«Tráfico» de cargos en el ICOMEM

Alfonso González
El ambiente de la Junta Directiva del Colegio de Médicos de Madrid se va tornando cada día más insoportable y sin orientación. La actividad incesante que se espera del Colegio en un momento de máxima necesidad para los colegiados parece quedar reducida a la distribución de cargos con su correspondiente asignación económica.

La psiquiatra militar Sonia López Arribas ordenó a su «amigo» Antonio Mora, al que dio el cargo de director gerente con poderes y un sueldo desmedido, que ejecutara estos temas, y en ello ha estado mucho tiempo. Ya no es importante la capacitación para el cargo o las necesidades de los médicos en un momento tan crucial como el actual, lo único que importa es tener a los miembros de la junta bien «calladitos». De hecho el propio Antonio Mora en una de sus interminables reuniones avisó que a los Plenos de la junta directiva no se iba a pensar sino a obedecer, toda una muestra de las intenciones de la dupla «López Arribas-Mora».

El objetivo de Antonio Mora y López Arribas siempre ha sido tener a la mayoría de «su parte» para ejecutar sus propios planes, y por ello trazaron los planes para tener «controlados» a los más vulnerables. ¿Y quienes eran los más vulnerables?, los más preocupados por su falta de conocimiento, por su falta de experiencia y por su falta de prestigio.

«Macramé» con la Tesorera Ana Fernández Vidal
El primer punto para López Arribas-Mora siempre ha sido controlar la parte económica, responsabilidad de la Tesorera en este caso. Para que Ana Fernández Vidal fuera una aliada se contrató a Alfonso Sánchez, amigo de su marido, como director financiero, sin terna de candidatos, ni experiencia, ni nada que ver con el historial profesional, su principal valor era ser «amigo de», en palabras de la psiquiatra militar se dice «cargo de confianza». Con este cargo la Tesorera quedaba contenta y aparentemente «satisfecha». Pero para rematar la «satisfacción» y acallar posibles dudas en diferentes ambientes se asegura que le tienen prometido al Dr. Fernández Rodriguez, padre de la Tesorera, la presidencia de la Fundación, y así, si se consuma el nombramiento se habrá conseguido el «silencio» de la Tesorera.

Ana Sánchez Atrio, una «presidenta in pectore»
La presencia de la vicepresidenta en el Colegio es cada vez más «fuerte» y va cogiendo protagonismo a la espera de la caída de López Arribas. El gusto por su cargo va creciendo, y es de suponer que las comisiones también. La insólita contratación de su marido, el Dr. Julio Albisua, como miembro de la Comisión Deontológica y del ex-jefe de su marido, el Dr. Pedro Ruiz Barnes como Defensor del Médico no es ilegal, pero es «éticamente revisable». También se ha hecho cargo de algunos huecos dejados por los vocales dimitidos. Si además llega a la vicepresidencia de la OMC como está intentando, ya tendrá más actividad colegial que profesional. Aunque defiende con vehemencia su «honradez» los hechos delatan que se ha pasado al bando de los acumuladores de cargos.

Prudente silencio de Eduardo Lobo
El vocal de hospitales dimitido, el Dr. Eduardo Lobo, era uno de los profesionales que más prestigio atesoraba en la junta directiva como Jefe de Servicio del Ramón y Cajal. Para tenerle «contento» y dispuesto a defender las actuaciones de la junta, se le propuso como Presidente de la Fundación ICOMEM y responsable de formación. Su salida ha permitido que ahora se pueda ofrecer este cargo a otros.

Calderón, Bolaños y Vara esperan su momento
Las únicas tres vocales que quedan en el Colegio, Belén Calderón, Estefanía Bolaños y Ana Vara, estarán esperando su momento para recibir recompensa. Viendo la distribución de cargos y de sueldos que López Arribas está otorgando y dado que han decidido «tirar por la borda» su prestigio profesional manteniéndose en una junta directiva que no sabe a qué juega, estarán al tanto para recibir sus dádivas, como lo ha hecho el resto.

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