Dr. Antonio G. García, médico y catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la Fundación Teófilo Hernando.
Me gusta el medicamento. Me ayuda a vivir más y mejor, con una mayor calidad de vida. Cualquier dolencia, pequeña o mayor, nos sumerge en una vida miserable. Un simple dolor de muelas que no nos deja dormir; una gastroenteritis vírica; un estreñimiento pertinaz; una infección de las mil posibles; una crisis asmática; un dolor precordial por un proceso isquémico-miocárdico; un tromboembolismo venoso; una picadura de un insecto; la alergia de la primavera; la pérdida de la ilusión de vivir que acompaña a la depresión mayor; la amenaza de uno de los numerosos cánceres que nos acosan… Ahí está el medicamento para paliar tantas posibles dolencias, para devolvernos la ilusión de una nueva mañana, soleada o con lluvia, para ir al trabajo con optimismo, para charlar con los amigos, para pasear o ir al teatro, para vivir de espaldas a la enfermedad, con ánimo, con alegría, con calidad de vida. El medicamento ayuda. A veces cura. Otras, mitiga el sufrimiento. Y aún otras nos abre la puerta a la esperanza de vivir, incluso ante la amenaza de una grave enfermedad. A veces hace daño; pero casi siempre, la relación entre su beneficio y el riesgo de una indeseada reacción adversa está a favor del primero, ya que llega a nuestras manos con la bendición de la autoridad sanitaria.
Hoy sobreviven dos de esas revistas, ‘Actualidad en Farmacología y Terapéutica’ (AFT) y ‘Prescripción de Fármacos’
He estado tan convencido de las bondades del medicamento que desde que inicié mis actividades como profesor de farmacología en la Universidad de Valladolid, vencida la mitad de la década de 1970, he buscado las mil maneras de darlas a conocer lo mejor posible a los médicos en particular y a todo el variado personal sanitario que maneja esta «espada de doble filo», en general. Y lo he hecho valiéndome de distintos medios, pero sobre todo con la creación de revistas farmacoterápicas con enfoques clínicos. Algunas de ellas que tuvieron sus momentos de esplendor, pero que luego se acabaron cerrando; tales fueron los casos de las revistas Farmacoterapia y Farmacología del SNC, la primera de carácter general y la segunda enfocada a esa bellísima y estimulante temática de la neuropsicofarmacología. ¿Habrá algo más espectacular y «misterioso» que el hecho de calmar en unos segundos la agresividad y agitación de un esquizofrénico con unos miligramos de haloperidol intravenoso? ¿O el de practicar a un paciente una intervención cardiaca con circulación extracorpórea, durante horas, sin dolor y sin conciencia? El «milagro» del fármaco, esa pequeña molécula que se une a otra más grande, el receptor, para corregir una defectuosa vía patogénica en el organismo y sanar al paciente que sufre.
Desde ámbitos universitarios y hospitalarios he puesto en marcha iniciativas para mostrar esa doble cara del medicamento, su eficacia versus su riesgo.
Tiempo ha, mis colaboradores y yo creamos las revistas Farmacoterapia y Farmacología del SNC de la mano de la editorial EDIMSA; estuvieron vivas desde mediados de la década de 1980 hasta finales del siglo pasado. Cerraron por falta de apoyos comerciales, particularmente de anuncios. Quizás la llegada de internet cambió las estrategias publicitarias de las empresas farmacéuticas o quizás no se acertó en la traslación de los contenidos de las revistas del papel al soporte electrónico. Otra posibilidad es que las revistas que actualizan los avances farmacoterápicos puedan expresar opiniones controvertidas acerca de la relación beneficio/riesgo de los fármacos, aspecto este que solo el laboratorio propietario de un determinado fármaco quiera tratar. En cualquier caso, fuera lo que fuere, el hecho es que aquellas dos aventuras editoriales fueron extinguiéndose durante sus casi dos décadas de vida.
Pero el mundo no se acaba cuando se cierra una puerta; otra se abre y nos permite de nuevo disfrutar de una bocanada de aire fresco. La Fundación Teófilo Hernando (FTH), a la que mis colaboradores y yo, con el apoyo de la familia Hernando, dimos vida en 1996 con el egregio nombre del adelantado de la farmacología española, tomó la batuta de la difusión del medicamento con los más variados medios y soportes. Entre otras muchas iniciativas para dar a conocer los avances farmacoterápicos más diversos en todos los campos de la medicina, en 2004 la FTH registró la cabecera de una nueva revista que se dio en llamar Actualidad en Farmacología y Terapéutica, conocida con el acrónimo AFT. En una visita que me hizo mi recordado amigo, excelente farmacólogo de la Universidad de Málaga, profesor Felipe Sánchez de la Cuesta, acordamos que la FTH y la Sociedad Española de Farmacología (SEF) colaboráramos para dar vida a AFT. Por entonces, Felipe presidía la SEF y también una fundación asociada a la SEF, la llamada Fundación Española de Farmacología (FEF). Desde entonces, AFT se ha gestionado desde la FTH, aunque la colaboración con miembros de la SEF y sus sucesivos presidentes ha sido y es muy eficaz y cordial. Durante unos años la edición se hizo en soporte de papel; sin embargo, los costes de impresión y, sobre todo, de distribución obligaron a abandonar el papel y a utilizar el soporte electrónico.
