Anuario iSanidadental 2024
Dr. Serafín Sánchez, presidente de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Seorl)
No debería resultar extraño que un otorrinolaringólogo escriba en una revista de odontología, ya que esta colaboración es más natural de lo que parece. Las dos especialidades no solo comparten una vecindad anatómica, sino también una interconexión profunda en las patologías que abordan y los tratamientos que ofrecen.
Pese a ello, en la práctica clínica diaria, a menudo operan en mundos paralelos. En este artículo, quiero tender un puente entre ambas disciplinas explorando cómo uno de los procedimientos más comunes en odontología, la expansión maxilar, tiene un impacto directo en el campo de la otorrinolaringología.
En el ámbito de la otorrinolaringología, se ha contemplado históricamente el concepto de “facies adenoidea” como un término que describe las características faciales asociadas a la obstrucción nasal crónica y la respiración oral relacionadas con enfermedades de las adenoides.
La compresión maxilar no solo afecta la dentición, sino que desencadena una cascada de consecuencias que van mucho más allá de la boca
Sin embargo, sería más preciso llamarla “facies de respirador oral”, ya que este fenómeno tiene un trasfondo multifactorial y no solo se debe a la hipertrofia adenoidea de la infancia. La compresión maxilar, que a menudo acompaña a la respiración oral, no solo afecta la dentición, sino que desencadena una cascada de consecuencias que van mucho más allá de la boca.
La obstrucción nasal obliga al cuerpo a compensarla y provoca alteraciones posturales que se hacen visibles mediante una hiperextensión cervical y una postura anómala, lo que puede causar molestias crónicas y afectar la calidad de vida. El desplazamiento horario del maxilar altera la armonía facial y se relaciona con trastornos del sueño pediátricos, incrementando los que se asocian a la hipertrofia de las amígdalas y las adenoides.
El desplazamiento horario del maxilar altera la armonía facial y se relaciona con trastornos del sueño pediátricos
La expansión maxilar se presenta, por tanto, como una solución más allá de los dientes. Hablar de soluciones siempre resulta alentador, y en este caso, la expansión maxilar se posiciona como una herramienta poderosa. Este procedimiento, tan común en odontología, tiene beneficios demostrados en múltiples áreas vinculadas a la otorrinolaringología.
Al reducir la obstrucción nasal y aumentar el flujo nasal en niños y adultos, mejora notablemente la respiración subjetiva y objetiva. Un metaanálisis liderado por el Dr. Christian Guilleminault destacó que la expansión maxilar reduce significativamente los episodios de apnea obstructiva del sueño en niños, especialmente cuando las amígdalas no son el problema principal.
La mejora de la calidad del sueño con la expansión maxilar también ayuda a reducir la enuresis nocturna. El desarrollo vertical del rostro produce un impacto estético que puede influir en la forma de la nariz, dando lugar a deformidades como gibas nasales, identificando un área de creciente interés en la rinoplastia moderna.
Se ha encontrado también que este tratamiento de la expansión maxilar favorece la función de los músculos periestafilinos y aumenta la frecuencia de deglución, lo que beneficia al oído medio, tan susceptible de sufrir otitis serosa en la edad pediátrica.
Y recientes investigaciones ponen de manifiesto que la respiración oral produce cambios en la microbiota oral, alterando la flora bacteriana y aumentando el riesgo de caries y enfermedades periodontales, subrayando cómo un problema aparentemente localizado puede tener repercusiones sistémicas.
Las posibilidades de colaboración son múltiples y atractivas: desde tratamientos conjuntos hasta investigaciones que unan las fortalezas de ambas disciplinas
Los ejemplos de interconexión entre odontología y otorrinolaringología son innumerables. Sin embargo, no basta con reconocerlos: es preciso actuar. Las posibilidades de colaboración son múltiples y atractivas: desde tratamientos conjuntos hasta investigaciones que unan las fortalezas de ambas disciplinas.
Al unir fuerzas, no sólo enriqueceremos nuestro conocimiento, sino que también mejoraremos significativamente la atención a los pacientes. Es el momento de estrechar lazos y caminar juntos hacia un futuro más integrado, exigente.








