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Los expertos reivindican el fomento de la compra pública inteligente de productos innovadores y competitivos

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La innovación es un aspecto esencial de la estrategia a largo plazo de cualquier compañía. Para que esta sea posible, es necesario invertir en compañías emergentes con productos innovadores, de manera que se genere un círculo virtuoso que una la generación de conocimiento con la transformación de productos. Es decir, debe haber compañías que compitan en el mercado con productos innovadores, pero también capital riesgo que invierta y financiación pública. Así lo pone de manifiesto José María Mato, director general de CIC bioGUNE y CIC biomaGUNE y patrono de la Fundación de Ciencias de la Salud, en el marco de la jornada “¿Cómo financiar la innovación en salud? Retos y oportunidades”, organizada por Biocat y la Fundación de Ciencias de la Salud , en colaboración con GlaxosmithKline (GSK).

Sin embargo, en la actualidad, este círculo se ha reducido a niveles alarmantes en nuestro país, tal y como advierte Mato. “Si se quiere volver a ser un país innovador hay que restaurar ese círculo en donde el sector público incentive la compra pública inteligente de productos innovadores porque, si no hay un sector público que compre estos productos, no hay innovación”, sentencia, a la vez que reclama el incremento de otras políticas como colaboraciones público-privadas o medidas fiscales que permitan que este círculo funcione.

En la misma línea, Emilià Pola, director general del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL),  reclama que “el sector público puede y debe actuar de referente en la compra pública innovadora”. En su opinión, se debe hacer un esfuerzo por comprar empresas innovadoras y pymes y no recurrir siempre a lo más fácil, a las multinacionales. Y más ahora, “en una época en la que las subvenciones, ayudas e incentivos son cada vez más difíciles de conseguir para la industria, una herramienta que, además, no cuesta dinero y puede tener un enorme peso, es utilizar bien la capacidad de compra que tiene el sector y que es uno de los instrumentos que tenemos en nuestra mano y que no estamos utilizando”, añade.

El director general de IDIBELL también llama la atención sobre el gran desequilibrio que existe en este sentido, ya que “no hemos sabido ni hemos conseguido que nuestro conocimiento sanitario tenga un impacto industrial. Ese es un claro desequilibrio de nuestra estructura”. El experto pone como ejemplo el área de los trasplantes: “Somos los mejores, tenemos el conocimiento científico y, sin embargo, más del 95 por ciento de los materiales que se usan en un trasplante no son españoles y están en manos de empresas alemanas o norteamericanas”, critica.

Para Pola, la sanidad española no tiene una base industrial en todo lo relacionado especialmente con el sector de la tecnología sanitaria, lo cual posiciona al país en clara desventaja con el resto de Europa y con EEUU. “Se deben de gestionar bien las ofertas solicitadas para incentivar la compra pública inteligente, estar atentos a los canales que funcionen para escuchar a pequeñas empresas innovadoras que se están generando y que necesitan su primer gran cliente público de referencia”, sostiene.

El papel de las alianzas
Para acortar tiempos y mejorar el éxito de la innovación es fundamental unir a usuarios, sector público e industria, tal y como destaca José María Mato. En este sentido, este profesional pone de relieve el fundamental papel de las alianzas entre sector público y empresas de tecnología, entre empresas de tecnología e industria, y entre industria y usuarios. “En una situación de crisis en el que el mensaje es resistir, es necesario fomentar las alianzas”, sentencia.

Por otro lado, Emilià Pola destaca que, además de incentivar la compra pública de tecnología, se debe ayudar a transformar la investigación en innovación. “Es muy importante que no seamos solo compradores de tecnología porque, además de que así nuestra industria no crece, los productos que compramos lo hacemos con años de retraso, por lo que la innovación llega al paciente tarde”, recuerda. En su opinión, los hospitales del siglo XXI acabarán compitiendo no tanto por su capacidad asistencial, como por su capacidad de cambiar el paradigma, los protocolos y su capacidad de innovación en la asistencia sanitaria. “La innovación llega antes a los hospitales innovadores y esto salva muchas vidas”, concluye.