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En Atención Primaria es esencial tener en cuenta los valores del paciente junto con la formación en bioética

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La Atención Primaria es la puerta de entrada de los ciudadanos al sistema de salud en donde confluyen con frecuencia conflictos éticos entre los profesionales y los pacientes, no por discrepancias en lo que se viene a llamar “hechos”, sino por cuestiones relacionadas con el “valor”, debido a la pluralidad de la sociedad. En este escenario, al profesional sanitario, que necesita gestionar de modo correcto estos conflictos de valor, se le plantean dos retos principales a veces difíciles de cuadrar: buscar la excelencia en su gestión y, al mismo tiempo, hacer un uso responsable de los recursos.

Con el objetivo de aportar una herramienta de utilidad en la gestión de estos valores y conflictos de valor, la Organización Médica Colegial y la Fundación de Ciencias de la Salud, en colaboración con GlaxoSmithKline, han editado la guía “Retos Éticos en Atención Primaria”, que supone la sexta de una serie de guías de ética en la práctica médica que ambas instituciones vienen publicando en los últimos años. Las cinco guías anteriores trataron temas como la intimidad y confidencialidad, la ética en cuidados paliativos, la ética en la objeción de conciencia, la ética de incentivos a profesionales sanitarios y la planificación anticipada de la asistencia médica.

“La formación en bioética juega hoy un papel muy importante en nuestro país y el profesional necesita tener en cuenta los valores si quiere que sus decisiones sean correctas y de calidad”, afirma el profesor Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud y uno de los directores de este libro, junto a Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial.

Pero esa búsqueda de la excelencia supone un doble camino, tal y como se explica en la guía, que requiere una actualización técnica permanente y también de gestión emocional. Lo importante en la actividad profesional no es alcanzar un nivel de excelencia, sino poner los recursos, el interés y la dedicación para ello. Aunque no todo depende del profesional, ya que está inserto en un equipo, en una institución y en una sociedad que le exige el uso responsable de los recursos.

“El uso de los recursos humanos de forma responsable es todo un reto actualmente, ya que los profesionales tienen que buscar lo mejor para sus pacientes y, además, velar cada vez más por la gestión eficiente de recursos, lo cual no es fácil de cuadrar en ciertas situaciones, habida cuenta de la escasez cada vez mayor de recursos y el progresivo coste de las nuevas tecnologías diagnósticas y terapéuticas”, destaca Diego Gracia.

A este respecto, en la guía pueden encontrarse casos desde grupos de profesionales que rechazan la prescripción de determinados fármacos, u otros que tratan el tema de los incentivos no materiales, la prescripción de preparados nutricionales en las residencias de ancianos, el tiempo por consulta, la baja laboral o la ausencia de motivación interna y externa.

La mejor calidad para el paciente, tal y como queda recogido en la guía,  es una propuesta ante todo moral y, después, técnica y personal. Eso sí, todo ello realizado con una estimación de costes asumible por la sociedad. 

Para el presidente de la OMC,  Juan José Rodriguez Sendin, “ejercer la medicina en Atención Primaria es algo más que realizar una labor asistencial pasiva. Es, sobre todo, compromiso con el paciente, con la respuesta más adecuada a los intereses del SNS y con la comunidad y hacerlo desde una perspectiva científica, ética y deontológica, correctas”. 

El liderazgo sanitario en el médico de Atención Primaria,  en momentos clave como el actual, de profunda transformación de los sistemas organizativos asistenciales y socio-sanitarios, se convierte, según Juan José Rodriguez Sendin, en una necesidad. “Se trata –afirma- de la gestión de recursos y del tiempo, de  las derivaciones a otros niveles asistenciales, de mejorar la comunicación en general y con los pacientes en particular, de optimizar la relación entre AP y Especializada, del uso racional de fármacos y otros recursos, del manejo de la incapacidad temporal, en suma, de decidir correctamente sobre las lealtades compartidas con el paciente y con la institución” y señaló que requiere también especial interés “las decisiones en torno a la medicina preventiva y las relaciones con las gerencias de centro y de área”.

Otros retos importantes
La guía también recoge otros tres retos importantes que se le presentan al profesional de Atención Primaria en su día a día: el reto de la medicina centrada en el paciente, el reto de la atención a las familias y al entorno psicosocial y el reto de la educación sanitaria.

Respecto al segundo, destacan aquellos conflictos provocados por diferencias culturales, como la mutilación genital femenina, el rechazo de vacunaciones, la atención a pacientes con alta dependencia o el menor que solicita medidas de planificación familiar. Todas estas situaciones exigen del profesional amplitud de miras, claridad en sus propios límites morales, para no caer en la comodidad de “hacer lo mínimo que me pide el paciente”, que conduce irremediablemente a la mediocridad y aleja de la excelencia.

39 casos paradigmáticos
La guía recoge un total de 39 casos paradigmáticos con sus posibles soluciones, que si bien no pretenden ser una colección de recetas para casos conflictivos, sino contribuir a la formación en el manejo de conflictos éticos en el área de Atención Primaria. Para resolverlos, los autores han utilizado el método de deliberación, que tiene por objetivo la toma de decisiones prudentes o razonables. Es decir, se intenta enriquecer el análisis a fin de incrementar la prudencia. El procedimiento de análisis de los conflictos éticos sigue el siguiente esquema: presentación del caso, aclaración de los hechos, identificación de los valores, análisis de los cursos de acción posibles, identificación del curso óptimo y, por último, comparación en el marco jurídico pertinente al caso.

Según se especifica en la guía, los profesionales de esta área, que hoy suele ser un equipo multidisciplinar operando desde un centro de salud en el que intervienen desde el enfermero, al psicólogo clínico o pediatría, deben tener las siguientes cualidades: capacidad para el trabajo en equipo, humildad, reconocimiento de los errores o insuficiencias en la propia formación, habilidades o actitudes adecuadas, y un espíritu abierto al aprendizaje y a la renovación permanente.