Redacción
La insuficiencia cardiaca (IC) es la primera causa de ingreso hospitalario en personas de más de 65 años. En España, se estima que en 2030 podría haber más de un millón de persona con esta patología. La insuficiencia cardiaca está condicionada por otras patologías y se debe tener una visión global, integral y multidisciplinar del paciente, tratándolo más allá del corazón, teniendo en cuenta el resto de órganos y aparatos. Así se ha puesto de manifiesto en dos mesas redondas celebradas en el 44º Congreso Nacional de medicina interna de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), en las que médicos internistas han pedido aplicar un nuevo paradigma para tratar la insuficiencia cardiaca con nuevas moléculas que reducen su mortalidad.
La IC es la primera causa de hospitalización tras los 65 años, y va ligada a patologías como la diabetes, la hipertensión o la obesidad, que también deben tratarse
La insuficiencia cardiaca tiene una prevalencia muy alta, por lo que constituye un grave problema de salud pública. Además, está relacionada con diversas enfermedades o comorbilidades, como la diabetes, la hipertensión arterial (HTA) o la obesidad, muy frecuentes en personas de edad avanzada. Los pacientes con IC notan disnea y fatiga y no empiezan a preocuparse hasta que tienen edemas. La disnea suele desarrollarse más lentamente, por lo que hay una acomodación por parte de los pacientes e, incluso, cuando esta patología cardiaca se encuentra en sus fases iniciales, este síntoma puede confundirse y atribuirse a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc). En cambio, ante la aparición de un síntoma tan llamativo como la hinchazón de los tobillos, los pacientes se asustan y deciden consultar al médico.
El Dr. Jesús Manuel Casado, coordinador del Grupo de Trabajo de IC y Fibrilación Auricular de la SEMI y comoderador de la primera mesa redonda, titulada Insuficiencia cardíaca en el paciente pluripatológico, ha destacado que, según el nuevo paradigma de atención a la IC en estos pacientes “es preciso coordinarse con otros compañeros y especialidades médicas que atienden al paciente más allá de la IC, lo que es un reto para lograr un manejo global, integral y multidisciplinar de la IC”.
Se estima que en 2030 podría haber más de un millón de personas con esta patología en España
En la misma mesa, se ha destacado la importancia de tratar la IC con fracción de eyección preservada, casos en los que el corazón expulsa bien la sangre, pero sufre una pérdida de elasticidad. Afecta a más del 50% de los pacientes con IC, es la más prevalente en medicina interna y, además de la disfunción del corazón, se acompaña de insuficiencia renal crónica, fibrilación auricular, anemia y las comorbilidades asociadas a la IC. Ahora se conoce que la mortalidad de los pacientes con IC de fracción de eyección preservada es parecida a la de los que tienen IC deprimida y que, por tanto, hay que tratar este tipo de IC.
Recientemente, el paradigma del manejo de la IC ha cambiado radicalmente, tras la última actualización de la Guía Europea de Insuficiencia Cardiaca de la European Society of Cardiology (ESC), con la aparición de nuevas moléculas, los inhibidores i-SLGT2, que han demostrado reducir la mortalidad en los pacientes con IC y fracción de eyección preservada.
Nutrición y corazón
En la segunda mesa redonda titulada Nutrición y corazón, moderada por la Dra. Elena Escudero Álvarez, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Infanta Sofía de Madrid), se ha planteado la dicotomía ¿influye el estado nutricional en la evolución de la IC? e ¿influye la IC en la evolución del estado nutricional?
El déficit de micronutrientes puede conducir al empeoramiento de la IC y la IC también es una condición que puede llevar a la desnutrición
Respecto a la primera pregunta, se ha expuesto que existen una serie de micronutrientes, cuya carencia, va a conllevar un empeoramiento de la función cardiaca: antioxidantes, como la vitamina B1, cuyo déficit deteriora el metabolismo de los hidratos de carbono; el selenio, que ejecuta una gran actividad antioxidante y antiinflamatoria y que, si es deficitario, puede conducir al desarrollo de una disfunción cardiaca; la L-carnitina, muy relacionada con el mundo del deporte, que influye en el metabolismo de los ácidos grasos, y de la glucosa por parte del musculo cardiaco; la taurina, que fortalece el corazón en distintos aspectos; o la coenzima Q-10, que participa en procesos metabólicos antioxidantes o antiinflamatorios.
“Podemos afirmar que el déficit de micronutrientes favorece el empeoramiento de la IC. Pero, esta es una enfermedad multifactorial, en la que múltiples comorbilidades como la diabetes, la obesidad o la HTA, tienen un papel importante. Existe una reconocida asociación entre las enfermedades crónicas y el deterioro del estado nutricional”, ha comentado la Dra. Escudero.
Respecto a la segunda pregunta, la Dra. Escudero ha explicado que “todos los pacientes con IC crónica están más expuestos que la población general de su misma edad a desarrollar una desnutrición. La IC, por sí misma, favorece la desnutrición”. La disfunción cardiaca derecha va a producir edema de la pared intestinal con la consiguiente malabsorción e incremento de la actividad inflamatoria que acabara provocando desnutrición energético-proteica que puede progresar hasta la caquexia cardiaca. Por otra parte, al ser frecuentes las comorbilidades pueden acabar desarrollando una situación de fragilidad con pérdida de masa magra (sarcopenia), debilidad y baja resistencia al ejercicio. Todo ello lleva a una reducción de la actividad que empeorará la sarcopenia.
Los pacientes deben modificar su estilo de vida, siguiendo una dieta mediterránea, baja en sodio, con un aporte proteico suficiente, y combinarla con ejercicio físico de fuerza y anaeróbico
Para evitar el déficit nutricional, los pacientes con IC deben modificar su estilo de vida, incorporando la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva y pescado azules (con omega 3); baja en sal, de hasta 4 gr de sodio; con un aporte proteico de origen animal (presente en la leche, los huevos, la carne y el pescado), que nunca debe ser inferior a 1 gr por kg de peso y día. Es importante garantizar el consumo de proteína, ya que, a medida que avanza la edad, aumenta la preferencia por los hidratos de carbono y se rechazan las proteínas.
La dieta mediterránea debe asociarse al ejercicio físico anaeróbico y de fuerza, como caminar y ejercicios con mancuernas. Si el paciente está desnutrido o en riesgo de desnutrición, pueden estar indicadas la nutrición enteral o suplementación hipercalórica e hiperproteica. En algunos casos puede incluso estar indicada la nutrición parenteral. En cuanto al peso corporal, se debe ser más exigente en el mantenimiento de un índice de masa corporal (IMC) de 24 o 25, en población menor de 65 años, mientras que, en población mayor de 65 años, se debe flexibilizar esta exigencia, porque la excesiva delgadez o pérdida de peso se asocia a un aumento de la mortalidad a largo plazo. Por ello, a partir de los 65-70 años un IMC de 2-25 25-29 se considera normal. Es prioritario evitar la desnutrición de los pacientes.










