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La Candelaria realizó más de 3000 técnicas intervencionistas para tratar el dolor crónico de pacientes

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Los profesionales de la Unidad del Dolor Crónico del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, en Tenerife, adscrito a la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, realizan una media de 8.000 actos médicos y quirúrgicos para el tratamiento del dolor, una patología que puede resultar invalidante en el día a día de las personas.

En este sentido, la Unidad del Dolor Crónico del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria atendió en 2016 un total de 5.295 consultas especializadas y llevó a cabo más de 3000 procedimientos para el tratamiento del dolor, entre bloqueos, radiofrecuencia y neuroestimulación, mayoritariamente relacionados con la patología axial y articular, entre otros.

Las Unidades de Tratamiento del Dolor Crónico están concebidas para cumplir, desde el punto de vista asistencial, una función esencial para el control y mejora de la calidad de vida de los pacientes que requieran atención especializada.

Según la Sociedad Española del Dolor, siguiendo la definición propuesta por la Asociación Internacional de Estudio del Dolor (IASP), se puede definir el dolor como una “experiencia sensorial o emocional desagradable, asociada a daño tisular real o potencial”. Se habla de ‘dolor agudo’ cuando es consecuencia de un daño tisular concreto y tiene una duración determinada. El ‘dolor crónico’ es aquel que persiste en el tiempo y no cesa cuando deja de actuar la causa que lo originó, afectando de forma importante desde el punto de vista emocional a quien lo sufre.

En el caso del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, este departamento de carácter multidisciplinar, cuenta con una experiencia más de 30 años, pionera a nivel nacional, cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida y ofrecer alivio para aquellas personas con dolores de difícil control, siguiendo las recomendaciones para Unidades en el Tratamiento el Dolor nivel IV del Ministerio de Sanidad y Asuntos Sociales, publicadas en 2011, basadas en criterios de multidicisplinaridad y vocación asistencial e investigadora.

¿Qué tipo de pacientes se tratan en la Unidad del Dolor?

Las Unidades de Dolor Crónico tratan a pacientes derivados desde diversas especialidades por distintas razones, siendo el dolor la principal causa. Este dolor normalmente no ha respondido a tratamiento conservadores o bien se presenta como secuela de su enfermedad. Esto es que requieren un nivel de tratamiento más complejo mediante tratamiento farmacológico y técnicas intervencionistas.

“Los profesionales buscan reducir las complicaciones que se pueda derivar de una cronificación del dolor, informar a los pacientes y a sus familias de los tratamientos analgésicos más adecuados tanto conservadores (principalmente farmacológicos) como intervencionistas, en el caso de ser necesarios. Todo ello, con el objetivo de mejorar la calidad de vida a nuestros pacientes en la medida de lo posible, reconociendo que en ocasiones es difícil”, explica el Dr. Javier Arranz, jefe de la Unidad del Dolor Crónico del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria.

‘Bloqueos’ para frenar el dolor

Las Unidades del Dolor Crónico de los centros hospitalarios son departamentos especializados donde sus profesionales realizan un abordaje integral del dolor, lo cual requiere conocimiento de la enfermedad, de los diferentes tipos del dolor (tanto para dolor nociceptivo y neuropático), intensidad, conocimiento anatómico, funcional, reconocimiento estructuras, entre otros.

Según detalla el Dr. Javier Arranz, anestesiólogo de la Unidad del Dolor Crónico del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, mediante los bloqueos intentamos localizar el foco del problema para, posteriormente, modular la transferencia de las vías del dolor desde su origen (receptores), vías nerviosas e intentar evitar que esta señal dolorosa genere una ‘sobreinformación’ que llegue al cerebro”.

Desde el punto de vista técnico, se denominan “bloqueo” al depósito de un analgésico/anestésico en una estructura anatómica utilizando técnicas de imagen, en la zona en la que se presupone que origina el dolor, como articulaciones, músculos o nervios.

Es decir, “mediante el bloqueo intentamos localizar un origen o bien una conexión que nos permita actuar sobre el dolor. Por ejemplo, si el dolor es articular, aplicamos diversas sustancias analgésicas sobre esa posible estructura afectada, como una articulación, la cadera, faceta lumbar… Una vez diagnosticado, nos permite valorar un tratamiento e incluso el pronóstico de las acciones a realizar sobre esa estructura”, explica el Dr. Arranz.

“En el abanico de técnicas intervencionistas, destacan los bloqueos, la radiofrecuencia y la neuroestimulación cordonal posterior. Con los bloqueos diagnósticos reconocemos la estructura del origen del dolor, por ejemplo, saber si en las lumbalgias el dolor se origina de una articulación, músculo, disco intervertebral o bien nervios atrapados. Con los bloqueos pronósticos, podemos conocer la probabilidad de mejoría al reconocer el origen del dolor y el grado de eficacia del tratamiento. Por último, con los bloqueos terapéuticos, se busca calmar el dolor y solucionar la causa que lo provoca aplicando determinados fármacos”, concluye Arranz.