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La sanidad precisa de un uso responsable

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Lola Granada
El Informe sobre la Sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud elaborado por el Consejo Asesor del Ministerio de Sanidad detalla de manera amplia que en muchos casos se ha convertido casi en una costumbre por parte de algunos pacientes de, más que usar, abusar de la utilización de los recursos sanitarios.

Es una llamada de atención que el Informe hace para fomentar por parte de todos el uso responsable de los recursos sanitarios. Es un concepto básico para su propia sostenibilidad.

Conviene recordar a este respecto que el concepto de sostenibilidad fue introducido en el “Informe Brundtland” (ONU, 1987)  bajo una premisa fundamental “cubrir las necesidades de la generación actual sin comprometer necesidades de futuras generaciones, procurando equilibrar en todo momento tres factores básicos: social, económico y medioambiental.

Para valorar en qué medida se está respetando esta premisa, resulta de interés recordar que, según el Barómetro Sanitario de 2011 –ultimo publicado en septiembre de 2012, el 41,2% de los encuestados piensa que con frecuencia se utiliza innecesariamente y, el 29%, que existe mucho abuso.

Ello lleva a pensar que, en este orden de cosas, hay todavía mucho por hacer. Una de las más importantes es disponer de una cartera básica de servicios, preferiblemente en el marco e un Pacto de Estado por la Sanidad.

En la configuración  del sistema sanitario público y en el uso del mismo deberían estar siempre presentes principios éticos, más allá de meras razones económicas vinculadas a la crisis, pero combinando siempre equidad en el acceso y eficiencia y funcionamiento de la asistencia sanitaria.

Una de las medidas necesarias para reducir el gasto sanitario es hacer cuanto sea preciso para sensibilizar y motivar a los ciudadanos, desde la escuela y desde los medios de comunicación, así como fomentar su implicación en la gobernanza del sistema sanitario. Sería así como tomarían conciencia los pacientes de sus deberes y de su responsabilidad en el uso de los recursos. Sobre este aspecto debería incidir convenientemente el deseable Pacto de Estado por la Sanidad.

Déficit en educación sanitaria y en políticas de Salud Pública.
Una educación planificada desde el nivel infantil y a lo largo del nivel educativo obligatorio, así como contenidos y criterios estables a largo plazo (entiéndase por ello, con impacto en sucesivas generaciones) es la clave de la bóveda para generar una  arraigada “cultura sanitaria” que mantenga niveles de concienciación solidarios y coherentes, promoviendo la adopción tanto de comportamientos responsables como de actitudes exigentes,  sin margen de tolerancia social para situaciones de abuso, ni para argumentaciones demagógicas. Ambas circunstancias solo encuentran cobijo en la desinformación. 

Debe procurarse una política de información, constante y coordinada en los medios de comunicación (de toda naturaleza, tanto de soporte audiovisual, escrito, internet, etc., et., ya sean de titularidad pública o privada) sobre la Salud Pública. Es necesaria e imprescindible para mantener sensibilizada a la opinión ciudadana y firmes los hábitos saludables adquiridos, indicando de forma recurrente el concepto de “corresponsabilidad de los ciudadanos en su propia salud”, así como con los recursos ofertados para mantenerla y mejorarla que nos lleven, en caso de enfermedad, a afrontarla con los mejores medios de prevención, diagnóstico y tratamiento, potenciando el aprendizaje de una equilibrada autogestión en los pacientes crónicos.