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Hace un año el grupo de trabajo de Vacunas de Reino Unido y el Imperial College de Londres, entre otras entidades, anunciaban que llevarían a cabo un estudio de provocación por el que inocularían el virus SARS-CoV-2 a personas sanas, lo que generó controversia en la comunidad científica por sus implicaciones éticas. Ahora, sus autores han dado a conocer las conclusiones obtenidas con las 34 personas que se infectaron voluntariamente con el SARS-CoV-2 en una rueda de prensa seguida por el Servicio de Información y Noticias Científicas (Agencia SINC).
Según recoge Sergio Ferrer en su información para la Agencia SINC, el estudio refuerza cosas que ya se sabían sobre las infecciones provocadas por este coronavirus, confirma otras que se sospechaban y sugiere algunas nuevas. El investigador del Imperial College de Londres y autor principal del estudio, Christopher Chiu, explicó durante la conferencia que el experimento se llevó a cabo con virus previos a la variante Alfa. En un planeta dominado por Ómicron y con cada vez menos personas seronegativas, se trata de un ensayo que “no será posible hacer otra vez”.
En un planeta dominado por Ómicron y con cada vez menos personas seronegativas, se trata de un ensayo que “no será posible hacer otra vez”
“Como conocemos el momento exacto de la infección, podemos ver el principio, la mitad y el final [del proceso]”, explicó Chiu. Saber los tiempos permite estudiar las fases tempranas de la infección y el período presintomático, “algo que no sería posible de identificar en ningún otro estudio”. Así, los investigadores pudieron ver lo que pasa desde que el coronavirus llega a nuestra nariz hasta que nuestro sistema inmunitario se enfrenta a él por primera vez.
Los investigadores planearon inicialmente contar con 90 voluntarios y lograr una tasa de ataque del 50%. Al ver que lograban el objetivo de contagiar a la mitad de los participantes con 34 personas y el inóculo más bajo escogido, decidieron no incrementar la dosis por si provocaba peores síntomas. “Nos sorprendió que con la dosis más baja ya lográramos una tasa de infección del 53%”, explicó Chiu. Vieron que 55 unidades formadoras de focos, término utilizado para cuantificar virus, lograron infectar a más de la mitad de los voluntarios.
El 53% de las personas que se infectaron voluntariamente con el SARS-CoV-2 desarrolló la infección
Después de que se infectaron, los participantes empezaron a mostrar el virus SARS-CoV-2 detectable en los dos días siguientes y antes de mostrar síntomas notables, tanto por PCR como por cultivo; primero en la garganta y luego en la nariz. Estos aumentaron en número con rapidez hasta alcanzar el pico en el mismo orden, pero, según Chiu, con “niveles significativamente más altos” en la nariz.
“En el pico de su carga viral probablemente menos de una gotita respiratoria contendría el equivalente [del inóculo inicial]”, advertía Chiu. Esto se cumplía “aunque la persona no tuviera síntomas”, lo que en su opinión explica “cómo la pandemia se extendió tan rápido”.
Muchos microbiólogos son críticos con las extrapolaciones de infecciosidad efectuadas a partir de la carga viral. Por eso, el microbiólogo médico del North Devon District Hospital Tom Lewis, que no ha participado en el trabajo, avisa de no sacar conclusiones precipitadas en este sentido. “La epidemiología ha mostrado consistentemente que los síntomas son un predictor importante de la transmisión, aunque los asintomáticos tengan cargas virales altas”.
Fue suficiente una dosis baja del virus para generar la infección en 18 de los 34 voluntarios, algo que ha sorprendido a los investigadores
Los investigadores encontraron niveles del virus SARS-CoV-2 bajos pero detectables en algunas de las personas que no se infectaron. “Esto sugiere que hay un proceso inmunitario en marcha que está suprimiendo la infección”, afirmó Chiu. Por qué estas personas no llegaron a infectarse y qué mecanismos actúan para evitarlo son algunas de las preguntas que esperan responder en el futuro.
Ningún participante sufrió cuadros graves. Los síntomas más comunes fueron rinitis, congestión nasal, estornudos, dolor de garganta, dolor de cabeza, malestar y cansancio y tos. También fiebre, dolores musculares y de articulaciones y tos. “El pico de síntomas tuvo lugar al mismo tiempo que el pico viral”, explicó Chiu. “El síntoma más significativo fueron los cambios en el sentido del olfato, que la mayoría de los voluntarios experimentó”. En este caso, el pico tuvo lugar una semana más tarde en comparación con los síntomas respiratorios, un retraso que el investigador consideró “curioso”.
Dr. Chiu: “El pico de síntomas tuvo lugar al mismo tiempo que el pico viral”
La mayoría de los síntomas desparecieron antes de veinte días. La única excepción a largo plazo es un individuo que «a los seis meses todavía no ha recuperado el olfato por completo, pero está mejorando”. Este tipo de estudios permite estudiar con gran exactitud los síntomas, por los que los investigadores preguntaban tres veces al día. En total, 16 de los 18 infectados (89%) mostraron algún síntoma a lo largo de la infección. En próximos estudios, intentarán identificar los factores inmunológicos que protegieron de la infección a esas 16 personas no contagiadas, tan sanas en apariencia como las otras 18.
Los resultados también mostraron que, de media, los participantes emitían virus vivos durante unos seis días y medio a lo largo de la infección. Los investigadores creen que los aislamientos de diez días son los más “conservadores”, ya que cubren el período máximo de la infección. “Es posible reducir aislamientos sin tener muchas personas infecciosas”, aseguró Chiu, porque solo una minoría de gente emite virus durante períodos extremadamente largos.
Los participantes emitían virus vivos durante unos seis días y medio a lo largo de la infección
La limitación más obvia de este trabajo es que se llevó a cabo con gente joven y sana, por lo que no permite estudiar infecciones en personas vulnerables o en riesgo de contraer covid-19 grave. Además, el virus inoculado corresponde a la época anterior a alfa, por lo que cabe preguntarse cómo otras variantes como ómicron cambiarían los resultados. Es por eso por lo que los investigadores ya planean nuevos ensayos con delta, esta vez en personas vacunadas, que esperan comenzar en primavera.








