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Il Trovatore cierra la actual temporada de ópera

Fotografía. Javier del Real

..Redacción.
Desde que en el año 1854 se estrenara en España este popular título de Verdi, hasta 1925, a lo largo de dos etapas, se ha presentado en más de 300 ocasiones en su escenario. En el año 2000 con el fallecido director musical García Navarro y en 2007 con Nicola Luisotti, con la misma producción. Vuelve ahora de nuevo con catorce sesiones que tendrán lugar entre los días 3 y 25 de julio. Lo hace con una producción propia del Teatro Real realizada en coproducción con la ópera de Montecarlo y la Royal Danish Ópera, estrenada el pasado año, dirigida musicalmente por el experto director italiano Mauricio Benini y escénicamente por el director mexicano Francisco Negrín, acompañados por un triple elenco de gran calidad artística, con la notoriedad de que la función del sábado 6 de julio al estar integrada en la programación de la 5ª Semana Mundial de la Ópera, fue retransmitida a numerosos países, entre ellos China, India y diferentes naciones latinoamericanas como Chile, Guatemala, Perú, República Dominicana y Uruguay . En España se ha proyectado en régimen abierto en más de 300 municipios.

Il Trovatore”es el gran drama gótico de Verdi, de nuevo en el Teatro Real

Su origen tuvo un particular recorrido. Como a Verdi los temas españoles le servían de auténticos catalizadores para su inspiración, al observar el éxito que el español Antonio García Gutiérrez había alcanzado con la obra del mismo título en 1836, encargó a su libretista habitual, Salvatore Cammarano, que transformara su drama en el libreto para una ópera, obviando los números operísticos cerrados , pero sí incidiendo en la confirmación de su fuerte dramática original, propia del formalismo de la época; cuatro actos divididos cada uno en dos escenas de diferente duración que facilitaba el que Verdi pudiera preparar una obra de gran corte dramático, belleza melódica y grandes efectos teatrales.

En el desarrollo de su trama general se perciben claramente sus dos grandes líneas argumentales; la persistente idea de venganza de Azucena, la gitana, cuya madre e hijo murieron en la hoguera y, por otra, la presentación del clásico triángulo amoroso en el que a Leonora se la disputan dos pretendientes enemigos pertenecientes a familias muy diferentes y de clases distintas.

Il Trovatore no fue, en principio, encargado por ningún Teatro lírico, por lo que Verdi pensó ofrecérsela al San Carlo de Nápoles debido a las buenas relaciones que su libretista mantenía con esta Institución, pero como consecuencia de la anticipada muerte de este y de las exigencias personales que el compositor mantenía con la puesta en escena de este título, decidió finalmente que se representara primero en el Apollo de Roma, donde su estreno tuvo lugar el 19 de enero de 1853, para lo cual dio preferencia a otro de sus grandes títulos, “Traviata” –con el que simultaneaba su preparación-, que anticipó su estreno al 6 de marzo de 1852. Por ello se cree que la totalidad de la composición de “Il Trovatore” fue realizada íntegramente durante el mes de diciembre de dicho año. Con la salvedad de que si Verdi tardó solo un mes en trasladar sus notas a la partitura, se conoce con certeza que llevaba pensando en este título más de un año.

Los críticos consideraron en su momento que Verdi merecía de sobra el éxito que, desde el principio, alcanzó con este trabajo, dado que en él se atrevió a ofrecer un estilo nuevo, impregnado de auténticos rasgos castellanos como los que se encontraban en la citada obra del español Antonio García Gutiérrez.

A pesar de su éxito inicial en todo el mundo, este título recibió contínuas y variadas críticas. No le faltaron ni las negativas ni las positivas.

En el primer aspecto aparecen las opiniones –muy fuertes- de que su música es no solo basta sino rústica, en comparación con las de otras composiciones posteriores. El musicólogo F. Bonania la calificó en su día como “ carente de interés para el estudioso de la música, debido a que su técnica es demasiado sencilla”. Un comentario que sorprende porque relaciona el grado de su compositiva complejidad con la mayor o menor calidad estética de una obra. Otro de los aspectos por los que se cuestionó su valor se debe a la duda que ofrece acerca de la positiva evolución de esa trayectoria compositiva.

A pesar de que el libreto de Cammarano se considerara como un tópico de lo absurdo en la ópera, no hay nada en él que esté musicalmente descuidado o puesto a la ligera, debido a que en este aspecto se le distinguió siempre como un escritor juicioso e inteligente. A lo largo de sus cuatro actos se desarrollan y combinan a la perfección dos tipos o clases de escenas; unas de acción y otras simplemente informativas. Una estructura general que responde claramente a su sólido formato, que va alcanzando un tono más íntimo a medida que el argumento se va acercando al final.

