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Al combatir el envejecimiento se lucha también contra el cáncer

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Lola Granada
El volumen 19 del número de junio  de 2011 de la prestigiosa revista  científica  “Cancer Cell”, en sus páginas 728 a 739 publica un resumen de una investigación realizada en el CNIO, Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, bajo la dirección de los científicos españoles Carmen Guerra y Mariano Barbacid, en colaboración con el grupo que dirigen Manuel Serrano y Manuel Rodríguez-Justo del Hospital Universitario de la Universidad de Londres.

El trabajo ofrece dos conclusiones que podrían resultar relevantes para la prevención del adenocarcinoma ductal de páncreas. Uno de los tumores con peor pronóstico y menor  índice de supervivencias:

  • Ataques esporádicos de pancreatitis, incluso a nivel subclínico, contribuyen al desarrollo del cáncer de páncreas al inhibir la senescencia celular a través de procesos inflamatorios

Además, un estudio retrospectivo con biopsias de pacientes con pancreatitis sugiere:

  • El tratamiento de pacientes con anti-inflamatorios durante procesos de pancreatitis puede reducir el riesgo de desarrollar cáncer de páncreas.

El trabajo aporta datos relevantes sobre la relación entre la presencia de mutaciones en el oncogén K-Ras. La pancreatitis esporádica –no crónica- y el riesgo de sufrir un adenocarcinoma ductal de páncreas.

Este artículo acaba de ser seleccionado y difundido por el “FACULTY OF 1000”, con un rating excepcional de 10. La Faculty of 1000 es la base de datos que selecciona los artículos más interesantes en base a la evaluación de más de 10.000 científicos en todas las disciplinas.

En el trabajo han participado también los doctores Carlos López-Otín, de la Universidad de Oviedo, María Blasco y Manuel Serrano del CNIO y Linda Partridge, del Instituto Max Planck y Guido Kroemer de la Universidad Descartes de París, quienes en otro trabajo han  explicado que los defectos que acumulan los genes a lo largo del tiempo, por causas externas e internas, son una de las causas primarias del envejecimiento y también de la aparición de tumores, salvo en los de carácter familiar. El envejecimiento resulta de la acumulación de daño en el ADN a lo largo de la vida, siendo también ese proceso el que origina el cáncer, la diabetes, las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y los problemas cardiovasculares. De esta forma, el cáncer y el envejecimiento pueden compartir un origen común dado que son  dos manifestaciones diferentes del mismo proceso, según asegura la doctora María Blasco, del CNIO.

Un nuevo estudio, publicado también en dicha publicación científica afirma que al combatir el envejecimiento se lucha también contra el cáncer, así como aquellas enfermedades que tienen una mayor incidencia en el mundo desarrollado, rebatiendo, además el mito de que los antioxidantes  rejuvenecen y revisan otras propiedades que se le atribuyen.
Vivir el doble de tiempo y sano en algunas especies depende solo de unos pocos genes. Cuando esto fue descubierto en los gusanos hace solo unas décadas, es cuando puede decirse que comenzó la hora dorada para el estudio del envejecimiento, que ha proporcionado muy buenos resultados pero, a la vez, bastante confusión.

De ahí el mérito de “Cell” al dar a conocer unos resultados exhaustivos sobre esta cuestión, con la idea de ordenarlos y, a la vez, servir de orientación para futuras investigaciones. En ella, por primera vez, se definen todos los indicadores moleculares del envejecimiento de los mamíferos, con las nueve fases que marcan el avance de dicho proceso. El estudio está inspirado en otro trabajo clásico publicado por la citada publicación en el año 2000, “The Halmarks of Cancer”, que marcó el antes y el después en la investigación de esta enfermedad.

La actual situación del estudio del envejecimiento se encuentra en la misma situación que la que hace décadas se encontraba el estudio del cáncer. Es natural que en el tema del envejecimiento haya todavía más teorías que evidencias experimentales, afirma el Dr. Blasco quien añade también “Esta revisión no  habla de teorías sino de evidencias moleculares y genéticas”. Para López-Otín “ha llegado el momento de presentar de forma organizada y comprensible el tema de las claves moleculares de un proceso todavía bastante incomprendido, pese a los muchos  artículos científicos que sobre este tema han venido apareciendo últimamente”.

