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Siete de cada diez hombres con cáncer de próstata son diagnosticados en fase precoz

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El cáncer de próstata es la enfermedad neoplásica más frecuente en el varón en todos los países del mundo y está relacionada con el deterioro progresivo de la glándula prostática que se produce por el envejecimiento natural de la misma. Por eso la mayor incidencia de este tipo de cáncer se produce a partir de los setenta años.

El cáncer de próstata es un tumor hormono sensible ya que para su crecimiento dependen directamente del estímulo androgénico, es decir la testosterona y otros andrógenos que favorecen su crecimiento. “De hecho –puntualiza el especialista del Grupo IMO- una de las alternativas terapéuticas tradicionales en cáncer de próstata metástasico o avanzado es la castración química que permitirá reducir los niveles de testoterona a cero sin necesidad de llevar a cabo una extirpación quirúrgica los de los testículos del paciente. Desde hace años se vienen desarrollando agentes antiandrógenos que evitan el estímulo hromonal. El tratamiento clásico en estas fases avanzadas es la asociación de dos tipos de fármacos: agonistas de LHRH y y los antiandrógenos”, considera el Dr. José Luis González Larriba, director del área de Oncología Médica del Grupo IMO.

El 80 ó 90% de los pacientes con cáncer de próstata se diagnostican en fase localizada o localmente avanzado y, por tanto, son susceptibles de tratamiento quirúrgico y/o radioterápico. “Desgraciadamente hay un 10 – 15% de éstos que recaerán, y junto con otro 10 – 15% que se presentan de entrada con enfermedad metastásica, son los que podemos decir que tienen un cáncer de próstata avanzado o metastásico. Cuando un paciente tiene una enfermedad no localizada, sabemos que va a pasar por una fase inicial de hormonosensibilidad y, por tanto, va a ser susceptible de recibir una combinación de antiandrógenos y castración química con agonistas de LHRH, aunque puede suceder que tras dos o tres años la enfermedad va a progresar y el tumor vuelve a hacerse resistentes a la castración”, concluye.

Pero en estos pacientes también hay motivos para la esperanza porque en los últimos años se han desarrollado nuevas terapias con muy buenas perspectivas. “En concreto, son dos nuevos tratamientos hormonales (abiraterona y enzalutamida), la utilización de un radiofármaco (alpharadin) y la aplicación de dos nuevos agentes quimioterápicos muy activos (docetaxel y cabazitaxel). La combinación de estos fármacos producen un beneficio importante en este grupo de pacientes ya que se reducen los niveles del PSA, a la vez que aportan un alivio sintomático e incluso pueden aumentar la supervivencia en ocasiones en tres o cuatro años”, afirma este especialista.

Incidencia de este tipo de cáncer
Alrededor del 70% de los casos se detectan cuando el tumor no se ha extendido a otras zonas del organismo y en estos casos gracias a los avances tecnológicos y a los procedimientos quirúrgicos se logra curar a cerca del 90% de los pacientes. “En un determinado grupo de pacientes con tumores localizados se pueden aplicar tratamientos combinados de hormonoterapia y radioterapia. Sabemos que la evolución natural de este tumor suele ser muy lenta en un gran número de casos, y que las personas mayores que lo padecen pueden fallecer por otras enfermedades”.

Para determinados casos de pacientes localizados y dentro del abordaje multidisciplinar para tratar el cáncer de próstata, el Grupo IMO dispone de tratamientos de Radiocirugía y de la aplicación de Braquiterapia de Alta Tasa. Este tipo de tratamientos permiten a estos pacientes superar esta enfermedad sin tener apenas efectos secundarios como la disfunción eréctil o la incontinencia urinaria.

Revisiones periódicas la mejor fórmula para el diagnóstico precoz
Los expertos insisten en que el diagnóstico precoz es la mejor herramienta para seguir avanzando en la curación de este tipo de tumores, por lo que es aconsejable acudir al especialista cuando se observan algunos síntomas que en muchos casos coinciden con una hiperplasia de próstata benigna, pero será el urólogo el que aconseje o no realizar pruebas complementarias. “Entre los signos de alarma o síntomas más frecuentes están el aumento en la frecuencia de la micción, infecciones de orina frecuentes, disminución en la fuerza de la expulsión de la orina y aparición de molestias al orinar principalmente. Aunque se trata de una enfermedad provocada por el deterioro natural de la glándula prostática con la edad, sí puede ser aconsejable a los varones cuyo padre haya tenido cáncer de próstata antes de los sesenta años, o tengan hermanos con esa patología, que consulten con el especialista”, afirma el Dr. González Larriba.