La creación de revistas de contenidos farmacoterápicos ha sido una de esas iniciativas
La revista AFT se edita con frecuencia trimestral y puede consultarse abierta y gratuitamente en la dirección de internet de la FTH (www.fth.es) y de la SEF (www.socesfar.com). Resumo a continuación los variados e interesantes contenidos del último número de diciembre de 2024 vol. 22-Nº4. Cada número da comienzo con un editorial del presidente de la SEF, en este caso, el profesor Antonio Rodríguez Artalejo, catedrático de Farmacología de la Universidad Complutense de Madrid. Su editorial, «Poner cara» versa sobre la típica expresión facial del dolor, que hoy se puede analizar experimentalmente para el estudio de nuevos analgésicos. Hace también una incursión más psiquiátrica aludiendo a los pacientes con agnosia visual que ilustra con el libro de Oliver Sacks El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, paradigma de un paciente, el doctor T, que carecía de un verdadero yo visual. Finalmente, en su interesante editorial Antonio hace una alusión al último Congreso de la SEF, el 41, celebrado en Palma de Mallorca en septiembre del 2024.
En mi condición de director de AFT, presenté un editorial resumiendo otro interesante congreso relacionado con la neurociencia, las enfermedades del sistema nervioso, la neurodegeneración y la neuroprotección farmacológica. El GENN-44 (acrónimo de Grupo Español de Neurotransmisión y Neuroprotección) se celebró en medio de un auténtico y denso bosque, en el balneario de Elgorriaga, en el corazón del exuberante valle navarro de Baztán. Este editorial se siguió de otros editoriales invitados que trataron, desde una óptica personal, temas tan variados como el diseño computacional de macrociclos, el premio nobel de Medicina 2024 a los descubridores de los microRNA o un comentario sobre el fallecimiento de María Isabel Martín Fontelles, una farmacóloga clínica de la Complutense. Un interesante editorial es el relacionado con la centenaria aspirina en prevención primaria cardiovascular, escrito por Francisco J. de Abajo, catedrático de Farmacología clínica de la Universidad de Alcalá de Henares, y las dudas que plantea esta indicación. Finalmente, el editorial del doctor Carlos J. Herrero, director de I+D de fármacos en las etapas tempranas de desarrollo clínico, a nivel europeo, en Johnson & Johnson, es una verdadera joya de desarrollo profesional redactado en primera persona. Un ejemplo de cómo se llega, desde el laboratorio universitario y la tesis doctoral, a un puesto de investigación clínica de tanta responsabilidad.
Dos de esas revistas pasaron por momentos de esplendor, pero luego se extinguieron
En la sección de «Artículos» destacan el que se refiere a las mucinas como nuevas herramientas para el diagnóstico y tratamiento del cáncer (Julio Cortijo y col., Universidad de Valencia), el del tratamiento de la malaria (Wilson C. Santos y col., Universidad Federal Fluminense, Brasil) o el que trata de un nuevo analgésico, la suzetrigina, primero en su mecanismo de acción bloqueando el canal de sodio Nav1.8 (Adrián Gironda-Martínez y col.), que podría abrir un nuevo capítulo en el tratamiento del dolor con fármacos no adictivos.
En otras secciones de AFT se comentan ensayos clínicos recientes y fármacos que acaban de aprobarse por las agencias reguladoras o que están en fases avanzadas de investigación. También aparece la sección de educación continuada con cinco casos clínicos farmacoterápicos y sus correspondientes respuestas razonadas. Por último, AFT no se olvida de las humanidades, tan importantes en un mundo médico-asistencial tan tecnificado y termina su número de diciembre pasado con una poesía, «En la sombra» de Evaristo Carriego, comentada por Enrique Barbero en el libro Recetario poético de los estudiantes de Medicina de la UAM.
En el sentir de don Teófilo Hernando, el medicamento debe ocupar el núcleo central del acto médico; no en vano lo que busca el paciente al acudir a su médico es una solución terapéutica para su enfermedad.
Hay una segunda revista que creamos el profesor Francisco Abad y yo, cuando en 1996 nos incorporamos al madrileño Hospital de La Princesa, vinculado a la Universidad Autónoma de Madrid, para dar vida al Servicio de Farmacología Clínica. La bautizamos con el nombre de Prescripción de Fármacos, pues en sus 28 años de vida ha recogido en sus páginas los problemas inherentes al acto médico farmacoterápico detectados en el hospital. La revista PdF se edita en el marco de una colaboración entre el Servicio de Farmacología Clínica y la FTH, tiene periodicidad bimestral y puede consultarse en la web del hospital (pronto también en la de la FTH).
¿Por qué en la reflexión que mensualmente hago en iSanidad encaja esta sobre AFT y el medicamento? Pues sencillamente porque sus médicos lectores manejan a diario esta herramienta farmacoterápica, en las dolencias del aparato digestivo, del cerebro, del renal, del cardiopulmonar, de la piel, en la infección, en el cáncer o en la miríada de procesos inflamatorios que nos atormentan.
Creo que hay que escribir y leer más sobre el medicamento, eje central del acto médico-terapéutico que es, en última instancia, lo que busca el paciente, la curación de su enfermedad o su alivio. Se escribe mucho, ciertamente, en revistas internacionales de farmacología y farmacia (hay casi 400) y, muy esporádicamente, en revistas clínicas. Pero hay que escribir y leer más, mucho más, sobre el medicamento en sí y, por supuesto, en el contexto de la enfermedad. Nosotros, desde la Fundación Teófilo Hernando, hemos apoyado este desiderátum desde hace décadas. En nuestra hermosa lengua española, tenemos más de 500 millones de potenciales lectores en todo el mundo. La revista AFT quiere acercar sus mensajes sobre el medicamento al menos a médicos, enfermeros y farmacéuticos de España, Portugal y toda Latinoamérica. No sabemos a cuantas personas llega. Lo que sí sabemos es que no cejaremos en nuestro empeño de poner al medicamento en el primer plano del acto médico. Porque así ha de ser, dada su relevancia e impacto social y porque ya hace 100 años que don Teófilo Hernando lo ubicaba en el centro de la atención médica.






