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Estado de alarma y salud mental: cuando romper la rutina nos rompe por dentro.

Salud mental

..Ana López Trenco. Gerente ASAPME y vocal del Foro Español de Pacientes.
María es una mujer culta con una diplomatura y una vida social activa, de la que nadie diría que tiene una esquizofrenia, porque esta enfermedad es invisible. Ha tenido que transitar por las calles desiertas para ponerse el inyectable quincenal que regula su enfermedad. Ha temido que la parara la policía y la multara por estar incumpliendo el necesario aislamiento. Ya estaba muy alterada por no poder salir de casa, por el miedo al contagio, abrumada por el bombardeo de noticias contradictorias.

Se ha visto invadida por un sentimiento de peligro inminente, nerviosismo, agitación y pánico intenso. Deseaba meterse en la cama y no salir durante días. La nube negra le atenazaba hasta querer despedirse. Afortunadamente ha hablado por teléfono con su psicóloga y ha acudido a ponerse la medicación. Seguramente remontará, porque María tiene una buena red de apoyo social. Pero otros serán menos afortunados y quizá sufrirán una crisis, o quizá no soportarán el peso del aislamiento.

Las emociones están a flor de piel ante la incertidumbre que genera la crisis sanitaria provocada por la pandemia Covid-19. Toda la ciudadanía experimenta algún tipo de cambio en su estado de ánimo, porque el miedo a lo desconocido amedrenta hasta las personas más curtidas. Pero en este momento hay un colectivo de personas especialmente vulnerables, aquellas que afrontan una depresión, una esquizofrenia, bipolaridad o cualquier trastorno mental grave. Son enfermedades que generan una fisura en su salud mental, quebrando el mundo emocional, afectivo y cognitivo de quien lo padece.

Hay un colectivo de personas especialmente vulnerables, aquellas que afrontan una depresión, una esquizofrenia, bipolaridad o cualquier trastorno mental grave

Para las personas con problemas de salud mental, la seguridad que aporta la accesibilidad de nuestro sistema sanitario, el llevar una vida ordenada y con horarios establecidos y tener una razón por la que levantarse cada mañana, son algunas de las mejores medicinas para disfrutar de una vida normal.

Tener una enfermedad mental es una de las situaciones socialmente más incomprendidas; quienes las afrontan luchan contra una tormenta emocional, con una distorsión de la realidad, y, sobre todo, contra la soledad de quien no se siente amparado por la aceptación de los demás.

El tratamiento del que hoy disfrutan estas personas valientes y luchadoras, conjuga la toma de medicación con psicoterapia y, no menos importante, una rehabilitación que les ayuda a recuperar su ilusión por la vida y a incorporarse de forma activa a esta sociedad tan compleja.

Hoy los centros de rehabilitación hemos cerrado las puertas, pero no nuestro corazón

Hoy los centros de rehabilitación hemos cerrado las puertas, pero no nuestro corazón; los profesionales seguimos estando al otro lado del teléfono y del correo electrónico, y lucharemos para que tengan toda la atención sanitaria y social que merece la salud mental.

Por eso, en momentos como el actual es más necesario que nunca que la sociedad rompa con los prejuicios que rodean a la enfermedad mental. Es ahora cuando ellos necesitan un esfuerzo mayor por parte de todos, y muy especialmente desde las administraciones, a las cuales pedimos que no se olviden de las condiciones específicas de este colectivo y refuercen los recursos sanitarios y sociales para no dejar atrás a las personas con problemas de salud mental.

En esta crisis estamos viendo como el altruismo de muchas personas ayuda a otras que quizá no disponen de las herramientas emocionales adecuadas para encajar el desconcierto que nos acompaña. Extendamos el ejemplo y tengamos presente que el modo en el que afrontemos esta situación determinará el tipo de sociedad en la que nos convertiremos cuando todo esto haya pasado. Que pasará.

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