El infierno de Boston muestra la extremada preparación de las urgencias

Lola Granada
Los sangrientos acontecimientos del maratón de Boston han vuelto han demostrar la capacidad de entrega, la organización  y la preparación que los sanitarios tienen. Los ocho grandes hospitales de la ciudad han respondido, todos, con la diligencia debida, propia de estos casos. A pesar de que “es un hecho que ocurre una sola en la vez en la vida” como dijo el jefe de los servicios de urgencia del Hospital Brigham and Women`s al Boston Globe.

En el mínimo tiempo posible y con un auténtico carácter de urgencia, como si se tratara de una urgencia de guerra atendió a más de treinta víctimas aquejadas de las más diversas dolencias: miembros amputados, traumatismos oculares, tímpanos perforados, múltiples fracturas de huesos… como si se tratara de las consecuencias de un bombardeo aéreo inesperado, sin descuidar el ritmo normal de la vida hospitalaria ni los normales padecimientos que se atienden en la meta de una prueba tan dura como es un maratón: hipotermias, desvanecimientos, desmayos o deshidrataciones entre otras muchas reacciones. La respuesta de estos servicios no ha podido ser más eficiente, a pesar de, además, haber  tener que preparar con carácter de verdadera urgencia un improvisado hospital de sangre para poder atender a numerosas transfusiones, aplicar torniquetes y desfibrilizadores.

Junto a los servicios sanitarios también ha destacado la colaboración ciudadana, que ha corrido paralela a este comportamiento hospitalario para soportar y sostener una situación elegida para hacer un daño “profundo”.

Solo ha destacado negativamente la conducta “funcionarial”, en la peor de las acepciones, del cónsul español en Boston, que a pesar de conocer lo ocurrido y que a este evento asistían cerca de un centenar de españoles, cerró la oficina diplomática porque era la hora oficial. Afortunadamente no todos son así.

Podcast

Podcast

Economía

Accede a iSanidad

Buscar
Síguenos en