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Un equipo de investigadores españoles utiliza la magnetoencefalografía como biomarcador no invasivo para el Alzheimer

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..Cristina Cebrián.
En España se investiga, y mucho. Aunque la realidad es que gran cantidad de los trabajos que se realizan no terminan de salir a la luz y tanto la población como los profesionales sanitarios los desconocen. La celebración del Día Mundial del Alzheimer, cada 21 de septiembre, supone una ventana abierta para conocer nuevas líneas de investigación en torno a la EA. El investigador Fernando Maestú, director del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Computacional del Centro de Tecnología Biomédica, lidera un proyecto científico que ha recibido este jueves el Reconocimiento de la Fundación Tecnología y Salud 2018 y Fenin por el desarrollo de un biomarcador para el diagnóstico precoz del Alzheimer.

Fernando Maestú: “Trabajamos en la búsqueda de un nuevo biomarcador no invasivo que se pueda testar en personas 20 años antes de que aparezca la enfermedad”

Su hallazgo permite detectar alteraciones de las redes funcionales cerebrales de personas asintomáticas, incluso antes de que el cerebro sufra cambios morfológicos. “Trabajamos en la búsqueda de un nuevo biomarcador no invasivo que se pueda testar en personas 20 años antes de que aparezca la enfermedad”, explica Maestú. La conclusión a la que ha llegado este equipo de investigadores españoles es que cuando una persona mayor tiene depósitos de la proteína amiloide en su cerebro, aunque no presente síntomas de alteraciones cognitivas, sus redes funcionales ya comienzan a deteriorarse.

Se trata de una enfermedad que tiene un curso muy lento. Tanto, que suele iniciarse unos 20 años antes de que se detecten los primeros síntomas, por lo que se trata de un proceso que está terminando y no empezando. Maestú insiste en esto “porque es aquí donde se ha centrado la investigación e incluso la terapia farmacológica”. Sin embargo, el investigador aclara que “los laboratorios a nivel mundial se están centrando realmente en todo el estadio pre clínico, porque es ahí donde está el foco”.

Su hallazgo permite detectar alteraciones de las redes funcionales cerebrales de personas asintomáticas, incluso antes de que el cerebro sufra cambios morfológicos

Necesidad de nuevos fármacos
A pesar de que ya se ha trabajado con fármacos en la fase de demencia, no hay ninguno que haya tenido éxito, por lo que se hace necesario investigar la neuropatología de la enfermedad y hallar nuevas terapias. “No es que los fármacos actuales sean malos, sino que tendrían más éxito si los damos en etapas anteriores de la enfermedad”, comenta el director del laboratorio.

Los retos a los que se enfrenta la comunidad científica con respecto a la EA son enormes. El principal problema, según Maestú, es que no existe un biomarcador que indique qué personas tienen mayor riesgo de sufrir la enfermedad y poder desarrollar así una prevención farmacológica. Para ello, su equipo se puso manos a la obra y realizaron el estudio Multimodal Neuroimaging for Alzheimer’s Diagnosis (MULNIAD), en colaboración con el Centro Nacional de Geriatría y Gerontología (NCCG) en Obu, Japón.

La MEG consiste en un procedimiento nada invasivo, ya que por medio de unos sensores colocados alrededor de la cabeza, se monitorizan los campos magnéticos que emite el cerebro humano y así pueden captar su actividad

Magnetoencefalografía, una técnica no invasiva
Nosotros proponemos un biomarcador no invasivo que es la magnetoencefalografía (MEG). Ésta capta una de las alteraciones más tempranas de esta enfermedad como es la falta de comunicación entre las neuronas y entre las células, que es lo que causa realmente los síntomas”, indica Maestú. Es precisamente esa falta de conexión entre las neuronas la que se va destruyendo progresivamente.

La MEG consiste en un procedimiento nada invasivo, ya que por medio de unos sensores colocados alrededor de la cabeza, los investigadores monitorizan los campos magnéticos que emite el cerebro humano y así pueden captar la actividad, la disfunción sináptica o la falta de comunicación entre neuronas.

Maestú: “Es posible que con una técnica totalmente no invasiva y en 10 minutos podríamos detectar la enfermedad”

En esa colaboración con el equipo japonés, lo que descubrieron fue “algo realmente interesante”. Y es que, según explica Maestú, el estudio lo realizaron con personas completamente sanas, sin antecedentes. Sin embargo, cuando se les hacía un escáner de tomografía por emisión de positrones, algunos de ellos tenían la proteína beta amiloide (sustancia relacionada con el desarrollo de la enfermedad) asociada a una disfunción en muchas áreas del cerebro . “Gracias al uso de la MEG ya hemos detectado una disfunción 10 o 12 años antes de que aparezcan los síntomas. Por tanto, es posible que con una técnica totalmente no invasiva y en 10 minutos podríamos detectar la enfermedad”, aclara el experto.

Estudio de familiares de enfermos
Nos encontramos, por tanto, ante un hallazgo muy revelador tanto para la ciencia como para la práctica clínica, ya que este biomarcador puede ser útil para realizar ensayos clínicos dirigidos a aquellas personas que están en riesgo genético por tener algún familiar que padece la EA. El equipo de Maestú se encuentra ahora trabajando en un proyecto con participación de más de 200 familiares de entre 50 y 65 años. Estas personas presentan mayor riesgo de contraer la enfermedad, especialmente cuando también tienen el gen PLXNA4. Con esta combinación, el riesgo de sufrir Alzheimer aumenta hasta un 65%.

Ahora solo queda lograr la financiación necesaria para sacar adelante este tipo de proyectos que puedan evitar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

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