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Expertos defienden un seguimiento ginecológico integral en las mujeres que reciben un trasplante de médula ósea

..Redacción.
España se realizan cada año más de 3.000 trasplantes de progenitores hematopoyéticos (TPH) denominados genéricamente como trasplantes de médula ósea. El TPH ha permitido un aumento de la supervivencia de los pacientes con cáncer de la sangre gracias a la disminución de las recaídas, la mejora de los tratamientos, la prevención y el tratamiento de las infecciones, y el cribado de segundas neoplasias. Sin embargo, la enfermedad injerto contra receptor (EICR) y sus secuelas a largo plazo continúan siendo un reto.

En España se realizan cada año más de 3.000 trasplantes de progenitores hematopoyéticos (TPH)

En el caso de la mujer, a estos retos se suma la presencia de cambios fisiológicos atribuibles al fallo ovárico prematuro, la aparición de la EICR genital, el incremento de la probabilidad de padecer un cáncer de cérvix o la infertilidad”, explica la Dra. Lourdes Vázquez, hematóloga del Hospital Clínico Universitario de Salamanca y coordinadora de las “Guías clínicas para el cuidado ginecológico de la paciente receptora de un trasplante de progenitores hematopoyéticos”, editadas por el Grupo Español de Trasplante Hematopoyético y Terapia Celular (GETH), de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH).

Estas guías clínicas surgen de la necesidad de establecer recomendaciones y protocolos para los especialistas involucrados en el cuidado de la mujer receptora de un TPH. “El apoyo debe venir de hematólogos, endocrinos y ginecólogos, siendo fundamental que estos últimos formen parte de un equipo multidisciplinar desde el primer momento”, señala Vázquez.

Los principales problemas ginecológicos post-TPH

La incidencia de la EICR genital en la mujer tras un TPH se sitúa entre un 25 y un 52% de los casos, a pesar de ello se trata de una patología infradiagnosticada. Su detección ha aumentado gracias a la mejora de los cuidados, a las exploraciones ginecológicas sistemáticas y a la definición de los criterios diagnósticos.

 La incidencia de la EICR genital en la mujer tras un TPH se sitúa entre un 25 y un 52% de los casos

La EICR genital contribuye de manera directa a la disfunción sexual”, señala la Dra. Lourdes Vázquez. En un estudio en el que se analizó la función sexual en supervivientes de un trasplante de médula ósea, se describe dificultad sexual en el 66% de las pacientes, con pérdida de libido, dispareunia (73% de los casos) y menor placer sexual (68%).

Por otra parte, una de las complicaciones más temidas a largo plazo tras un TPH es el desarrollo de una segunda neoplasia. “El carcinoma escamoso de cérvix es el tercer tipo de cáncer más frecuente en pacientes que han recibido un TPH alogénico. El riesgo de  padecer este cáncer es 13 veces superior al de la población general y 18,5 en las mayores de 34 años”, expone Vázquez.

El fallo ovárico prematuro es otro de los problemas que pueden derivarse tras un TPH. Este se caracteriza por la ausencia de menstruación durante más de cuatro meses, falta de esteroides sexuales. Además, este problema se ideentifica por la elevación de la hormona gonadotrófica antes de los 40 años. Prácticamente todas las mujeres en edad fértil que reciben un TPH tras un régimen de condicionamiento mieloblativo padecerán una insuficiencia ovárica durante un periodo limitado. Y, finalmente, estas mujeres entrarán en una menopausia precoz.

Una de las complicaciones más temidas a largo plazo tras un TPH es el desarrollo de una segunda neoplasia

Toda paciente en edad pre y postpuberal debe ser informada de las consecuencias y sintomatología del fallo ovárico prematuro. Si no ha cumplido su deseo reproductivo, tiene el derecho a conocer las posibilidades de preservación de su fertilidad, si es posible”, comenta la Dra. Vázquez.

Por todo ello, los expertos defienden un abordaje multidisciplinar y un seguimiento ginecológico en las mujeres receptoras de un TPH anterior a la realización del trasplante, siempre y cuando las condiciones clínicas de la paciente lo permitan. Este seguimiento deberá continuar en la fase postrasplante. “Entre todos, debemos contribuir a que vuelvan a sentirse mujeres sanas y tengan un vida rigurosamente normal en todos los ámbitos, incluyendo el sexual y reproductivo”.

El trabajo que realizan las enfermeras en todas las fases de un TPH es clave. Ellas son las encargadas de establecer un plan de cuidados específicos antes, durante y después del proceso. “Somos uno de los pilares fundamentales para la detección precoz de las complicaciones y el cuidado de la salud ginecológica y sexual de la mujer receptora de un TPH. Tenemos que empoderar a la paciente para que participe en el programa de seguimiento y en las revisiones de forma activa”, expone Mª Teresa Solano, enfermera experta en TPH del Instituto Clínic de Enfermedades Hematológicas y Oncológicas, del Hospital Clinic de Barcelona.

 El trabajo que realizan las enfermeras en todas las fases de un TPH es clave

La infertilidad, la sequedad vaginal y los síntomas relacionados con una menopausia precoz, y su efecto sobre su vida sexual y afectiva, son las principales preocupaciones de nuestras pacientes. De hecho, estas preocupaciones varían dependiendo de la edad en la que pasan por el trasplante”, señala.

Los cuidados ginecológicos son abordados en las visitas previas a la realización del TPH. En esos momentos, las pacientes reciben mucha información al mismo tiempo y este tema puede quedar relegado al no considerarlo relevante. Por ello, se recomienda que, una vez realizado el trasplante, se vuelva a abordar este asunto de forma directa mediante una entrevista guiada”, comenta Mª Teresa Solano.

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