Gema Maldonado Cantero
Fotos: Gabriela Vázquez
El cáncer de mama no es rosa. No se cansan de decirlo las pacientes que viven con este huésped indeseado o que lo han pasado. Su pronóstico ha mejorado muchísimo en las últimas décadas. La supervivencia a cinco años se eleva por encima del 82%. Pero, al camino por recorrer en el tratamiento de la enfermedad le siguen quedando kilómetros. Muy especialmente en el cáncer de mama metastásico. Y esto lo saben bien los médicos e investigadores que tratan cada día a las pacientes.
«El cáncer de mama es un lazo negro siempre. Es verdad que muchas veces se cura, pero un diagnóstico de cáncer es una espada de Damocles que se clava, el diagnóstico es de por vida». Esta afirmación es del Dr. Javier Cortés, director del International Breast Cancer Center-Pangaea Oncology en Barcelona, y director del IOB Institute of Oncology Madrid, acostumbrado a ver pacientes en consulta, donde comparten con él «el miedo» que experimentan en cada revisión.
En su paso por el pódcast de iSanidad, este investigador, situado en el top cuatro de expertos a nivel mundial en cáncer de mama y considerado el mayor conocedor sobre el subtipo tumoral HER2 positivo, según el ranking internacional Expertscape, compartió la «absoluta excitación» con la que vive la llegada de un nuevo tratamiento que pueda aplicarse a casos en los que parecía que ya había «poco que hacer». «Aparece un nuevo fármaco y, de repente, tenemos respuestas espectaculares y muy duraderas».
“Es probable que con la biopsia líquida podamos dar segundas oportunidades de curaciones»
Cuenta que lo ha visto con la llegada de la inmunoterapia, de los inmunoconjugados y fármacos dirigidos a dianas específicas. Y se muestra esperanzado con lo que puede aportar en los próximos años la biopsia líquida. «Me atrevería a anticipar que es probable que con la biopsia líquida podamos dar segundas oportunidades de curaciones a pacientes que en unos meses iban a tener metástasis», apunta.
Esa es «la parte dulce» de su profesión. Pero también lidia con la cara más agria, porque hay pacientes «que siguen muriendo». Estas mujeres, en su mayoría lo son, aunque no hay que olvidar a ese cerca del 1% de pacientes que son varones, necesitan que la ciencia no pare y que cada una de ellas pueda recibir el mejor tratamiento posible en su caso. Y esto último, para el Dr. Cortés «claramente no» está ocurriendo. «La inequidad es lo que caracteriza la sanidad y todos sabemos que algunas comunidades hay tratamientos que no están permitidos», afirma.
“Todos sabemos que en algunas comunidades hay tratamientos del cáncer que no están permitidos»
Son varios los factores que influyen. Por una parte, el alto precio de muchos de estos tratamientos retrasa su aprobación, algo que «no podemos permitir en un país en el que presumimos de una buena sanidad. No olvidemos que cada día o cada mes que no se pone un fármaco, son pacientes que se pueden morir». Por otra parte, no siempre se hace el mejor abordaje posible, algo que tiene que ver con la variabilidad médica. Por eso, insiste en la importancia de la segunda opinión. «Si la primera opinión ha sido en un centro privado, que se haga una segunda en un hospital público. Y viceversa. Y si puede cambiar de comunidad, todavía mejor», afirma.
En el camino por recorrer para ir venciendo las necesidades no cubiertas de estas pacientes, el investigador cita en primer lugar la necesidad de «volver a humanizar la medicina», de encontrar la manera de que todos los especialistas que abordan el cáncer reciban «formación continuada» para estar al día de los últimos conocimientos para buscar la mejor estrategia para cada paciente, teniendo en cuenta que «los mejores tratamientos no siempre son los últimos que han aparecido», apunta.
“Cada día que no se pone un fármaco, hay pacientes que pueden morir”
Por último, señala que administraciones, industria, sanidad y pacientes deben «buscar áreas de encuentro donde entendamos que no va a haber pacientes de primera y de segunda, y que en todos los sitios de España debería tratarse el cáncer de forma similar, al menos, en cuanto a oportunidades».











