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Voluntad, financiación y compromiso institucional para avanzar en investigación en cáncer. Dr.Alfredo Carrato

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..Dr. Alfredo Carrato, vicepresidente de la Fundación ECO y jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.
El cáncer se ha convertido en un problema social. En países con un alto nivel de desarrollo, uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres son diagnosticadas de cáncer a lo largo de su vida. Pese a que hemos conquistado grandes avances en el abordaje de esta enfermedad, el porcentaje de mortalidad sigue siendo alto en muchos tipos de tumores, como es el caso del adenocarcinoma de páncreas, neoplasia en la que sólo sobrevive un 5% de los pacientes diagnosticados a los 10 años. Y el panorama es más desalentador: en 2030, el cáncer de páncreas será la segunda causa de muerte por cáncer y todavía no existen programas de detección precoz ni fármacos dirigidos a dianas específicas para abordar esta neoplasia.

Ante esta alarmante situación, que es extensible a otros tumores, la investigación en cáncer se convierte en una necesidad de primer orden. El próximo 24 de septiembre es el Día Mundial de la Investigación en Cáncer y más que para celebrar debería ser una fecha señalada para demandar lo que España necesita para hacer frente al cáncer. Nuestro país se sitúa a la cola en cuanto a recursos materiales y humanos se refiere destinados a esta batalla que libramos y que, sin duda, acompañará a las generaciones futuras.

En 2030, el cáncer de páncreas será la segunda causa de muerte por cáncer y todavía no existen programas de detección precoz ni fármacos dirigidos

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, el porcentaje actual del Producto Interior Bruto español destinado a I+D+i es del 1,2%, mientras que la media europea se sitúa en el 2,07% del PIB. De hecho, en países como Alemania, Suecia y Francia representa el 3,02%, 3,25% y 2,25% del PIB respectivamente. Lejos de haberse producido un aumento en este porcentaje, que sitúa a España en una posición de desventaja comparativa con respecto a países de nuestro nivel económico, el presupuesto destinado a investigación ha ido decreciendo: en 2009 los recursos destinados a I+D+i eran 1.800 millones de euros más que en 2019.

Es un hecho: falta financiación institucional. Sin embargo, tampoco la ley ampara otras vías de financiación para conseguir fondos, como podría ser una ley de micromecenazgo y de compromiso social como la que disponen países anglosajones. Por ejemplo, el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York o el MD Anderson de Texas recibieron más de 400 millones de dólares cada uno en donaciones filantrópicas, una cifra que se sitúa muy por encima de la financiación estatal que recibe, por ejemplo, el Instituto de Salud Carlos III (281 millones de euros). Así pues, tenemos pocos recursos y de los que sí disponemos, no están al alcance de todos.

La investigación en cáncer se convierte en una necesidad de primer orden

Actualmente, nuestro país no cuenta con una red de colaboración entre los centros de investigación y laboratorios que permita el acceso de toda la población a los tratamientos más punteros, más allá de las posibles alianzas que podamos trazar entre los profesionales. De nuevo, no se trata de imposibles: nuestro vecino francés aporta recursos económicos y colabora en la organización e implementación en todos los centros de un programa de determinación de alteraciones moleculares que posibilita el diseño de un tratamiento personalizado para los pacientes oncológicos, con lo que aumenta la supervivencia.

Sabemos que los retos en investigación en cáncer también reclaman nuevas exigencias para los profesionales que nos dedicamos al abordaje del cáncer. Los oncólogos estamos incorporando en nuestros equipos a bioinformáticos, que interpretan las grandes bases de datos biomédicos, bioingenieros y especialistas en robótica, que contribuyen al desarrollo de especialidades médicas y quirúrgicas, en genómica, microbiota y otras especialidades, que nos obligan a actualizar conocimientos continuamente para poder trabajar eficientemente en el equipo multidisciplinar. El propósito que perseguimos todos los especialistas es claro: que la investigación permita un mejor abordaje del cáncer. Pero, para ello, también necesitamos la voluntad política y el compromiso institucional porque la suma de todos los esfuerzos es lo que permitirá ganarle la batalla al cáncer.

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