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¿Mérito y capacidad para acceder a los cargos públicos…?

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Ya hasta los Jefes de Servicio deciden quien no debe presentarse a una plaza porque no tiene nada que hacer…

Lo sucedido en Valencia, sucede, desde hace mucho tiempo en multitud de sitios hace bastante tiempo en las administraciones, sanitarias y no sanitarias. Desde que la política se ha introducido en todos los engranajes de los organismos y corporaciones de la estructura administrativa, ha putrefactado los principios básicos de sus función y fin, que en resumidas cuentas es el servicio público, eficaz, efectivo y eficiente en su ámbito de ejercicio y aplicación. Antaño los jóvenes deseaban ser funcionarios o empleados públicos en proporción de 1 a 3, uno de cada tres jóvenes españoles, según informe de la consultora PeopleMatters, o a la mitad de los estudiantes universitarios, aspiraban a lo mismo, según otro informe de la Asociación de Trabajadores Autónomos. Estabilidad laboral, garantía salarial, pagas extras, horario fijo, condiciones de trabajo favorables, y más características todas relacionadas con calidad y seguridad de vida

Pero se topan con la realidad más cruda, no se convocan oposiciones, pero sí se hacen administraciones paralelas con meritorios personajes cuyo único esfuerzo ha sido salvo honrosas excepciones, chupar rueda y aguantar su indigencia intelectual intacto hasta que le tocase su turno, con la actitud de servilismo y obediencia.

Esforzarse en prepararse, realizar un gasto extra, hipotecar incluso a la familia por un curriculum y progresión científica, formativa y laboral, solo es característica de quien ha cumplido sus etapas vitales con rigor y esfuerzo constante para, en el mejor de los casos, progresar, casi siempre encontrarse con el meritorio antes referido, encima como jefe superior.

Todo es explicable, sin embargo, dentro de la liturgia que preside en los últimos tiempos las pruebas de acceso a la seguridad del empleo público caracterizadas por la masificación y en las que, por tanto, es preciso elegir a unos pocos aspirantes de entre miles. El ingreso en la Administración pública debe ajustarse a los principios de mérito y capacidad (Constitución, artículo 103.3) e igualdad (Constitución, artículo 23.2). Corolario de este último es la publicidad que garantiza la concurrencia.

En el lenguaje ordinario ambos términos se usan como una frase hecha en la creencia (errónea) de que los dos deben concurrir simultáneamente. Algún político incluso ha llegado a sostener que el mérito y la capacidad no sólo deben acreditarse en el ingreso, sino que son exigibles al funcionario a lo largo de toda su carrera administrativa. El examen de la jurisprudencia del Tribunal Supremo permite distinguir claramente el mérito de la capacidad.

La capacidad comprendería todas aquellas pruebas teóricas y/o prácticas destinadas a contrastar los conocimientos y aptitud de los aspirantes a obtener un empleo público; el mérito haría referencia a aquellos elementos -al margen de toda prueba- tendentes a acreditar la cualificación adquirida por los aspirantes a lo largo de toda su trayectoria vital y profesional, tales como experiencia, formación y perfeccionamiento recibidos, publicaciones efectuadas, cursos impartidos y similares.

Como quiera que los sistemas de acceso a la Administración pueden ser la oposición, el concurso-oposición y el concurso (este último previsto con carácter ordinario para el personal laboral y, solamente cuando la ley lo autorice, para los funcionarios), habremos de concluir que para ingresar en la Administración se debe acreditar capacidad (oposición), mérito y capacidad (concurso-oposición), o sólo mérito (concurso).

El mérito y la capacidad garantizan una función pública profesional y nacen y se imponen para evitar los excesos de los partidos políticos, universidad, empresas públicas etc, que casi siempre han administrado los empleos públicos como botín electoral.

El principio de igualdad, en su formulación clásica, debe impedir la producción de discriminaciones por circunstancias que puedan acarrear situaciones de superioridad o de inferioridad de unos aspirantes frente a otros, quizá sea conveniente reflexionar sobre la configuración de los requisitos de acceso a los sistemas de ingreso en la Administración pública, y sobre el contenido de los ejercicios a realizar que, seguramente por inercia, provocan situaciones que generan claras desigualdades.

Volvamos entonces a estimular a nuestra juventud , que fijen las metas de esfuerzo a sabiendas que obtendrán su recompensa tarde o temprano , que no es baladí, soñar con una progresión y promoción profesional, basada en conocimientos , méritos , aptitudes y actitudes, y así poder desterrar los principios que hoy imperan en la competencia.
..Dr. Francisco Toquero