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Diecisiete años después, “Falstaff” vuelve de nuevo al Real

Fotografía. Javier del Real

..Redacción.
¿Por qué Verdi al final de su carrera artística, cuando alcanzaba los 80 años y lo había conseguido casi todo en el campo de la ópera, tras el fracaso que obtuvo con su primera obra buffa, “Oberto”, se decide abordar de nuevo otro título enclavado en este mismo género que, prácticamente, estaba desapareciendo en el ámbito europeo?

El director musical de la Maestranza, Pedro Halffter, sin duda con un gran sentido de la realidad, nos ofrece la respuesta. “Porque solo los genios son los únicos que tienen valor y capacidad para reinventarse a sí mismos y, en este caso, crear, junto con Otello, uno de los dos mejores títulos de su historia. El Teatro Real, siguiendo esta misma o parecida línea de valor, tras 17 años (15 de febrero de 2002) vuelve a ofrecerla con once funciones en las que el maestro Daniele Rustioni se encarga de la dirección musical al frente del Coro y la orquesta titulares del Teatro y un doble elenco en el que predominan los cantantes españoles.

Laurent Pelly además de asumir la dirección escénica es también el responsable de los figurines. Un viejo conocido del Real por su intervención en tres producciones relativamente recientes; “La hija del regimiento”, “Hansel & Gretel” y “El gallo de oro”. En esta ocasión presenta al nuevo Falstaff con una coproducción realizada con la participación de la Monnaie de Bruselas, la Tokyo Nikikai Ópera y Neoescenografía.

“Todo en el mundo es burla, fantasía, ironía y broma”

Verdi tuvo siempre una particular admiración por el genio teatral de William Sakespeare. Fruto de ella nacieron tres de sus grandes títulos; Macbeth, Otello y este Falstaff, considerado como su verdadero testamento musical y una obra en la que las mujeres juegan un importante papel, sin que por ello pueda considerarse como una ópera feminista.

La pretendida influencia wagneriana que durante un tiempo se le ha tratado de atribuir a este título de Verdi, Halffter la niega rotundamente basándose en la diferencia de estilos que abiertamente mantienen ambos compositores. Con Verdi los personajes se mueven con un ritmo musical muy diferente, lo que con él se expresa en 30 segundos, en la música de Wagner, debido a su fuerte densidad, se necesitarían 30 minutos. Son dos estilos muy diferenciados difíciles de compaginar debido a la enorme diversidad conceptual que ambos tienen para abordar sus composiciones.

Fotografía. Javier del Real

La música de Falstaff es muy diferente a todo lo que hasta ahora Verdi había generado. Preparada en tres ricos y divertidos actos basados en un acertado libreto de Arrigo Boito centrado a su vez en las obras de Sakespeare, «Enrique IV” y “Las alegres comadres de Windsor”. En su trama se desarrollan una serie de peripecias muy teatrales de todos sus personajes y especialmente del protagonista que al dejar de ser apoyado por el príncipe y posterior rey, se convierte en un bebedor insaciable, pendenciero y un hombre poseído de sí mismo, que se ve envuelto en diferentes escenas de amoríos y complicadas andanzas, para concluir con su castigo y perdón final mientras se canta un alegórico texto alusivo a la vida. Su acción se enmarca en torno a los años de 1400. «. El estreno tuvo lugar el 9 de febrero de 1893 en la Scala de Milán, dirigido por Arturo Toscanini. El Real la presentó por primera vez en su escenario el 10 de febrero de 1894.

La música de Falstaff es muy diferente a todo lo que hasta ahora Verdi había generado

Verdi consigue en ella crear un estilo de música claro, casi mozartiano, en el que cada frase, cada melodía, cada sonido adquiere un particular destello en el que brilla y fluye una música alegre, chispeante, constantemente vivaz y en ocasiones muy melodiosa. Musicalmente es una auténtica obra de arte, llena de dificultades para todos los intérpretes y repleta de curiosidades como la maestría con la que su autor crea y resuelve la tensión o el contrapunto en el que los cantantes mezclan sus voces dando cauce a diferentes melodías en una misma escena, así como las referencias a otros compositores – nunca a Wagner- e incluso a él mismo. Según comenta Andrés Ibañez en el programa de mano, “El atractivo de Falstaff es un misterio porque no se sabe de donde surge”, en ella se asocia la belleza con el amor, con lo heroico, con la pérdida, con el triunfo, genialmente reflejado en el tercer acto donde repetidamente se insiste en que todo en el mundo es burla.

Puesta en escena
Para su puesta en escena Pelly acude a dos ideas fundamentales, expresadas con una extrema sencillez de elementos que con gran dinamismo diversifican sus funciones, la primera es que la acción responda plenamente a una oferta púramente verdiana, por tanto muy imaginativa, desarrollada de una manera recurrente, rápida y diferente en la que el espectador encuentra siempre algo novedoso y positivo que ver y escuchar, algo que hasta ahora no haya conocido, por lo que, en su rico planteamiento escénico ha huido de conceptos e ideas ya repetidas en cualquier tipo de presentaciones anteriores, que de una forma demasiado simple y casi vulgar se refleja en la presentación del Bar en que, prácticamente, desde el principio vive el protagonista.

La orquesta, muy bien llevada por Daniel Rustioni transmitió con seguridad esas sensaciones filosóficas que a través del curioso protagonista, Verdi quería trasladar al espectador para que con gracia y alegría pueda reírse de la vida y hasta de sí mismo. El largo y doble elenco, en el que han primado las voces españolas, ha actuado con justeza sobresaliendo más en él la opción dramática que la canora, muy bien llevada por el georgiano Misha Kiria – un convincente Falstaff- y la brillante voz del barítono tarraconense Angel Ódena como Ford. La escenografía de Lauren Pelly adquirió su mayor encanto y atractivo en el planteamiento general que le dió al tercer acto permitiendo al espectador contemplar en él los grandes valores teatrales y musicales que esta última obra de Verdi realmente tiene.