La calidad como estrategia de supervivencia del sistema sanitario

Dra. Inmaculada Mediavilla, presidenta de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA)

Anuario iSanidad 2024
Dra. Inmaculada Mediavilla, presidenta de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA)
Existe un cierto consenso en la sociedad actual sobre la necesidad urgente de una reforma drástica del sistema sanitario. Comunidad científica, organizaciones profesionales, partidos políticos y opinión pública parecen coincidir en que el sistema actual requiere una profunda transformación que permita preservar los principios de equidad, calidad y participación, garantizando al mismo tiempo su sostenibilidad a largo plazo.

Sin embargo, esta convergencia de distintas opiniones y puntos de vista hacia la misma conclusión tiende a simplificar el diagnóstico en el discurso público y a poner el foco en soluciones parciales, a menudo dictadas por la urgencia de lo inmediato, que terminan por posponer un debate serio y complejo sobre el estado de salud del sistema.

La verdad es que todavía quizás no seamos conscientes de cuán profunda debe ser esa transformación. El estado del sistema y su pronóstico a medio plazo no permiten seguir especulando sobre dónde actuar y qué mejorar. Este sistema ya no necesita una mejora, necesita una renovación general.

El estado del sistema y su pronóstico a medio plazo no permiten seguir especulando sobre dónde actuar y qué mejorar. Este sistema ya no necesita una mejora, necesita una renovación general

Las amenazas y los retos que nos esperan son mayúsculos, a partir de las tensiones sobre el gasto sanitario propulsadas por los avances tecnológicos de altísimo coste, que no siempre valen lo que cuestan, a las potencialidades, pero también los riesgos, de la inteligencia artificial (IA) y su impacto sobre la calidad y la humanización.

A esto se añaden las relaciones entre las organizaciones sanitarias públicas y privadas, el nuevo papel, más protagonista, de la Unión Europea de la Salud, con cambios disruptivos en la regulación farmacéutica y en el Espacio Europeo de Datos Sanitarios, e incluso la responsabilidad del sector sanitario en la descarbonización del planeta y la sostenibilidad medioambiental. Y, de fondo, como no, el proceso de envejecimiento demográfico, la crisis del estado del bienestar y los nuevos desafíos de la salud pública global.

Como podemos observar, el alcance de sus problemas económicos, de resultados en salud, de tensiones y conflictos internos – es tal que su única vía de conservación es la evolución. No es una tarea fácil. Las transformaciones profundas requieren capacidad y voluntad de adaptación al cambio, compromiso para construir consenso en torno a nuevas prioridades e ilusión para crear un proyecto compartido hacia el futuro.

Las transformaciones profundas requieren capacidad y voluntad de adaptación al cambio, compromiso para construir consenso en torno a nuevas prioridades e ilusión para crear un proyecto compartido hacia el futuro

La buena noticia es que ya conocemos la dirección a seguir. Desde hace varias décadas las organizaciones que se dedican a la calidad asistencial, como la SECA, están investigando e impulsando nuevos modelos organizativos y herramientas de transformación que permiten alcanzar nuevas cotas de eficacia y eficiencia. Innovaciones que representan un auténtico revulsivo para el sistema sanitario y que, en muchos casos, requieren abandonar una serie de creencias, falsos mitos y prejuicios que hemos ido creando a lo largo de las últimas décadas.

Superar la visión ‘hospitalocentrista’ de la salud, desmitificar el potencial de la tecnología, poner el foco en el uso adecuado de los recursos más que en su disponibilidad, romper el dualismo y los tabús sobre la colaboración público-privada, son solamente alguno de los retos culturales a los que nos enfrentamos.

Si somos capaces de afrontarlos, podremos activar el potencial transformador de los nuevos modelos, empezando por poner de verdad al paciente en el centro, revisando y asegurando sistemáticamente la adecuación de nuestras actuaciones, apostando por la normalización, la eliminación de prácticas de bajo valor y el rightcare.

Si somos capaces de afrontar los cambios, podremos activar el potencial transformador de los nuevos modelos, empezando por poner de verdad al paciente en el centro

La medicina defensiva, el sobrediagnóstico, la medicalización y la sobreactuación terapéutica no son solo fuentes de despilfarro, son estrategias equivocadas que suponen un riesgo para la propia salud de los pacientes, y que desincentivan la búsqueda de soluciones innovadoras, eficaces y seguras.

La atención basada en valor y la experiencia del paciente han supuesto un gran avance en este sentido, pero de momento el sistema solo ha absorbido una mínima parte de sus postulados. Hacen falta valentía, análisis y estrategia a largo plazo para desatar todo su potencial y empezar un viraje efectivo del sistema hacia esta nueva forma de entender la atención sanitaria.

Y en este viraje no podemos dejar a nadie atrás: la atención primaria y sociosanitaria son una pieza clave y deben ser parte activa de esta transformación, asumiendo el liderazgo que le corresponde por su capacidad de alcanzar e influir en la gran mayoría de la población, no solo con actuaciones asistenciales sino con su acción de prevención, educación y promoción de la salud.

La irrupción de la inteligencia artificial y las eternas promesas de revolución tecnológica y digital son otros elementos de transformación que debemos saber orientar, gestionando las expectativas y acompañando su implantación con nuevas fórmulas organizativas que garanticen su coste-efectividad. Debemos saber identificar las oportunidades, por ejemplo, aprovechando la capacidad de la inteligencia artificial para reducir la carga administrativa y liberar recursos para lo que realmente importa: una atención humanizada, de calidad y segura al paciente.

Debemos saber identificar las oportunidades, por ejemplo, aprovechando la capacidad de la inteligencia artificial para reducir la carga administrativa y liberar recursos

La visión global de la salud y el impacto medioambiental de las actividades del sector sanitario deben orientar la transformación del sistema hacia la perspectiva de una sola salud (One Health), que ponga de manifiesto la relación estrecha entre la salud humana y el cuidado del medioambiente, y nos inste a tomar medidas urgentes para mejorar nuestra forma de vivir en un entorno del que nuestra existencia depende a todos los niveles.

Al mismo tiempo, hay que ser conscientes de que ninguno de estos compromisos será asumible sin los recursos humanos y económicos necesarios, algo que actualmente está en cuestión por las dificultades en la financiación de nuestro sistema y el complicado relevo generacional.

En este escenario no queda otra solución que cuidar a nuestros y nuestras profesionales, poner en marcha estrategias de retención del talento y planificar el recambio en todas las especialidades. Y para ello necesitamos afrontar seriamente cuestiones como la seguridad del personal sanitario, el burnout y las condiciones retributivas de las nuevas generaciones.

Nadie dice que sea fácil. Los retos y las dificultades que nos esperan son de gran envergadura, pero tenemos las herramientas y conocimientos necesarios y, además, no parece que haya otra salida posible. El sistema sanitario está en riesgo y la calidad es su estrategia de su pervivencia.

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