Hacia una plataforma de continuidad socioasistencial que nos permita reaccionar a tiempo

Juan José Afonso, director general de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios en España

Anuario iSanidad 2024
Juan José Afonso, director general de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios en España
Durante años, se ha venido insistiendo en la necesidad de evolucionar hacia un modelo de continuidad asistencial que de veras sitúe al paciente en el centro del sistema, eso de lo que mucho se habla, aunque, permítanme la apreciación, no siempre con verdadera convicción. En San Juan de Dios España estamos convencidos de los beneficios de esta fórmula que nos hace más eficientes y eficaces, con un claro beneficio para el paciente.

Sin embargo, creo sinceramente, que aún deberíamos, y en esas estamos, dar un paso más e ir del paciente como centro de nuestra atención a la persona, es decir, evolucionar hacia un modelo de continuidad más ambicioso, hacia una plataforma de continuidad socioasistencial.

Una plataforma que incorpore un enfoque integral que tenga en cuenta no sólo el proceso de enfermedad sino todo lo que la rodea y hacerlo en un contexto de envejecimiento en el que cada vez vivimos más, pero, seamos honestos, no siempre con la calidad que debiera.

Si queremos que a esa longevidad la acompañen también la dignidad y las ganas de seguir viviendo, que al final es de lo que se trata, debemos apostar por un enfoque holístico

Si queremos que a esa longevidad la acompañen también la dignidad y las ganas de seguir viviendo, que al final es de lo que se trata, debemos apostar por un enfoque holístico de la persona en todas las etapas de la vida, con especial atención a la vulnerabilidad: infancia, personas mayores, sin hogar, con problemas de salud mental…

Y para alcanzar esa meta, reconozco ambiciosa, pero en absoluto imposible, debemos prestar atención a todo aquello que rodea a la persona cuando llega a nosotros, sea por la vía que sea e independientemente del motivo.

Esto, por supuesto, requiere del compromiso de nuestras organizaciones, de ser capaces de involucrar a nuestros profesionales y de una sistematización que permita implementarlo. Hay que sensibilizar, aunque no basta, debemos también generar los procesos que permitan su puesta en marcha.

Durante años, se ha venido insistiendo en la necesidad de evolucionar hacia un modelo de continuidad asistencial que de veras sitúe al paciente en el centro del sistema

Y en eso, debemos ir de la mano de la innovación tecnológica y de todo. Si queremos que a esa longevidad la acompañen también la dignidad y las ganas de seguir viviendo se ha venido insistiendo en la necesidad de evolucionar hacia un modelo de continuidad asistencial que de veras sitúe al paciente en el centro del sistema viendo, que al final es de lo que se trata, debemos apostar por un enfoque holístico de la persona en todas las etapas de la vida, con especial atención a la vulnerabilidad: infancia, personas mayores, sin hogar, con problemas de salud mental…

Y para alcanzar esa meta, reconozco ambiciosa, pero en absoluto imposible, debemos prestar atención a todo lo que la inteligencia artificial (IA), sin perder nuestra esencia, puede aportarnos. Hablamos, como decía, de ir más allá, de prestar atención a aquello que a veces se pasa por alto y que, sin embargo, tiene un gran impacto en términos no sólo de salud sino de bienestar general, bien porque nos permita prevenir la enfermedad, bien porque contribuya a un envejecimiento más saludable o a una mejor gestión emocional y espiritual de nuestra vida.

Esta necesidad, yo diría imperiosa, se advierte claramente si observamos la realidad de muchos de nuestros mayores. Hace tiempo que en San Juan de Dios venimos poniendo el acento en el problema que supone la soledad no deseada, una situación que dentro de este colectivo afecta a dos de cada 10 personas.

Imaginemos, no les hará falta irse muy lejos pues es el día a día de muchas personas, a una mujer mayor que vive sola en un cuarto piso, su movilidad es reducida y en su edificio no hay ascensor. Sus hijos no están ahí para cuidarla, quizás residen en otra ciudad, quizás sus horarios de trabajo no les permitan asistirla como precisa.

Esta mujer deja de ir al mercado a comprar productos frescos porque ir cada día supone un esfuerzo físico que no puede asumir. Poco a poco quizás tampoco vaya al supermercado por el mismo motivo. Y su cesta de la compra irá virando de los productos frescos y perecederos hacia una bollería industrial que la sacia igualmente y aguanta “sin protestar” en la despensa.

Además, su dentadura ya no es la que era y como su pensión no le da para ir al dentista y tampoco tiene quien la acompañe, mejor magdalenas y leche que una merluza al horno porque, hay que añadir, no tiene ya ni fuerzas ni ganas para cocinar. No hace falta explicar el deterioro que esta alimentación puede suponer para esta mujer cuyo aislamiento es cada vez mayor y la cascada de problemas que tarde o temprano empezarán a aflorar.

Cinco minutos más en consulta la última vez que fue a tomarse la tensión hubieran sido suficientes para advertir esta situación. Como lo pueden ser para darse cuenta del entorno desestructurado de esa niña con dolores recurrentes de barriga o del hombre de mediana edad que ha vuelto a fumar y se ha quedado sin trabajo. Y para ello, es preciso que actuemos dentro de ese marco de continuidad socioasistencial, un marco dotado de recursos que permita advertir y reaccionar a tiempo.

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