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La crisis económica está frenando la implantación de nuevos tratamientos en la cardiología intervencionista

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En el marco de la XXIV Reunión Anual de la sección de Hemodinámica y Cardiología Intervencionista de la Sociedad Española de Cardiología se ha puesto de manifiesto una disminución en la implantación de nuevos tratamientos en el campo de la cardiología intervencionista. “Según los datos del Registro TAVI, por primera vez en España se ha reducido las intervenciones TAVI realizadas durante el último año. Durante el 2011 se realizaron un total de 776 implantes de válvulas, mientras que durante el 2012 la cifra total en el Registro ha sido de 550”, y dice el Dr. Bruno Garcia, vocal de esta sección de la sociedad Española de Cardiología. Pero añade que “por otro lado, se han realizado un total de 65.900 angioplastias, una cifra que se mantiene gracias al incremento de intervenciones urgentes, pero en realidad se han realizado 1.000 angioplastias menos en pacientes estables”.

La TAVI se implanta a los pacientes que padecen estenosis aórtica severa y que no pueden ser intervenidos mediante la cirugía convencional por ser considerados de alto riesgo o, directamente, inoperables. En este sentido el Dr. Ramiro Trillo subraya que, “se trata de una situación que afecta al 30% de los pacientes y, aun así, al final del año aproximadamente solo el 7% reciben una TAVI, mientras que en Alemania el porcentaje de penetración es del 26%”.

“Aproximadamente la mitad del 23% restante se queda sin implantación valvular (como máximo recibirán una valvuloplastia paliativa) y su pronóstico será el mismo que el de libre evolución natural, con una esperanza de vida media de entre seis meses y dos años, mientras que, con la TAVI, la supervivencia después de cinco años es del 65-70%”, señala el Dr. García.

La estenosis aórtica es la enfermedad de válvula aórtica más común en los países desarrollados y afecta cerca del 5,5% de las personas mayores de 75 años. Se trata de una valvulopatía que se caracteriza por un estrechamiento anormal del orificio de la válvula aórtica del corazón, lo que dificulta la circulación de la sangre del corazón hacia la aorta, pudiendo dar lugar a síntomas graves de angina de pecho, arritmia, insuficiencia cardiaca, hipertrofia, o incluso un infarto.

Ante esta situación, se hace necesario realizar un reemplazo quirúrgico de la válvula aórtica a corazón abierto, ya que, si no se realiza la intervención, la supervivencia de los pacientes tras tres años del diagnóstico de la enfermedad es de menos de un 30%.