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Hay más fallecidos por las deficientes infraestructuras sanitarias en Siria que por los bombardeos

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..Redacción.
Tras casi siete años de un conflicto bélico infinito, que se desarrolla en todos los frentes, con una situación de las instalaciones y el personal médico mucho más allá del límite. Más de once millones de sirios, además de tener una casi totalidad escasez de alimentos y carecer de las necesidades más elementales para vivir –para malvivir, podría expresarse mejor-, se encuentran con una asistencia sanitaria casi inexistente por la falta de estructuras hospitalarias y de personal sanitario que las pueda mínimamente atender, bien porque han fallecido o bien porque, ante la caótica situación, se han visto obligados a huir hacia otras zonas algo más estables o seguras donde puedan prestar sus servicios con mayor eficiencia.

La muerte ronda los alrededores de los hospitales de Siria, dentro y fuera

Esta es, a grandes rasgos, la actual situación en una zona cuyas mejoras no se pueden contar todavía, y que el Alto Comisionado de la ONU considera, para los refugiados, “la mayor crisis humanitaria de nuestra era”, en la que se da la paradoja de que están muriendo más personas por no poder contar con la asistencia sanitaria más elemental, que por los propios bombardeos que, dotados de las técnicas militares más sofisticadas, están continuamente soportando y sufriendo.

Esta guerra dura, inexplicable y sin sentido, se ha cobrado, de momento, 500.000 muertos y más de un millón de heridos, que se mueven y viven como pueden sin ver ninguna luz que pueda aliviar su situación. Toda una guerra que cuenta con el agravante de que sus indiscriminados bombardeos están afectado poderosamente a sus escasos establecimientos hospitalarios, pertenezcan a la sanidad pública o a la privada. Aunque no hay discriminación de ningún tipo, la sanidad pública se ve bastante más afectada porque posee mayor número de instalaciones. Solo en 2016 sufrieron sus efectos 32 hospitales como consecuencia de 71 bombardeos. Tampoco se respetaron tampoco las instituciones religiosas, según comenta también el padre franciscano Bahjat Elia Karakach, uno de los 14 monjes de esta institución que mantiene la tradición de llevar trabajando en dicho país desde hace más de ochocientos años y que, a pesar de la crudeza de la situación, junto a otras personas de las mismas ideas, han decidido quedarse para aportar su granito de arena, soportando las mismas escaseces con que habitualmente vive el resto de la población siria, así como sus bombardeos que, como muestra de esta indiscriminación, en varias ocasiones han caído sobre niños que estaban en el tránsito de salir de sus escuelas –las pocas que quedan en pie- para trasladarse a sus desvalijadas casas o lo que queda de ellas.

El problema se agrava todavía más si se examina la realidad de los casi cinco millones de personas que huyen hacia los países vecinos en busca de una vida, teóricamente, con algo más de sosiego y seguridad, muchos de los cuales, como era de prever, han cerrado sus fronteras y, todavía con peores condiciones, se encuentran varados ante sus alambradas de protección sin poder moverse ni para adelante ni para atrás, creando en todos ellos auténticas situaciones de angustia debido a la situación de desabastecimiento total con que se encuentran.

Médicos sin fronteras (MSF), Asvi y el CEI (Conferencia episcopal italiana) y la Fundación Policlínico Universitario Agostino Gemelli son algunas de las 16 organizaciones internacionales que trabajan en este país para tratar de apoyar a sus ciudadanos. Entre ellas han aportado ya más de un millón de euros para atender los problemas más perentorios de la población, a pesar de sus continuas insistencias el gobierno sirio, oficialmente, a MSF no le ha confirmado la autorización para trabajar en su país, con lo cual no solo ha crecido la inseguridad sino que ha aumentado su ineficacia dado que en 2014 el Estado Islámico (EI) le hizo un fuerte secuestro de provisiones y material sanitario, que le obligaron a desatender plenamente determinadas zonas prioritarias de población.

El Estado Islámico hizo un “secuestro” de provisiones y material sanitario a Médicos Sin Fronteras que le obligó a desatender plenamente determinadas zonas

A pesar de ello continúan, con muchas dificultades, prestando los servicios sanitarios que, a duras penas, puedan llevar a cabo, como es el caso del distrito de Azaz, situado al norte de Alepo, donde pueden mantener un hospital con 34 camas, ofreciendo, además consultas ambulatorias, hospitalizaciones urgentes y otros servicios –que son muchos, demasiados-, de carácter urgente, habiendo llegado a 86.000 consultas, 1.600 cirugías y la hospitalización de cerca de 3.700 pacientes.

Ante el análisis breve y rápido de estas circunstancias cae por sí sola la pregunta, ¿qué se puede hacer? La respuesta, unánime y desinteresada de cuantas instituciones, profesionales o religiosas, trabajan en este lugar, se encamina en esta dirección “Para que se pueda producir una futura convivencia en este lugar, hace falta que urgentemente, ya, se presente, por parte de cuantos allí luchan, una propuesta sincera y convincente para todos, que no excluya a nadie”, según indica el padre Elia Karakach.