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López Cortijo: “Reforma de la sanidad pública: una oportunidad perdida… detrás de otra”

Muchos de los que formamos parte de AMYTS en la actualidad tuvimos el primer contacto político con las más altas autoridades de la Comunidad de Madrid allá por Marzo de 2003. Doña Esperanza Aguirre, a la sazón nuevamente candidata a la presidencia tras una legislatura que finalizó con las transferencias sanitarias recién otorgadas, nos visitó en la Mesa de Hospitales del ICOMEM para ilustrarnos de sus logros y pedir el voto a los médicos.

Vino acompañada de Ignacio Echaniz, entonces Consejero de Sanidad, y aún recuerdo sus frases campechanas ante nuestras quejas : “…Iñaki hay que resolver esto, no puede ser que los médicos no tengan poder de decisión en sus hospitales…, tenemos que cambiar el organigrama de los hospitales para devolver el protagonismo al médico”, “¿Cómo que el Director Médico no manda más que el Director de Enfermería? Esto es un sin sentido… “.

Durante aquella charla le expusimos cómo la LOSCAM y las flamantes transferencias eran una oportunidad para reestructurar y vertebrar el Sistema Sanitario Público Madrileño, unificarlo, modernizarlo, dar responsabilidad y protagonismo a los profesionales sanitarios, motivarles, planificar adecuadamente la Atención Primaria… En aquel momento los gestores sanitarios hablaban de aumentar considerablemente el número de Centros de Salud y adecuar las plantillas de los Hospitales a la demanda real de la población de Madrid, que no dejaba de crecer. El presupuesto a disposición de los políticos era de 700.000 millones de pesetas (unos 4.200 millones de Euros actuales). Teníamos delante de nosotros la oportunidad de, uniendo el Servicio Regional de Salud y lo heredado del INSALUD, construir esa Red Sanitaria Única de Utilidad Pública que podía constituir el mejor servicio sanitario público de España.

Salimos de la reunión esperanzados (nunca mejor dicho), y muchos médicos pusieron su confianza electoral en el PP, que a la postre ganó las elecciones en Junio gracias al “tamayazo”. Pero el gobierno madrileño del PP no quiso escuchar nuestras propuestas de reforma , mejora y motivación. En vez de trabajar en el sistema público de una forma reflexiva se disparó con propuestas meramente electorales: construir 7 nuevos hospitales (“Voy a poner un especialista en la puerta de cada madrileño”), promesa de lista de espera quirúrgica inferior al mes (“S algún madrileño espera más de un mes para operarse dimitiré como Presidenta”), construir hospitales de camas individuales y con gestión externalizada de lo no sanitario, construir un Centro de Salud por cada 10.000 habitantes (por cierto, la única promesa racional y que nunca se cumplió).

Como se ve, pudieron más los cantos de sirena de sus asesores sanitarios (en aquel momento ya era Consejero de Sanidad J.J. Güemes), que buscaban el rédito electoral a corto plazo por encima de los verdaderos intereses del Sistema Sanitario. El “tamayazo” les había asustado y querían ganar las elecciones de 2007; y lo consiguieron, todos los votos de las localidades periféricas en Madrid donde se inauguraron centros sanitarios cambiaron su color y beneficiaron al PP.

Ellos habían conseguido su objetivo, como políticos de partido habían cumplido, pero se perdió una oportunidad de hacer no solo sostenible, sino además envidiable el Sistema Sanitario Público de Madrid. Este rumbo llevó a la Sanidad Madrileña a una legislatura en la que, con una clara mayoría absoluta, nuestros gobernantes presumían del sistema sanitario madrileño en todas las ocasiones en que les era posible. Era su enseña electoral, pero no se daban cuenta de que habían puesto en marcha unas medidas que, aunque muy rentables desde el punto electoral, iban a significar el peligro de la sostenibilidad económica del sistema.

