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El baile es un ejercicio físico completo y motivante para personas mayores

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“El baile es uno de los ejercicios físicos más completos y motivantes para las personas mayores por lo que, siempre que sean capaces de realizarlo, es aconsejable que lo practiquen”. Ésta es una de las conclusiones que ha realizado Icíar Martínez, fisioterapeuta del grupo sociosanitario Igurco (Grupo IMQ), con motivo de su conferencia ‘Ejercicio físico para un envejecimiento saludable’, celebrada en Bilbao. 

Entre otros aspectos, la experta ha señalado que “el baile no es percibido como una obligación, al contrario que muchos de los ejercicios para favorecer la movilidad que se prescriben a las personas mayores, por lo que su disposición para hacerlos es mejor. Su realización en grupo y el aspecto lúdico inherente al baile provocan que los mayores realicen finalmente más ejercicio del que hubieran realizado de otro modo”.

La fisioterapeuta ha valorado positivamente que “bailar, para aquellas personas mayores que son capaces de hacerlo, es una actividad en la que se combinan distintos aspectos positivos, como son el trabajo del equilibrio, la movilización de las extremidades superiores e inferiores, la coordinación de la música con el movimiento corporal, y la afectividad, ya que normalmente se realiza en grupo”. 

La charla de Icíar Martínez se ha realizado en el Auditorio de la Clínica Zorrotzaurre Bilbao, dentro del marco de la quinta edición del Programa de Formación IMQ Ayuda, organizado por este servicio en colaboración con el Grupo Sociosanitario Igurco (Grupo IMQ). La temática de este ciclo se orienta hacia un envejecimiento activo y saludable.

Ejercicios para la prevención de síndromes geriátricos
La experta ha puesto de relieve, ante el público asistente, la existencia de diversos ejercicios que pueden ayudar favorablemente a la prevención y tratamiento de diversos síndromes geriátricos, entre los que ha señalado “las caídas, la inmovilidad y la incontinencia urinaria”.

Con respecto a las caídas, ha aconsejado, para aquellas personas con capacidad de andar, “pasear todos los días una media hora seguida, a buena marcha, por superficies lisas y, si la persona mayor es capaz, subir y bajar cuestas y escaleras. Además, se pueden realizar ejercicios para la mejora del equilibrio, consistentes en, situados con los pies juntos, de pie, junto a una barra a la que asirse, mantener el equilibrio; o, asido a un apoyo, levantar ligeramente una pierna, como si estuviera haciendo una marcha militar; también se favorece el equilibrio lanzando al mayor una pelota ligera, de modo que la tenga que coger”.

En cuanto a la inmovilidad, “dependiendo del paciente, se pueden hacer movilizaciones autónomas de las distintas partes del cuerpo, primero sin resistencia y luego con resistencia, de modo que aumente la fuerza muscular y pueda pasar de la cama a la bipedestación, y, de ahí, a la marcha”. 

También se ha referido la fisioterapeuta a la incontinencia urinaria, para la que ha señalado distintos tipos de ejercicios de suelo pélvico, incluyendo los de Kegel, “que son capaces de mejorar la función de los músculos de la zona pélvica y actuar como un método preventivo eficaz”.

También ha expuesto ejemplos en la charla de ejercicios adecuados a personas con determinadas patologías y otros destinados a mejorar determinadas funciones como la cardiovascular y la respiratoria, entre otros. De igual modo, ha señalado diversos aspectos relacionados con la higiene postural, tanto del mayor, como de los cuidadores, “ya que en muchas ocasiones deben hacer movilizaciones con bastante peso”.

Resistencia, fortaleza, equilibrio y elasticidad
La fisioterapeuta ha incidido en la importancia de que las personas mayores, dentro de sus circunstancias y posibilidades, y siempre bajo la supervisión de un profesional sanitario especializado en geriatría, realicen diariamente o casi diariamente ejercicios enfocados a mejorar cuatro aspectos clave del físico de la persona: “la resistencia (trabajando los aspectos cardiovasculares y respiratorios); la fortaleza de los músculos, que dan seguridad y fortaleza al cuerpo de la persona mayor; equilibrio, que previene caídas y se puede trabajar de múltiples formas; y, por último, la elasticidad, que permitirá a la persona mayor desempeñar con mayor facilidad muchas de las tareas habituales de la vida diaria, como vestirse, atarse los zapatos, agacharse a recoger algo del suelo, etcétera”.