Como conclusiones más importantes que pueden deducirse tras el minucioso examen de los  trabajos relacionados al envejecimiento, “no se trata de no tener arrugas ni de vivir cien años a cualquier precio sino de prolongar la vida, pero sin enfermedades”.

Otro de los éxitos de dicho trabajo es que no solo define los citados nueve indicadores moleculares que definen el envejecimiento sino la división que de ellos hace. Los ordena en primarios –la causa desencadenante- y aquellos que conforman  la respuesta de nuestro organismo a esas causas, así como  los fallos funcionales resultantes.

Para los expertos esta jerarquía es importante porque el efecto que se consigue actuando sobre un determinado tipo de proceso u otro es diferente, incidiendo sobre un único mecanismo, porque si es de los primarios, es posible retrasar el envejecimiento de muchos órganos y tejidos. 

Las cuatro causas primarias del envejecimiento: la inestabilidad genómica, el acortamiento de los telómeros, las alteraciones epigenéticas y la pérdida de la proteostasis.
La inestabilidad genómica se refiere a los defectos que se van acumulando en los genes con el paso del tiempo, por causas intrínsecas o extrínsecas. El acortamiento de los telómetros –los capuchones que protegen  los extremos de los cromosomas- es uno de estos defectos, pero su importancia es tal que se destaca  como contraste independiente. Las alteraciones epigenéticas resultan de la experiencia vital –la exposición al ambiente-.

 Las respuestas del organismo a las causas desencadenantes son mecanismos de defensa que intentan corregir los daños pero que si se cronifican o exacerban, se vuelven dañinos también, es el caso de la senescencia celular, que induce a la célula a dejar de dividirse cuando acumula muchos defectos y así previene el cáncer, pero si se dan en exceso, los tejidos y el organismo envejecen.

Tienen también este doble peligro otros dos procesos muy  pendientes en las discusiones sobre las teorías del envejecimiento: el llamado daño oxidativo, relacionado con los famosos radicales libres y mecanismos derivados  del metabolismo, relacionados a su vez con Las evidencias – no confirmadas aún  en los humanos- de que la restricción calórica  prolonga la vida.

Todas estas consideraciones confirman que la realidad es mucho más compleja que tomar simplemente antioxidantes y dejar de comer para vivir más. Los radicales libres pueden ser dañinos en grandes cantidades, pero su presencia también favorece una respuesta protectora.

Los autores del trabajo son contundentes  cuando hablan de los antioxidantes:  no hay evidencia genética  de que aumentar su ingesta pueda retrasar la aparición del envejecimiento. Y sí es cierto que ante la escasez de nutrientes, el propio organismo pone en marcha estrategias protectoras, por lo que se presume que la restricción calórica parezca dar resultado, con el tiempo y el exceso pueden resultar patológicas, afirman.

El tercer grupo de indicadores emerge cuando los daños causados por los dos precedentes no pueden ser compensados. Es el caso del agotamiento de las células madre de los tejidos que dejan de ejercer su función regeneradora o de los errores en la comunicación intercelular, que dan lugar, por ejemplo, a la inflamación. Un proceso que cuando ocurre de forma crónica se asocia al cáncer.

¿Cuáles deben ser las estrategias a seguir para frenar el envejecimiento? Para los autores del trabajo, uno de los retos es entender  las conexiones entre todos los “hallmarks” y, por supuesto, investigar la forma de controlar estos procesos.

En este sentido, según ellos, una de las estrategias ya probadas con éxito en ratones es evitar el acortamiento de los telómeros. Es un proceso que se puede frenar e, incluso, revertir en estos animales, afirma la doctora Blasco, experta en este área que, además, cree que “aún hay mucho margen de maniobra para poder combatir el envejecimiento y lograr vivir más años de forma saludable-. Lo importante es poder vivir una vida alejada, lo más posible de las  enfermedades, como ya se ha indicado anteriormente.