Lola Granada
Cuando el Tribunal Supremo de EE.UU. avaló el modelo sanitario que, en plena campaña electoral, propiciaba el candidato a la reelección Barak Obama. Se dijo que sería una baza muy importante para su continuidad como Presidente y un punto muy negativo para el aspirante Mitt Romney, que mantenía una postura demasiado tajante en contra de ella, hasta tal punto que le llevó a decir: “Derogaré esta Ley el primer día que llegue a la Casa Blanca”. ¿Ha sido determinante esta postura para su derrota electoral? Es difícil saberlo.
Cuando se anunció la sentencia favorable, el entonces candidato y Presidente, alejado de la más mínima postura triunfalista se dirigió a la nación para decir “Cualquiera que sea la orientación política de una persona, esta decisión es una victoria para todos los ciudadanos de nuestro país”. Recordó, además, que gracias a ella, 30 millones de personas, hasta hoy sin posibilidades de acceder a los servicios médicos, podrán tenerlos y que las discriminaciones que las empresas aseguradoras hacían a determinado tipo de pacientes, serán eliminadas.
En cambio, Romney, afirmaba “Nuestra postura es clara, si queremos eliminar esta reforma, tenemos que reemplazar al Presidente Obama”.
La nueva Ley no pudo tener un trayecto más controvertido desde que inició la andadura de su tramitación parlamentaria en 2009. Contra todo pronóstico, un tribunal de mayoría conservadora, presidido por el juez conservador John Roberts, se inclinó a favor de esta Ley que obligaba a todos los ciudadanos a suscribir un seguro de salud y que extiende los servicios sanitarios a toda la población.
Aún cuando esa orientación sea uno de los grandes valores de la Ley, ha supuesto al mismo tiempo la solución de algunas de las más duras injusticias sociales del país. A pesar de ello, conviene tener en cuenta un hecho innegable. Las fuertes repercusiones que la decisión del Supremo tuvieron en su día y aún continúan teniéndolo hoy, se debieron a su marcado carácter político. Esa fue, en el fondo, la razón fundamental de la oposición tan frontal que hicieron los republicanos. Desde el principio la pusieron como modelo de una posible política intervencionista y socializante del Gobierno Obama. De ahí que, a toda costa, trabajaran para buscar su derrota.
Las razones del enfrentamiento de los republicanos se basaban en ese argumento. La líder de los demócratas en la Cámara de los Comunes, Nancy Pelosi, probablemente la que más luchó por ella en el Capitolio, al celebrar la victoria con el resto de sus compañeros de partido, tuvo unas palabras de elogio y recuerdo hacia la figura del Presidente Edward Kennedy, por haber hecho de la sanidad universal uno de los principales proyectos de su vida política, falleciendo sin verlo realizado.
John Boechner, presidente de la Cámara de Representantes apoyó claramente la idea de Romney de trabajar para derrotar a Obama, como medida para impedir la entrada en vigor de su nueva ley. Otros políticos conservadores han insistido también en la misma idea de amenaza a la libertad individual de los ciudadanos.






