Luis de Haro, director general de iSanidad
La propuesta de reforma del Estatuto anunciada desde el Ministerio parece legislar en contra de los intereses del propio médico. El interés por obligar a elegir entre sanidad pública y privada es una materia casi exclusiva del poder político. El médico de a pie, la enfermera o el paciente no tiene interés en luchar a favor de la sanidad pública o contra la sanidad privada. Lo que sí sabemos que quiere es una mejor sanidad.
La propuesta de reforma del Estatuto anunciada desde el Ministerio parece legislar en contra de los intereses del propio médico
El Sindicato Médico Andaluz ha asegurado que “la reforma del Estatuto en los términos anunciados por la ministra no sólo lesionaría derechos básicos de nuestro colectivo en materia profesional, laboral y retributiva; sino que podría atentar contra libertades esenciales de las personas”. Es el caso de la supuesta obligación de que los primeros cinco años que trabajen los médicos para la sanidad pública tras terminar la especialidad sea en régimen de exclusividad. Tampoco los jefes de servicio están muy contentos con tener que elegir entre pública o privada. Unos y otros están que arden.
Seguramente el Ministerio puede intentar que salga adelante su propuesta, pero parece que va en contra del médico. Si el motivo es ideológico lo mejor es hacer saber al colectivo sanitario que van a ser parte del circo. Quizá podrían llevar a cabo una consulta para saber la opinión de los que trabajan en gestión, dirección y jefaturas de servicio de los hospitales, también a los MIR. Es mejor no preguntarse cuestiones tan importantes como qué pasaría si los jefes de servicio deciden apostar por una carrera en la sanidad privada en lugar de la sanidad pública. Entonces, ¿qué hará el Ministerio? Sería bueno saber por qué su objetivo es “prevenir conflictos de interés y garantizar que quienes rigen y gestionan tengan dedicación exclusiva”. La falta de libertad que propone esta reforma del Estatuto Marco es algo que habría que combatir, no incentivar.
¿Qué pasaría si los jefes de servicio deciden apostar por una carrera en la sanidad privada en lugar de la sanidad pública?
Pero por otro lado, si van a pagar esta exclusividad, ¿de dónde van a sacar las partidas presupuestarias? La ministra ha reconocido que no sabe ni a cuantos médicos afecta ni cuanto sería el coste de la exclusividad. Invertir los 1.000 millones de la reversión de Muface, invertir en exclusividad de los jefes de servicio… parece que el dinero sobra, aunque no sea de nadie. Imaginar una sanidad pública sin el complemento de la privada no se puede hacer sin más. No solo hay que pensar en las consecuencias políticas, hay que pensar en las económicas, las clínicas e incluso las sociales. No debemos olvidar que el sistema sanitario público tiene graves problemas con las listas de espera, la retención de talento, renovación de equipamiento tecnológico o falta de enfermeras. El tiempo y el presupuesto hay que dedicarlo a mejorar el sistema.










