¿El timo del trilero con el dinero de los colegiados?

Alfonso González
Los trileros españoles son muy famosos por su desparpajo en el actuar, en el hablar y la facilidad para engañar. El trilero es el “espabilado” que quiere engañar a todos, como si fuera el más listo y amparándose en la buena de fe las personas. Hay trileros de cartas y trileros de cubiletes, todos igual de válidos o de mentirosos. Para ganar y engañar lo que hacen es distraer con sus palabras a las pobres víctimas, que fiados en la apariencia de verdad de lo que dicen, acaban desplumados económicamente. Un buen trilero siempre necesita de sus compinches, para que hagan caer en la trampa a los “clientes”.

Sin embargo, si a un empresario, profesional o director general le llaman trilero quiere decir que no es una persona recomendable, significa que es un engañador, un ladronzuelo. Ser el compañero del trilero es peor todavía, es ser el cómplice del burdo engaño.

A veces se da la circunstancia de que en las corporaciones de derecho público se descubren trileros, gente que con apariencia de verdad engañan a todos. Es muy emblemática la fama creada por estos “trileros de guante blanco” que aparecen pidiendo un cargo sin remunerar, luego ocupan otro altamente remunerado y ya no se quieren ir. Desde este cargo empiezan a esconder las bolitas de la verdad, las bolitas de los recursos, las bolitas del dinero… siempre a la sombra de los compinches que dan apariencia de normalidad porque en estas circunstancias buscan compinches que les apoyen, y lo peor es que los encuentran. Bajo la apariencia de una extraordinaria amabilidad y educación los trileros son capaces de denunciar a quien les protege, de amenazar con tirar a la gente por la ventana si no se les sigue el juego o tratar de meter en la cárcel a quien les quiere parar.

Estos trileros de guante blanco son capaces de decir públicamente lo contrario de lo que están haciendo y de lo que ya dijeron, son capaces de utilizar a la prensa para que airee unos beneficios que los propios compinches saben que no son, porque ciertos “pregoneros” están tan involucrados como el propio trilerismo. Estos equipos de malhechores involucran a los más débiles, ofreciendo beneficios mucho más pequeños que los propios, porque los beneficios del trilero son intocables. Si no se puede robar de los presupuestos se roba de otro sitio.
 
Trilero es una palabra tabú en algunas corporaciones de derecho público porque algunos dirigentes se identifican muy bien con esta definición. Algunos dirigentes utilizan falsedades y medias verdades, utilizan enfrentamientos entre unos y otros para generar los créditos que necesitan. Pero al final su petulancia les puede, y acaban contando las fechorías realizadas al amparo de los estatutos, bajo la tutela de unos poderes o porque no es ilegal. La experiencia dice que estos trileros se han atrevido a contar que una persona ha sido comprada solo por 12.000, que otra persona ha sido comprada con cargos para sus amistades o con cargos para sus familiares, o incluso han comprado a alguien dando la dirección de órganos o puestos en vocalías colegiales. Todo un sinfín de “sinvergonzonerías” que es mejor no conocer porque quien apoya al trilero se convierte también en desleal estafador.

Cuando se pilla a un trilero de guante blanco pierden todos, pero cuanto antes se le pille y se vaya mejor para todos.

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