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La comunidad científica ante los probióticos, prebióticos y simbióticos: qué son y cuáles pueden recomendar los médicos

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..Redacción.
La Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (ISAPP, por sus siglas en inglés) ha actualizado su documento de consenso internacional sobre la definición y el alcance de los simbióticos, publicado en la revista Nature el pasado mes de agosto. Ha sido más de un año de trabajo de un panel compuesto por nutricionistas, fisiólogos y microbiólogos hasta definir una declaración de consenso que profundiza en los niveles de evidencia científica de probióticos y prebióticos y de seguridad, así como en la definición del concepto simbiótico. Son aspectos clave para el tratamiento de enfermedades como el Síndrome del Intestino Irritable, entre otras patologías gastrointestinales. Determinados prebióticos han demostrado cómo mejoran su sintomatología.

Un nuevo documento de consenso internacional profundiza en la definición de simbióticos y en los niveles de evidencia científica de probióticos y prebióticos

Pero, ¿qué son los simbióticos y qué valor tienen en la práctica clínica? La Guía sobre Probióticos y Prebióticos de la Organización Mundial de Gastroenterología (WGO, por sus siglas en inglés), definía en 2017 los simbióticos como combinaciones apropiadas de prebióticos y probióticos “que confieren beneficios para la salud”. El documento de consenso de la ISAPP, va más allá. Actualiza esta definición, que estaba vigente desde hace 25 años, cuando se describió por primera vez el concepto simbiótico. Entienden que no se trata solo de una mezcla de probióticos y prebióticos, ya que no tendría en cuenta la innovación que se aplica a los simbióticos diseñados “para funcionar de manera cooperativa”.

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Así, definen simbiótico como una mezcla que comprende microorganismos vivos y sustratos utilizados selectivamente por los microorganismos presentes en el ser humano y los que vienen de fuera, como los probióticos, y que confieren un beneficio para la salud. Además, definen dos subconjuntos de simbióticos. Uno de ellos son los complementarios, compuestos por un probiótico en combinación con un prebiótico “diseñados para atacar microorganismos autóctonos”.  Señalan que los efectos beneficiosos de un simbiótico sobre la salud deben confirmarse en el hospedador. Puede ser una persona o animal al que se le administra.

El valor del concepto simbiótico en la práctica clínica es su capacidad de modular la microbiota intestinal con la aplicación combinada de probióticos o prebióticos

Su valor en la práctica clínica es su capacidad de modular la composición o la función de la microbiota intestinal, con la aplicación combinada de probióticos o prebióticos, o por separado. Permiten reconducir las alteraciones que pueden provocar en la microbiota cambios en la dieta, el uso de antibióticos y otros factores que llevan a problemas como enfermedades inflamatorias del intestino, entre otras.

Según la WGO, los prebióticos son “sustancias de la dieta, principalmente polisacáridos y oligosacáridos no almidón” que se utilizan como ingredientes en diferentes alimentos. “El huésped no los puede digerir y beneficia la salud del individuo gracias a su influencia positiva sobre los microbios beneficiosos nativos”. Estas sustancias de la dieta, sirven como “fuente de alimento” para los gérmenes comensales del ecosistema intestinal. Así, dan lugar a cambios en la composición o en la actividad de la microbiota intestinal que son beneficiosos. Entre los prebióticos comunes se encuentra la oligofructosa, presente de forma natural en alimentos como el trigo, la cebolla, el ajo o la miel; la inulina, los galacto oligosacáridos y la lactulosa.

Hay diferentes especies de microorganismos vivos que se utilizan como probióticos, como la especie Bifidobacterium

En cambio, los probióticos son microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas tienen beneficio para la salud. Inciden en los mecanismos inmunológicos de la mucosa, lo que hace posible reforzar la barrera intestinal. Mejoran su ecosistema y regulan la inflamación y la respuesta inmunitaria a provocaciones antigénicas, según señala la guía de la WGO. Hay diferentes especies de microorganismos vivos que se utilizan como probióticos, como la especie Bifidobacterium.

Sin embargo, la WGO hace hincapié en que el término probiótico debe reservarse para “los microbios vivos que han demostrado ser beneficiosos para la salud en estudios controlados en humanos”. Para facilitar su identificación, la comunidad científica ha establecido una nomenclatura que las clasifica por género, especie y subespecie. Además, se identifica cada cepa mediante un código alfanumérico.

La WGO señala que probióticos son microbios vivos que han demostrado su beneficio para la salud en estudios controlados en humanos”

Así, las últimas guías de la WGO especifican los criterios exigibles a estos productos, que pueden resultar útiles a los médicos antes de recomendar un probiótico. Deben estar claramente identificados su género y cepa, ha de contener bacterias vivas y administrarse en dosis adecuadas. También tiene que haber demostrado en estudios con humanos que es eficaz y ser tolerables y seguros.

En el caso del tratamiento del síndrome del intestino irritable uno de los probióticos que cumple todos estos requisitos es el Bifidobacterium longum 35624, actualmente denominado B. longum. Los resultados obtenidos en dos ensayos aleatorizados frente a placebo han demostrado que mejora de forma global los síntomas del Síndrome del Intestino Irritable, con una mejoría del dolor y modulando el tránsito intestinal. Además, evidenció un efecto promotor de respuestas inmunorregulatorias en humanos. También actúa en la barrera intestinal, mejorando la calidad del moco y la permeabilidad intestinal.

En el tratamiento del síndrome del intestino irritable uno de los probióticos que cumple todos estos requisitos es el Bifidobacterium longum 35624 o B. longum

Desde el momento en el que un probiótico cumple todas las exigencias definidas por la comunidad científica para considerarlo como tal, se convierte en un tratamiento dentro del arsenal terapéutico con el que cuentan los facultativos para abordar diferentes patologías. Como es el caso del probiótico B. longum para tratar el síndrome del intestino irritable.

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