Gema Maldonado
¿Se pueden fotografiar las sensaciones de picazón, de dolor o de desesperación que causa una enfermedad? ¿Hay sonidos, imágenes, incluso danza, que puedan expresar signos y síntomas de una infección y transmitirlos hasta hacerlos sentir al espectador? Es lo que ha conseguido Eugenio Recuenco, artista, fotógrafo y paciente en varios momentos de su vida de infección por herpes zóster.
Su propia vivencia del dolor, la de otras personas, y la incertidumbre por las secuelas que pueda dejar la infección, «que es peor que el dolor en ciertos momentos» se plasman en las fotografías y proyecciones en vídeo que componen la exposición El dolor que no ves impulsada por la farmacéutica GSK.

El fotógrafo Eugenio Recuenco expresa desde su propia experiencia y a través de su mirada el dolor y la incertidumbre que le causó el herpes zóster
«He tenido varios herpes, tengo recuerdos de cómo son esos dolores, es algo que se queda y no se olvida. Quería expresar desde mi perspectiva cómo se puede visibilizar algo que no se ve y que es el sufrimiento que padece cada persona que ha tenido herpes zóster», explicaba este jueves Recuenco durante la presentación de la exposición, conducida por el periodista Juan Ramón Lucas, en La Casa del Lector de Matadero de Madrid. Cada una de las imágenes y testimonios que podían escucharse trata de mostrar el dolor que, en algunos casos, permanece durante meses después de que las lesiones se vayan. Se trata de la neuralgia postherpética, que puede llegar a durar años.
El dolor ardiente que provoca la culebrilla en una de sus localizaciones más frecuentes, la zona costal en la figura humana que «trata de irse», la aparición del herpes cuando afecta al nervio facial cerca de los oídos mostrando el dolor como rayos brillando en la cabeza o una enredadera subiendo por el cuello y la cara de una mujer, mostrando el dolor neuropático que provoca, son algunas de las representaciones que se pueden ver en las fotografías. «La expresión que recoge es una sensación perfectamente contagiosa. Puedo sentir perfectamente las espinas clavándose y el dolor resignado», describe Juan Ramón Lucas en diálogo con el fotógrafo.
Cada una de las imágenes y testimonios muestra una forma diferente del herpes zóster y busca transmitir el dolor que puede durar años, la llamada neuralgia postherpética
Ese es el fin de la exposición, que se ha inaugurado con motivo de la semana de concienciación sobre el herpes zóster que GKS y la Federación Internacional sobre el Envejecimiento (IFA) iniciaron el 27 de febrero y perdura hasta el cinco de marzo. Según un estudio publicado en 2020 en la revista BMC Infectious Diseases, una de cada tres personas mayores de 50 años va a tener algún episodio de reactivación del virus varicela-zóster, causante de la culebrilla, y del que está infectada la mayoría de la población. «Es casi como una bomba que llevamos dentro y que en cualquier momento puede estallar», recuerda Eugenio Recuenco. Él mismo temió por la visión de uno de sus ojos la última vez que tuvo herpes zóster.
«Puede aparecer en lugares especialmente complejos, como por ejemplo, el nervio trigémino, lo que puede afectar al ojo del paciente y afectarle la vista», declara el Dr. Miguel Ángel Acosta, médico de familia del Servicio Madrileño de Salud. Desde este mismo año, el Ministerio de Sanidad ha recomendado a las comunidades autónomas que incluyan la vacuna frente al herpes zóster en el calendario de vacunación del adulto. Las comunidades autónomas han empezado con el proceso de vacunación en grupos de riesgo y en mayores de 65 años.









