Con la investigación empieza todo

María A. Blasco, directora científica del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)

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Anuario iSanidad 2022
María A. Blasco, directora científica del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)
Vivimos una etapa compleja. Las fases más duras de la pandemia han quedado atrás, pero en el escenario siguen presentes una economía convulsa, los conflictos bélicos y, envolviéndolo todo, la grave crisis ambiental con sus múltiples caras, desde los eventos climáticos extremos a la pérdida acuciante de biodiversidad. Cada uno de estos elementos nos afecta a todos, directa e indirectamente. Son factores transversales, estrechamente interconectados con muchos otros que determinan nuestra vida y, por ello, no debe sorprender su relación, también, con la incidencia del cáncer, la enfermedad que la Organización Mundial de la Salud señala como la principal causa de muerte en el mundo.

En 2020 se atribuyeron al cáncer casi 10 millones de fallecimientos, es decir, casi uno de cada seis de los registrados. Sabemos, además, que la incidencia del cáncer, en sus múltiples versiones –el cáncer son en realidad muchas enfermedades distintas-, va en aumento. Esto se debe al envejecimiento de la población y probablemente también a la exposición creciente a carcinógenos ambientales, como explicó en una reciente conferencia en el CNIO Elisabete Weiderpass, directora de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC).

Por eso es hoy más relevante que nunca uno de nuestros lemas en el CNIO: A más investigación, menos cáncer. La solidez de esta afirmación nace de los cada vez mejores resultados que se están obteniendo en los tratamientos contra el cáncer. Pero también en los avances en cuanto a prevención. Sabemos que entre el 40% y el 50% de los cánceres pueden prevenirse.

Están, por supuesto, los relacionados con el tabaco: cerca del 20% de todos los cánceres están directamente ligados al tabaquismo. El alcohol es igualmente un factor importante en cerca del 5% de los cánceres, un hecho probablemente poco conocido por la población en general. Y más desconocida aún es la importancia de la dieta: hoy día no tenemos duda de que una alimentación que lleva a la obesidad es un factor de riesgo para muchos tipos de cáncer. Por ejemplo, la IARC tiene suficiente evidencia de que el consumo de carne roja y procesada aumenta el riesgo de cáncer, en particular cáncer colorrectal, de páncreas y de próstata.

La investigación es el punto de partida para detener el cáncer. E investigación es lo que mejor hacemos en el CNIO. Somos uno de los mejores centros de investigación en cáncer a escala global, tanto en número y calidad de publicaciones científicas como en desarrollos innovadores que pueden dar lugar a nuevos fármacos y terapias. Queremos entender por qué se produce el cáncer, porque sabemos que solo así aprenderemos a evitarlo y, si aparece, a detectarlo y combatirlo eficazmente.

La investigación es el punto de partida para detener el cáncer. Y es lo que mejor hacemos en el CNIO

Según el ranking Nature Index, que analiza el impacto global de la producción científica de los centros, el CNIO ocupa la segunda posición en centros monográficos de cáncer en Europa -el octavo en el mundo-, y es la única institución española entre las 20 primeras.

Pero para nosotros es igualmente prioritario hacer llegar cuanto antes a los pacientes los beneficios derivados de la investigación. Por eso el compromiso con la innovación es uno de los ejes estratégicos del CNIO, y uno de los aspectos que más nos diferencian de otras instituciones comparables a nivel nacional. En el CNIO contamos con un programa de descubrimiento de fármacos y de transferencia de tecnología, en el que llegamos a acuerdos con la industria farmacéutica para desarrollar nuevas terapias.

En la actualidad, el CNIO dispone de un portfolio acumulado de más de un centenar de aplicaciones de patente, la mitad de ellas activas, y una veintena licenciadas a empresas. Además de hacer posible que los resultados de nuestra investigación lleguen a los pacientes lo antes posible, los ingresos generados en el CNIO por esta vía se acercan a siete millones de euros en los últimos diez años. Por otra parte, las colaboraciones con empresas desde 2012 han resultado en ingresos para el centro de más de 32 millones de euros.

Es interesante resaltar, para concluir, que la mayor parte de estos beneficios muy tangibles han sido generados directamente por resultados de investigaciones de carácter básico, es decir, orientadas únicamente a generar conocimiento. Es una prueba más de algo que ya apreciamos durante la pandemia, y que no deberíamos olvidar: la ciencia salva vidas.

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