Ya desde 2008 comenzó en España la crisis económica, con problemas de financiación pública que se acrecentaban año a año. En el año 2010 se aplazan los pagos a las concesionarias privadas de los nuevos hospitales y a los proveedores sanitarios, y se guardan facturas en los cajones. Esperanza Aguirre presume de que Madrid es la única Comunidad que mantiene un déficit público controlado y, simultáneamente, comienza a bajar el sueldo a los profesionales: se congela la carrera profesional, se incumplen pactos firmes previos en aras del mal estado de la economía… Pero llega en el 2011 un decreto del Gobierno central que obliga a pagar a los proveedores y las facturas afloran, con lo que en Madrid el déficit público se duplica y, de repente, ya no cumplimos con lo estipulado. En el Gobierno de Madrid se reclama contra un sistema de financiación del Estado que consideran injusto. En el año 2012 y siempre dentro de este estado de precariedad presupuestaria, se sigue bajando el sueldo de los empleados públicos de forma manifiesta y el de los médicos por encima de cualquier otro: la media de pérdida adquisitiva desde 2007 es de cerca del 30 %.

Pero existe una parcela privilegiada para la que no hay crisis , ni restricciones presupuestarias: los conciertos asistenciales con entidades privadas. A lo largo de 2012 se aumenta un 20 % el canon a las concesionarias, bajo la supuesta excusa de obras realizadas no presupuestadas. El presupuesto sanitario de ese año aumenta en un 0,02 %, pero la parte que corresponde a la gestión sanitaria privada aumenta mucho más, por lo que se comienza a producir, de hecho, la descapitalización de la asistencia sanitaria pública. En el presupuesto de 2013, se incluye un Plan de Sostenibilidad para evitar el colapso presupuestario sanitario ante la disyuntiva de cerrar 6 hospitales o de no pagar las nóminas en Junio; frente a esta situación, se presenta como alternativa la Privatización de las Gestión Sanitaria de 6 de los hospitales inaugurados en 2007 y de un gran número de Centros de Salud.

Y aquí llegó la segunda oportunidad . Todo el Sistema Sanitario y gran parte de la sociedad se movilizan en contra de este fatuo destino, se organizan huelgas, algaradas callejeras, campañas de prensa… Sí, pero al mismo tiempo los médicos en los distintos foros nos ponemos a trabajar y a reflexionar sobre alternativas al Plan de Sostenibilidad que eviten la Privatización de gran parte de nuestro Sistema Sanitario Público, no porque los médicos estemos en contra de la gestión privada, sino porque entendemos que tal como lo plantea el Gobierno este cambio de gestión es un sinsentido, no tiene mecanismos de control real de la calidad asistencial, no se basa en estudios que lo refrenden y pone en gran peligro el sistema en un futuro inmediato.
Desde instituciones profesionales de todo tipo, AMYTS entre otras, se presentan planes de reforma y ahorro. Es un momento perfecto, todos somos conscientes de la situación económica; el médico no va a pedir dinero, solo organización racional de su trabajo; los hospitales que se quieren privatizar y todos los demás pueden realizar un gran esfuerzo de ahorro y racionalización de su trabajo. Tenemos los brazos remangados para ponernos a trabajar más intensamente si cabe, a buscar cada uno en nuestra consulta, planta o quirófano donde reducir el gasto, pero siempre dentro de un sistema de gestión pública, que no tenga más intereses que los puramente asistenciales dentro de los presupuestos otorgados: los profesionales sanitarios conocemos nuestro trabajo y somos capaces de sacar adelante el sistema a pesar de la crisis económica.

Pero otra vez los políticos, desde su torre de marfil electoral, se sienten omnipotentes y, haciendo caso omiso a toda esta oferta, optan por la opción más cortoplacista: “que me solucione el problema la empresa privada, y yo ya le pagaré como pueda, cuando las cosas vengan mejor dadas”. Una opción que les permite cuadrar el presupuesto en los próximos 2 años , justo antes de las próximas elecciones, pero que deja el futuro del Sistema Sanitario al albur de demasiadas variables.

Incluso obviando intereses particulares que alguien pudiera tener, lo que se está proponiendo en Madrid con la privatización de 6 hospitales y de un número indeterminado de Centros de Salud constituirá un gran fiasco, porque esto ya se ha hecho antes en España y en el extranjero y siempre ha acabado igual, con un aumento progresivo de los costes que ha obligado a la Administración a suspender el concierto y retomar la gestión, o a incrementar de forma creciente sus aportaciones sin límite conocido. Ese es el futuro que nos espera a los madrileños en pocos años, y todo porque la Administración se muestra prepotente y hace oídos sordos a las soluciones que le plantean los profesionales, perdiendo así la oportunidad de dar una solución sólida a los problemas.

Me temo que ésta no será la última oportunidad perdida.

..Dr. Cristobal López-Cortijo Gómez de Salazar. Vicepresidente de AMYTS

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