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Necesitamos más y mejores posibilidades terapéuticas para el linfoma. Dr. Luis de la Cruz

Dr. Luis de la Cruz, miembro asociado de la Fundación ECO y jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Virgen Macarena
El linfoma es una de las neoplasias que está sufriendo un gran proceso de transformación, no sólo en el abordaje actual sino también en los escenarios futuribles que tenemos sobre la mesa. En 2019 se estiman un total de 7.945 nuevos casos únicamente en linfoma No Hodgkin, el subtipo más frecuente. Previsiblemente, esta cifra no parará de crecer: en los próximos 15 años, el aumento de la esperanza de vida hará que los casos de linfoma no Hodgkin se incrementen un 34% en mayores de 65 años. Además de la incidencia de este tumor, la complejidad del linfoma es otro reto para su abordaje: existen más de 40 subtipos de neoplasias linfáticas, con comportamientos clínicos y aproximaciones terapéuticas muy diferentes.

Ante este panorama, la innovación terapéutica está abriendo un abanico de nuevas posibilidades con resultados prometedores en situaciones avanzadas de enfermedad en las que los tratamientos disponibles no tienen una respuesta eficaz. Además de con otras terapias dirigidas anti-diana, las neoplasias linfoides se están beneficiando también de la moderna inmunoterapia del cáncer de dos formas distintas: por la vía de los anticuerpos inmunomoduladores (anti PD-1, por ejemplo en el caso de Linfoma de Hodking) y también con la inmunoterapia adoptiva, con los CAR-T Cells (linfoma B difuso de células grandes en recaída).

El linfoma es una de las neoplasias que está sufriendo una gran transformación, no sólo en el abordaje actual, sino también en los escenarios futuribles

El futuro se puede decir que es esperanzador, si bien la experiencia profesional acumulada nos dice que hay que ser prudentes y no lanzar mensajes demasiado entusiastas hasta que no tengamos toda la evidencia científica disponible con datos más maduros. Además, debemos de continuar investigando para paliar los posibles efectos adversos que implican este tipo de terapias y que estamos empezando a ver en el tratamiento de los pacientes oncológicos. En el caso de las terapias CAR-T, por ejemplo, las toxicidades son muy variadas y en ocasiones son potencialmente graves. Por ello, se requiere un mayor control sobre los pacientes, lo que puede ser una traba para la indicación del tratamiento.

Al margen de ser más prudentes con los augurios que realizamos sobre estos nuevos tratamientos, los oncólogos que nos dedicamos al abordaje de este tumor también sabemos que hay muchas áreas de mejora sobre las que necesitamos volver a poner el foco. Por un lado, debemos seguir sumando esfuerzos para identificar aquellos tipos de linfoma donde hoy en día tenemos resultados muy pobres (linfomas T, linfomas B de células grandes double-triple hit y primariamente refractarios, linfomas foliculares con recaídas tempranas…) y que son de mal pronóstico.

La innovación terapéutica está abriendo un abanico de nuevas posibilidades con resultados prometedores

Por otro lado, es fundamental poder hacer un diagnóstico precoz y correcto en Atención Primaria y Anatomía Patológica, respectivamente, con personal y profesionales especializados en la materia y en el contexto de comités multidisciplinares de linfoma. Ante la aparición de adenopatías persistentes, sobre todo si cursan con pérdida de peso, fiebre, sudoración y prurito, hay que pensar en el linfoma y en el correcto diagnóstico de éste.

Con todos estos retos y esperanzados con las posibilidades que plantea la medicina personalizada dirigida a alteraciones moleculares específicas y la moderna inmunoterapia, todos los profesionales sanitarios que nos dedicamos al abordaje del linfoma debemos continuar sumando fuerzas para conseguir no sólo una detección más temprana de la enfermedad, sino también la aplicación del tratamiento idóneo en cada subtipo específico de linfoma, para su curación o para su cronificación manteniendo la calidad de vida de los pacientes cuando la curación no es posible.

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