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La libertad económica no existe ni en la sanidad pública, que no es gratuita

El libro ‘Viaje a la libertad económica. Por qué el gasto esclaviza y la austeridad libera‘ de Daniel Lacalle* cuenta de manera sencilla como en la sanidad pública, desde que se transfirieron a las Comunidades Autónomas las competencias, los gastos se han doblado, sin embargo, lo que a cualquier persona consciente o que tenga entre sus principios un aprecio hacia el ahorro y no malgastar dinero le escandalizaría, en España se “echan balones fuera” con la justificación de que ese coste es en sanidad, o también en educación, como si el despilfarro no existiese o hubiera coto libre para ello.

La sanidad pública no es gratuita, y es que la pagamos por adelantado en los impuestos, en pocas palabras, nos cuesta. Quien no quiera entender y asumir esta premisa es que vive en otra “realidad” paralela. Según Eurostat, España gasta en sanidad 1.463 euros por habitante, 631 euros menos que la media de la eurozona, que se fija en 2.094 euros.

No se puede negar, por tanto, que por parte de las autoridades competentes hay un gasto y una inversión en sanidad, sin embargo, la OMS advIerte que “entre el 20% y el 40% del gasto sanitario se pierde por la ineficiencia del sistema de salud”, ineficiencia en forma de gasto excesivo en fármacos caros, mala utilización de los sistemas hospitalarios y el exceso de pruebas médicas. Aquí se plantea la pregunta del millón: ¿Si se invirtiera más dinero habría menos despilfarro o más?

Sí sirve de respuesta, el informe bienal de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, elaborado por 56 médicos, mantienen la postura de que más financiación no es la solución. Juan Oliva, editor del informe, comentaba al diario El País en el año 2011 que “los servicios sanitarios viven inmersos en la cultura del despilfarro” priorizando más la construcción de nuevos hospitales, el uso excesivo de pruebas médicas y nuevas tecnologías.

El 17% del coste en farmacia es en medicamentos contra la hipertensión y el colesterol, un gasto que supone el 5% del corriente en sanidad, sin embargo a pesar de inversión tan solamente el 40% de la población cumple el tratamiento. Si esto ya es hiriente para las arcas del estado y por ende para la de los ciudadanos, más lo es cuando se sabe que estas enfermedades serían prevenibles si aplicasen políticas buenas de concienciación de la salud pública, algo en lo que en España se dedica solo el 1,3% del gasto en sanidad.

Para Lacalle, es de enorme importancia analizar dónde y por qué se gasta mal para no caer en soluciones baldías que como siempre se reducen a dar más fondos. Para contextualizar este aspecto pone el ejemplo de Suiza, un país que rechazó en referéndum (más del 70% de los votos) la creación de un sistema de seguridad social nacional que implicaría un mayor gasto, para decantarse por mantener la cobertura en todo el país de seguros médicos particulares. En cuatro años es la segunda vez que el país helvético se muestra partidario de un sistema de sanidad privado con una sólida estructura (87 empresas), ya que el coste es menor, y la asistencia que reciben los ciudadanos es de mayor calidad.

La legislación suiza establece que todos los ciudadanos, incluidos los recién nacidos, han de contar con un seguro médico que les cubra, pero no a la familia. Esta condición sine qua non, según el autor, en España sería compatible con el actual sistema de seguridad social pública.

*Daniel Lacalle, economista, gestor de fondos y colaborador entre otros medios de El Confidencial, El Mundo y The Wall Street Journal
..Emilio Ramirez