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El Tribunal Supremo condena a un médico a indemnizar con 50.000 euros a una niña por los daños renales causados

El Tribunal Supremo (TS) ha condenado a un médico de Cantabria a indemnizar con 50.000 euros a una niña por las lesiones derivadas de una “deficiente” atención cuando por entonces apenas tenía pocos meses de edad tras sufrir una infección de orina, y que le han ocasionado una disminución de tamaño en el riñón izquierdo, cálculos y una disfunción renal del 17%.

Así se desprende la sentencia de la Sala de lo Contencioso del TS, que según informa Europa Press, estima en parte el recurso interpuesto por las padres de la niña nacida en 2006, contra una resolución del Ministerio de Defensa que rechazaba llevar la indemnización a la menor y a sus padres, beneficiarios del régimen de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas.

200.000 euros era la cantidad a indemnizar que los padres solicitaban, cifra que el Alto Tribunal considera “excesiva y desproporcionada”, ya que entre otras cosas no se puede determinar de manera precisa que hubiera pasado de haberse efectuado antes el mejor tratamiento. Por eso, considera que los 50.000 euros que el médico debe abonar a la niña y por ende a sus progenitores, el Igualatorio Médico Colegial de Seguros y el Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS), es una cantidad “proporcionada y adecuada a la reparación del daño”.

De acuerdo con el fallo, en julio de 2006 la niña fue atendida en el servicio de Urgencias de la Clínica Mompía al presentar un cuadro de fiebre e infección de orina. Tras realizarle un cultivo fue tratado con antibióticos, un tratamiento que de nuevo recibió al padecer los mismos síntomas en agosto.

Una vez que finalizó el tratamiento a mediados del mes de agosto, los padres regresaron a la consulta, pero el médico “no mostró interés” por el desarrollo de la infección ni tampoco realizó cultivo alguno, una actitud y praxis que volvió a tener en sucesivas visitas que hicieron “repetidamente” hasta abril de 2007.

En mayo y junio del mismo año se realizaron sendos cultivos de orina a raíz de los cuales a la niña se le mandó un tratamiento antibiótico que 20 días después fue cambiado debido a la “mala evolución” que la niña presentaba, y de nuevo en julio al persistir la infección.

En octubre, al continuar la infección, le realizaron una ecografía que junto a otras pruebas que le hicieron posteriormente mostraron la pérdida de tamaño del riñón izquierdo, como también la aparición de cálculos y la disfunción renal, que a día de hoy está pendiente de evolución para determinar si precisa o no extirpar dicho órgano.

El fallo señala que “las secuelas que padece la niña demuestra que no se cumplió el objetivo de prevenir el daño renal”, además de indicar que la actuación médica dejó “larvada” o “adormecida” la infección, a pesar de que la niña seguía teniendo fiebre. Así, en función a los peritos judiciales, las dos primeras visitas médicas se pueden catalogar de “correctas”, pero en las siguientes se debería haber realizado una analítica de control para comprobar la evolución de la infección y por tanto prevenir de esta manera el daño renal.

El Supremo indica que la “obligación” de un profesional de la medicina es “de medios y no de resultados”, es decir, que tiene que prestar la asistencia médica adecuada y no garantizar en todo caso la curación del enfermo. Con todo ello, el Supremo entiende que hubo mala praxis del médico por la “tardanza” en verificar el carácter y la dimensión de la infección, una demora que de haberse reducido hubiera evitado la afección renal. Por ello, la condena al médico para que indemnice junto con el Igualatorio Médico y el ISFAS con 50.000 euros a la niña, es considerada “proporcionada y adecuada para la reparación del daño”.
..Emilio Ramirez