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¿El final de la medicina de “varias” velocidades del comandante Castro para la gloria de Cuba?

29 de noviembre, 2016
cubacastro

Con la marcha de Fidel Castro, a los 90 años, también se ha ido el ideólogo de un sistema sanitario con velocidades diferentes, una como promoción internacional, otra para los propios altos cargos “revolucionarios”, y otra para el pueblo llano.

El comandante Castro distribuía misiones galénicas por América Latina, Asia y África, generando una positiva visión del régimen en las autoridades de los países beneficiados. El importante esfuerzo en formación sanitaria ha sido alto durante décadas, una punta de lanza de Cuba hacia el exterior, gracias a una alta calificación de los profesionales. Las grandes alabanzas y resultados de la formación sanitaria, han dado al régimen una hegemonía en este aspecto entre otros países con menos posibilidades. Como muchas acciones en Cuba, eran medidas “populistas” no orientadas a una salud que interiormente ha ido enfermando.

Las posibilidades de atención a un paciente han sufrido los avatares de un régimen complicado. Una simple consulta para un diagnóstico podía ocupar una mañana completa, si conseguía que la clínica permaneciese abierta toda esa “mañana”, porque los turnos de guardia no estaban actualizados. Algunos de los centros abiertos 24 horas dejaron atrás algunos servicios porque las guardias no contaban con el personal necesario, que además se encontraba sin papel para los electrocardiogramas o para dejar por escrito la prescripción. Incluso los traslados de urgencias no se podían realizar en muchas ocasiones porque el chófer le sacaba un partido extra al vehículo utilizándolo también como taxi. En el régimen sanitario de Cuba no todo era felicidad porque el personal técnico no siempre ha tenido interés en mejorar el servicio y su propia capacitación.

Es fácil de entender, con esta infraestructura, que una de las principales causas de muerte en Cuba fueran los infartos, evidentemente, muchos de ellos evitables con una adecuada planificación y recursos suficientes en el área de Atención Primaria. La vocación por salvar vidas necesita de la ética y de un sistema adecuado a las necesidades de unos pacientes que forman el pueblo, los gestos para las portadas nunca han sido suficientes.

Sin embargo, no es difícil encontrar a “revolucionarios” agradecidos por los cuidados sanitarios de primer nivel dispensados por el régimen. Son agradecimientos sinceros, frutos de una experiencia de paciente. Cuanto más valor ha sido el cargo del revolucionario, mayor atención a la persona, como en el capitalismo que tanta alergia le daba al Comandante.

El sistema sanitario de Cuba ha estado definido por la gratuidad, sin otro sistema de aseguramiento, y por la fuerte infraestructura en Atención Primaria. De los 75.000 médicos que hay en Cuba, casi la mitad (alrededor de 36.000) son de AP, y hasta las medicinas son gratuitas. A pesar de ser un país de ingresos medios-bajos, el estado ha hecho una gran inversión, en cuanto a calidad y cantidad.

Las dificultades con las que se ha encontrado el régimen sanitario han estado rodeadas de los mismos problemas que el resto de país, que ha sufrido importantes bloqueos, también para los remedios y equipamientos médicos, no solo de Estados Unidos, sino de los aliados de esta gran potencia. La crisis económica mundial también ha afectado a Cuba, que ha visto como tenía que reducir el presupuesto sanitario. Dada la importancia que se le ha dado a educación y salud (el 50% del presupuesto nacional), las dos joyas de la revolución, otras áreas como industria o agricultura se veían “demasiado mermadas”.

El “otro Castro”, Raúl, tuvo que enfrentarse a unos recortes económicos para mantener el sistema, anunciando que se evaluarían servicios y hospitales para valorar su continuidad o fusión. El objetivo de la nueva Cuba es ahora reducir el personal redundante y economizar el gasto del sector, siempre garantizando que el pueblo tenga acceso a consultas y tratamientos médicos. Habrá que hacerlo ahora que ya no está el Comandante.
..Dr. José López Ortega