Demografía y salud: una sostenibilidad responsable

Dr. Pablo Ramírez, director científico del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla

Anuario iSanidad 2024
Dr. Pablo Ramírez, director científico del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla
En el último año hemos asistido a una invasión, tan esperanzadora (para la salud) como desbordante para la economía de nuestro Sistema Sanitario, con incontables tratamientos innovadores de terapia celular (como por ejemplo, las CAR-T) o fármacos biológicos, muy eficaces en enfermedades oncológicas y no oncológicas, que se han desarrollado durante años de trabajo e inversión en los departamentos de i+D+i de sólidas empresas farmacéuticas, y que han sido testados por investigadores clínicos en nuestra red nacional de hospitales e institutos de investigación biosanitaria acreditados por el Instituto de Salud Carlos III, el Isciii (Alianza de Institutos del Isciii), tanto como pruebas de concepto y/o como ensayos clínicos tempranos.

Reconocemos la eficacia ya demostrada por las CAR-T y la inmunoterapia, no sólo en enfermedades hematológicas malignas, sino también para tumores sólidos malignos (cáncer de pulmón, disgerminomas, sarcomas, glioblastomas, etc.), que acabarán sin duda siendo acorralados por los avances que, a ritmo exponencial, proporciona la investigación biomédica.

Sin embargo, estas terapias avanzadas están amenazando gravemente la sostenibilidad del Sistema Sanitario Español y de las comunidades autónomas, debido a su potencial toxicidad financiera, que también afecta a los propios pacientes y a las compañías de seguros. Desde la Alianza de Institutos Biosanitarios del Estado español debemos responder eficazmente con ciencia aplicada. Es importante reorientar las líneas estratégicas de investigación, como se hizo con la Covid-19, coordinándolas a nivel nacional y alineándolas con las del Consejo de Europa.

Es importante reorientar las líneas estratégicas de investigación, como se hizo con la Covid-19, coordinándolas a nivel nacional y alineándolas con las del Consejo de Europa

Para ello es clave trabajar en red, nacional, europea y global, lo que ha demostrado abaratar costos y, sobre todo, aumentar la velocidad de reacción para alcanzar objetivos terapéuticos eficaces, con patentes y empresas de biotecnología propias, donde se dé cabida a la colaboración público-privada, con una inversión privada que revierta en el mantenimiento de la sostenibilidad económica del Sistema Sanitario.

En España estamos actualmente en rangos raquíticos de inversión pública en ciencia respecto al PIB, si nos comparamos con los países de nuestro entorno europeo o Estados Unidos. Necesitamos incrementar radicalmente la inversión pública en investigación biosanitaria para infraestucturas y para recursos humanos. En nuestros centros de investigación hay mucho talento para poder innovar, y debemos no solo saber retenerlo, sino también ser capaces de recuperar el que ya se ha fugado al extranjero.

En nuestros centros de Investigación hay mucho talento para poder innovar, y debemos no solo saber retenerlo, sino también ser capaces de recuperar el que se ha fugado al extranjero

Desde el IMIB (Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria), recién reacreditado por segunda vez por el Isciii para los próximos cinco años, los más de 800 investigadores que lo formamos (50% somos clínicos, médicos-científicos), trabajamos en red, no sólo con el resto de los 34 Institutos españoles de investigación biosanitaria (Alianza de Institutos, Isciii), sino también con redes y consorcios europeos y globales (ej. Red Eatris).

Es fundamental fortalecer las plataformas clínicas de investigación, especialmente los biobancos, las salas blancas y las unidades de ensayos clínicos precoces de nuestros institutos y hospitales, para poder implementar y facilitar la producción en terapia celular y génica desde los propios hospitales.

También es imprescindible la colaboración con la industria farmacéutica, ya que se reducirían, extraordinariamente los desorbitados costos de estas terapias avanzadas. Necesitamos implementar regulaciones nacionales y europeas que compatibilicen y permitan sinergias para esta colaboración público-privada, y en especial para la implicación directa de Farmaindustria en la I+D+i que se desarrolla en la red de institutos del Isciii y grandes hospitales públicos.

Resulta de especial importancia continuar implementando e integrando los avances tecnológicos de imagen y los quirúrgicos mínimamente invasivos (medicina intervencionista, cirugía robótica) en nuestros hospitales, ya que se ha demostrado que ello reduce de manera significativa la morbilidad, la estancia hospitalaria y acelera la reincorporación de los pacientes a la vida normal, contribuyendo a la sostenibilidad del sistema sanitario.

Resulta de especial importancia continuar implementando e integrando los avances tecnológicos de imagen y los quirúrgicos mínimamente invasivos en nuestros hospitales

Las organizaciones sanitarias, servicios de salud de las comunidades autónomas y los hospitales, al igual que ya hemos hecho en los institutos, debieran incorporar de forma masiva a bioinformáticos que impulsarían con la inteligencia artificial (IA), no sólo la explotación de las bases de datos clínicas de “big data” para la elaboración de guías glínicas útiles, sino también una gestión eficiente de las contrataciones de licitación pública, o de los recursos humanos.

Y es más que fundamental saber cómo incorporar y estabilizar en los hospitales a los médicos científicos que se forman con los programas especiales del Isciii (Rio Hortega, Juan Rodes). Ellos se convertirán en los futuros líderes de las líneas estratégicas de la investigación biosanitaria en nuestro país. La reciente Ley de la Ciencia ya lo con templa, pero las comunidades autónomas no hacen sus deberes.

Tampoco se entiende cómo en los baremos para plazas de médicos apenas se contemplan los méritos científicos primando excesivamente la antigüedad. En este punto, sin duda que la Alianza de Institutos del Isciii debe jugar un papel clave para instar al ministerio y a las comunidades a cumplir con estas obligaciones, desarrollando el marco legal que lo posibilite.

Finalmente, quisiera poner de relieve un aspecto que, a mi juicio, es trascendental para el éxito de la práctica médica, y que no se contrapone a los nuevos escenarios de inmersión tecnológica: integrar en cada acto médico nuestra empatía y afecto, base de la confianza en la relación médico-paciente.

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