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“La flauta mágica” vuelve de nuevo al Teatro Real

Fotografía. Javier del Real

..Redacción.
Corre la última década del siglo XVIII, Mozart tiene ya 35 años y su vida, a pesar de lo mucho y bueno que musicalmente había realizado, le resulta cada vez menos agradable, difícil y dura, que le lleva a vivir tiempos nada cómodos porque a sus numerosos problemas económicos se suman otras circunstancias como la delicada salud de su esposa Constanza, la suya y, sobre todo, la falta de encargos oficiales a los que se une el escaso reconocimiento de su calidad por parte del público y de sus colegas compositores que le obligan a cobrar cada vez menos dinero por sus trabajos.

En estas circunstancias tan especiales y con una situación cada vez más agobiante, vuelve a aparecer de nuevo en su vida su antiguo amigo, compañero de fatigas y empresario, Emanuel Schikaneder, que necesitaba también urgentemente una obra para su teatro, que pudiera generar una gran audiencia porque se adaptara con facilidad a lo que el público veneciano pedía en esos momentos. Puestos de acuerdo los dos amigos, el poeta escribe rápidamente el libreto y se lo entrega a Mozart que respondió con su habitual rapidez preparando esta genial obra en dos actos cuyo estreno tuvo lugar el 30 de septiembre de 1791 en el pequeño Teatro Auf Der Wieden de las afueras de Viena dirigida en principio por él mismo, dos meses antes de su fallecimiento. Un estreno que no tuvo el éxito que de su genialidad se esperaba.

Fotografía. Javier del Real

Afortunadamente, con el encargo de este título por parte de Schikaneder , que intervino tambien en el elenco del estreno, le llegó también, procedente de un personaje desconocido, la orden de preparación de una misa de réquiem y la composición de otra ópera, “La clemencia de Tito” con motivo de la boda de Leopoldo II en Praga.

“La flauta mágica” es pues su último trabajo operísitico que vio representado por lo que se considera que su flauta, con su Papageno, Papagena, Sarastro, Tamino y la ·”Reina de la noche” constituyen ese gran testamento cultural lleno de valores que colocó en el sitio que tan justamente le correspondía al genial compositor de Salzburgo.

En un análisis rápido de su contenido, a primera vista, esta obra puede ser considerada simplemente como una ópera vienesa encantadora y cómica nada más , pero si, como debe hacerse, se profundiza un poco más en la dinámica de su desarrollo y en su fondo se llega pronto a la conclusión de que, como siempre, hay algo más , mucho más, porque tras su música se encuentra una nítida valoración de los ideales humanístico-masónicos que si no fueron reconocidos al principio, se debió a las circunstancias tan diversas con que nació. Posteriormente sí se le proporcionó ese reconocimiento, valorándosele en su justa medida debido a la grandeza de los numerosos aspectos positivos, su variada temática artística, genialidad y claro mensaje pacifista, entre otras diferentes cuestiones como las relacionadas con el bien y el mal, tan claramente expresados por Sarastro y la Reina de la noche, entre otros.

Hoy,“La flauta mágica” continúa siendo un título importante dentro del repertorio operístico estándar. Según las conocidas estadísticas de “Operabase” aparece como la número 4 de las óperas más representadas durante el quinquenio 2005/ 2010. ​ Su estatus como obra maestra de la ópera es incuestionable y único dentro del reducido ámbito del singspiel, donde no tiene comparación posible., siendo a su vez uno de los títulos de los que más se ha escrito.

Se cree que el libreto de Schikaneder pudo inspirarse en la obra Lulú o la flauta mágica, de August Jacob Liebeskind, en la versión transcrita por Christoph Martin Wieland, pero también pudo tener otras fuentes, como Thamos, rey de Egipto, de TobiasPhilipp von Gebler, o Sethos, de Jean Terrasson.

El Teatro Real la presentó por primera vez en su escenario el 11 de enero de 2001, la repone en esta ocasión con trece sesiones realizadas con una producción procedente de la KomischeOper de Berlín, dirigida escénicamente por Suzanne Andrade & BarrieKosky, ya ofrecida durante la temporada de 2016.

Puesta en escena
El montaje de esta producción, inspirado en la imaginería de Buster Keaton con la orientación del cine mudo propio de los años veinte, tiene la especial particularidad de carecer de decorados, que han sido sustituidos por unas imágenes interactivas procedentes de un vídeo con las que graciosamente juegan los intérpretes que cuentan a su vez con un doble apoyo; el de los carteles propios de esta especialidad cinematográfica y la interpretación en pianoforte de determinados fragmentos de otras obras de Mozart.Una solución bastante cómoda para pasar de solayo por las diferentes pruebas que deben soportar los protagonistas. Una producción que ha dado mucho que hablar pero que resulta totalmente discutible debido a su excesiva repetición que llega a cansar sobradamente al espectador.

Ivor Bolton, perfecto conocedor del repertorio mozartiano, junto con la Orquesta y el Coro titulares del Teatro Real, los pequeños cantores de la Jorcam y un acreditado doble reparto, ha realizado una cuidada versión de este sugestivo título, que tantas matizaciones precisa debido a las especiales características de la producción escénica, en la que han destacado las voces de Albina Shagimuratova y Rocío Pérez como reinas de la noche, Ruth Rosique como Pamina -qué gran Pamina por la hermosura y claridad de su voz- y Andreas Wolf como Papageno, así como la labor de Ashk Gupta en el fortepiano.

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