Carlos Amaya, ¿despido o renuncia?

Alfonso González
El paso del Dr. Carlos Amaya en el Colegio de Madrid ha dejado muchas sombras. A pesar de estar liberado por el sindicato aceptó ser contratado por el Colegio con pagos superiores a 3.500 euros mensuales y con unas labores en las que no se ha visto el éxito. Entró con el apoyo unánime de todas las personas que forman la dirección de la corporación, iba todos los días, diseñaba actuaciones, participaba en la vida colegial siendo activo incluso en los despidos de los colaboradores, pero en cuatro meses se ha perdido la confianza en él hasta determinar la cancelación de su relación.

Su tarea principal consistía en participar activamente en la Asamblea de Compromisarios, aportando su experiencia y conocimiento para que las propuestas fueran aprobadas.  En la única asamblea que ha participado en esta legislatura no levantó la mano ni una vez para defender a sus «clientes» y se perdieron, por primera vez en muchos años, los presupuestos. Otra de las labores encomendadas era presentar a la Presidenta en los círculos políticos, también con poco acierto.

La Junta decidió su despido por falta de confianza, pero él ha preferido presentar su renuncia, algo así como una retirada a tiempo para que parezca una victoria.

Muchos años deseando formar parte del Colegio
El deseo de Carlos Amaya siempre ha sido formar parte de la corporación madrileña. En 2008 hizo un esfuerzo grande para intentar desbancar a Juliana Fariña y, seguro de su victoria, dejó la secretaría general de AMYTS. Cuando perdió las elecciones pidió de nuevo la liberación, pero como a la dirección no le pareció ético, acabó distanciado personal y sindicalmente de sus ex-compañeros, y se apuntó al CSIF, que ahora sí le tiene liberado. La asesoría que le ofreció Sonia López Arribas fue un regalo inesperado y deseado largo tiempo.

La situación actual de la sanidad madrileña, convulsa y desestabilizada, requiere de personas que tengan la completa determinación de defender a los colegiados por encima de otros intereses particulares. La conexión con Antonio Mora, Director General del Colegio hasta hace pocas fechas, no se ha visto reflejada en una mayor aceptación de la Presidenta en los círculos de representación ni en una proyección del Colegio.

Amargas despedidas
La labor del Dr. Amaya se ha significado más por la lucha sindical que por su profesión, pero a pesar de que estuvo 12 años como secretario general del CESM terminó diciendo que no creía en el sindicalismo, coincidiendo con la notificación oficial de la no renovación de su dispensa laboral, en septiembre de 2011. Ahora sale del Colegio acusando de irregularidades a la Junta que no le respalda.

Ser un liberado sindical está reñido con cobrar del Colegio por ser asesor. Puede ser que sus obligaciones sindicales no le permitan ir a su puesto de trabajo en el hospital y tenga que hacer informes, negociar con la adminstración o defender los derechos de los trabajadores. La cuestión es que si ha tenido suficiente tiempo para dedicarlo al Colegio de Médicos y estar allí casi todas las mañanas ganándose unos ingresos extraordinarios, también lo tendría que haber tenido para «arrimar el hombro» y dedicar ese tiempo «libre» a su hospital y ayudar a sus compañeros.

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