Entre las opiniones favorables se encuentran, entre otras, las realizadas por los críticos de la prestigiosa revista “La Gazzetta Musicale” italiana, que, tras su estreno, indicaron que “Su música nos ha transportado hasta el mismo cielo porque, realmente, no podría ser de otro modo, debido a que su partitura, sin exageración, tiene una música auténticamente celestial”. Otro escritor musical de prestigio, Gianandrea Gavazzeni la considera como “la Pasión según San Mateo” italiana.

Para otros críticos, Verdi dio en su “Trovatore” un gran paso adelante porque nadie puede negarle que a lo largo de su partitura vibran el entusiasmo, la fuerza y el esplendor sonoro, además de estar repleta de ecos sombríos y sensaciones estremecedoras que solo se encuentran en sus grandes títulos, que forman parte inseparable de la apoteosis de la ópera romántica. Es como si el compositor hubiera deseado ofrecer en ella algo de lo que llevaba años perfeccionando y lo consiguiera con tanta belleza que nunca más sentiría la necesidad de repetirlo.

Para A. Toscanini esta obra no merece la pena de ser abordada si no se cuenta de antemano con los mejores intérpretes del momento

Il trovatore es una ópera de números cerrados a la manera tradicional, demostrando el autor su gran habilidad para combinarlos y justificarlos. En ella refleja una forma muy diferente de trabajar a la desarrollada en su “Rigoletto”, debido a que en Il trovatore sus cuadros están construidos a base de cavatinas, dúos, tercetos, arias con escenas que trasladan a otros temas; cabaletas y números corales, algunos de ellos realmente grandiosos.

De todos sus protagonistas, el personaje de Azucena, la gitana, es el que mejor tensa la dramaturgia de la obra, llegando a disputar a Manrico la categoría de principal protagonista. Un personaje que precisa de un tenor con mucha fuerza, capaz de sortear con facilidad las gruesas dificultades técnicas que Verdi pensó para él. En definitiva, un tenor “spinto robusto”.

En cambio, el Conde de Luna necesita de una voz de barítono sumamente doblegada y dotada de una gran extensión, volumen, brillo y flexibilidad para describir con soltura tanto su profunda maldad como su serena bondad. Un cantante que debe tenerlo y darlo todo.

Para muchos, el éxito de este título se debe a que el público español lo recibió como una novedad que le resultaba familiar dentro de todo el teatro romántico del siglo de oro, representado por la comedia lopesca. Si en “La forza del destino” aflora otro Verdi, en “trovatore” todo contribuye a crear una unidad de estilo sin fisuras de ningún tipo.

La obra de teatro original estaba preparada la mitad en prosa y, el resto, parcialmente en verso, al estilo del drama isabelino. La diferencia más notable entre ella y el libreto es que este elimina a un personaje importante, el hermano de Leonora. Verdi, más sensibilizado que su libretista por el tema del amor filial por su hijo adoptivo y el deseo de venganza de la madre, le acosaba sobre la importancia de ella para el drama, por eso le recordó en numerosas ocasiones la idea de que no hiciera que Azucena se volviera loca.

Puesta en escena
Francisco Negrín ha concebido para esta obra una puesta en escena sencilla, para que nada pueda distraer al espectador, que debe centrarse en la fuerza de su melodía que le permita descubrir con facilidad los numerosos entresijos y pasiones que se encuetran detrás de ella, partiendo de esos elementos que tan claramente plantea su libreto, como el tiempo, el fuego y la noche. vertidos en una ambientación ficticia que, no siéndolo, da la impresión de serlo, recogiendo todos los elementos que se esperan encontrar en todo drama romántico; el campo de batalla, un castillo, un claustro, la prisión.

Mauricio Benini, gran experto en el belcantismo italiano ha llevado con gran conocimiento y soltura esta superconocida partitura que por su popularidad puede generar un inoportuno exceso de confianza trasladando perfectamente a la Orquesta el alto sentido dramático de la tragedia, que sin solución de continuidad pasa a un tono sumamente melodioso. Ha tenido la virtud de reincorporar a la obra una deliciosa aria de Leonora – que se ofrece como novedad en esta versión- y que sin saber nadie por qué había desaparecido y , el la encontró en París al revisar una partitura original francesa.

El elenco que el Real ha seleccionado para esta versión de cierre de temporada ha tenido una línea media de calidad muy alta, dado que todos, sin excepción, se han mantenido en el m ismo tono de hermosura y brillo en sus veces , destacando la presencia de figuras de Ekaterina Semenchuk – una gran Azucena-, María Agresta (Leonora), Francesco Meli (Manrico) y Ludovic Tézier (Conde de Luna), a los que se ha unido Roberto Tagliavini ( Ferrando), a los que todos han sumado sus grandes condiciones dramáticas para redondear una puesta en escena que hay resultado bastante convincente.

El Teatro Real, como viene siendo habitual, en torno a las representaciones relevantes ha organizado numerosos actos culturales paralelos promovidos en colaboración con diversas instituciones, como es el caso del Palacio de la Alfajería de Zaragoza que facilitará al público el acceso a la “Torre del Trovador”, escenario original de la tragedia.

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