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La política sanitaria concebida en función del hombre

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Las políticas son el conjunto de valores y acciones a aplicar para la consecución de un fin. En el ámbito de la salud el fin es el de satisfacer el Derecho Universal a su protección y a la atención sanitaria. El reconocimiento de ese derecho se inicia en la Asamblea General de las Naciones Unidas en París en 1948 y se enmarcó en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Pactos Internacionales posteriores, que incluirían Derechos Económicos Sociales y Culturales configuraron la Carta Internacional de Derechos Humanos, en la que el Derecho a la Salud permaneció bien consolidado.

La satisfacción de ese derecho implica también que las acciones encaminadas a tal fin tengan presente la condición humana, entendida ésta como la manera en que reaccionan los seres humanos o hacen frente a la enfermedad. Para ello, los sentimientos conscientes y manejables de aquellos que prestan directa o indirectamente la atención a las personas que ven mermada su salud confieren uno de los principales valores de las políticas sanitarias. La solidaridad y la empatía al servicio del respeto a su dignidad, intimidad y autonomía (derechos subsidiarios del derecho universal), deben situarse por encima de convenciones y protocolos.

Los principales garantes de todo ello son, en primera instancia, los profesionales tanto asistenciales como de apoyo de los centros sanitarios en su interacción con los pacientes y sus familias cuando se enfrentan a las preocupaciones, miedos y temores que la enfermedad despierta. Esa cara humana es visible en los códigos deontológicos de las profesiones sanitarias, y están recogidos en los principios de la Bioética.

Las organizaciones que acogen a pacientes y profesionales deben responder de la sintonía e integración óptimas de todas las facetas humanas

Las organizaciones que acogen a pacientes y profesionales deben responder de la sintonía e integración óptimas de todas las facetas humanas que el ejercicio de todos sus profesionales comporta, haciendo de la humanización una política estratégica ligada a la obtención de los mejores resultados posibles de salud, tanto en los procesos de curación como en los de cuidados.

La cercanía, tacto, compresión y respeto deben formar parte de la cultura de todas las organizaciones sanitarias y ser percibida de manera constante por pacientes y familias. No por ello debemos obviar el peso que el factor humano tiene en el desarrollo de esa cultura y su exquisita atención en las políticas de reconocimiento e incentivación.

Los sistemas sanitarios mediante los cuales se satisface el derecho universal a la atención sanitaria y a la protección de la salud tienen la responsabilidad de elevar a carácter sistémico todos los aspectos humanos que son propios del ejercicio de las profesiones sanitarias.

Las políticas sanitarias deben incorporar la humanización también como un factor influyente en sus resultados desde la evidencia

Las políticas sanitarias deben incorporar la humanización también como un factor influyente en sus resultados desde la evidencia. La creación de esa evidencia es uno de los retos inmediatos para la sociedad civil, las administraciones y el mundo académico y científico.

La innovación tecnológica y su condición disruptiva, así como el conocimiento global, deben ser oportunidades y no amenazas para una atención a la salud proactiva, personalizada y participada

La innovación tecnológica y su condición disruptiva, así como el conocimiento global, deben ser oportunidades y no amenazas para una atención a la salud proactiva, personalizada y participada, llena de sentido humano en la relación del paciente con el sistema, con las instituciones y organizaciones que lo configuran y con el profesional que atiende sus necesidades clínicas, personales o de entorno.

El gran reto de las políticas necesarias para disfrutar, mantener y progresar en una atención humanizada se encuentra en los instrumentos. Esas políticas únicamente desarrolladas mediante regulación serán insuficientes. La dimensión de generar cultura y valor que la humanización requiere deberá promover y encontrar las actitudes y las habilidades de los profesionales, sus gestores y los responsables políticos instrumentos innovadores.

Todo ello para hacer posible la definición de la OMS: un sistema sanitario humanizado es aquel cuya razón de ser es estar al servicio de la persona y, por tanto, pensado y concebido en función del hombre.
..Dr. Boi Ruiz. Vicepresidente de Fundación Humans