destacando especialmente
las intervenciones de toda la familia Maurrant, con Paulo Szot (Frank) a la cabeza, su
vistosa voz le cuadra perfectamente al conflictivo sentido del personaje, lo mismo que
Patricia Racette como Anna, sobria y con gran tono en los díálogos con su marido Frank
y su hija Rose (Marti Bevan), que brilló más cuando compartía escena con el español
Joel Prieto ( Sam Kaplan), brillante y convincente en sus numerosos solos. Bailarines,
Coro titular del Teatro y los pequeños cantores de la Orcam, extraordinariamente
dirigidos por Ana González., cantaron con fuerza y alegría, moviéndose mejor.

El inglés Tin Murray hizo una versión muy aceptable de esta nada fácil partitura de
Kurt Weill, llevó la Orquesta a un buen ritmo, que estuvo colosal, especialmente en la
sección del viento y ayudó muchísimo a todos los intérpretes, que precisaban un fuerte
apoyo dado el múltiple recorrido que tenían que hacer para seguir mejor la amplia
variedad de estilos musicales que el compositor refleja en su difícil partitura.
..Redacción. Fotografía: Javier del Real

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