Luis de Haro. Director general de iSanidad
En el debate sanitario actual, se habla de listas de espera, colaboración público-privada y acceso a medicamentos. Pero se olvida lo esencial: los médicos jóvenes. Son el presente invisible y el futuro inevitable del sistema sanitario, ignorar su realidad es un error estratégico y ético que compromete la sostenibilidad del sistema. El informe Ikerburn de la Organización Médica Colegial (OMC) revela una crisis profunda con ellos. El 79% de los médicos jóvenes sufre agotamiento emocional; el 84% presenta despersonalización; y el 63% siente baja realización personal. Además, un 38% recurre a ansiolíticos o alcohol, y un 25% ha necesitado una baja laboral por causas relacionadas con el burnout. Estos datos no son anecdóticos, son estructurales y exigen una respuesta urgente.
Los datos de burnout de los médicos jóvenes no son anecdóticos y exigen una respuesta urgente
La sobrecarga laboral, la falta de conciliación y el escaso apoyo institucional están generando un entorno tóxico. Este entorno provoca fuga de talento, bajas prolongadas y desmotivación generalizada. Si no se actúa, los médicos jóvenes dejarán de ser una esperanza para convertirse en una ausencia. Ni la sanidad pública ni la privada pueden permitirse perder a quienes están llamados a sostener el sistema en las próximas décadas. Es necesario ofrecer un entono laboral atractivo mas allá de la propia vocación.
Desde el Gobierno se ha denunciado que algunas comunidades autónomas hacen negocios inmorales con la sanidad. Se acusa a la oposición de usar dinero público en prácticas legales pero éticamente cuestionables. Sin embargo, no se menciona que los médicos jóvenes están al límite. ¿Qué hay más inmoral que permitir que quienes sostienen el sistema se quiebren sin ofrecerles soluciones?
¿Hay algo más inmoral que quitar la ilusión a los médicos que son el futuro del sistema?
La sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud depende de cuidar a sus profesionales. Los médicos agotados cometen más errores, los médicos desmotivados abandonan la profesión o emigran, los médicos sin apoyo no pueden garantizar una atención segura. No hay medicina sin médicos jóvenes, y no habrá sanidad sin reformas que les protejan.
Es urgente revisar las condiciones laborales en su totalidad. Hay que garantizar descansos, tutorización, conciliación y liderazgo inclusivo. Hay que invertir en bienestar psicológico y crear un observatorio nacional del burnout. No hacerlo es hipotecar el futuro de la sanidad 11y enviar un mensaje desalentador a quienes aún dudan si estudiar medicina. Los médicos jóvenes deben querer ser médicos. Pero para eso, deben ver un futuro digno, humano y sostenible. Los discursos no son suficientes, hace falta acción y los datos dicen que hace falta ya.
Pero es que además de los médicos, las enfermeras están tambien profundamente afectadas por el desgaste físico y emocional que supone trabajar en un sistema sanitario cada vez más tensionado. Su labor, esencial y muchas veces invisible, se sostiene sobre jornadas interminables, escasez de recursos y una presión constante que no cesa. Las enfermeras no solo cuidan, también escuchan, consuelan, vigilan y sostienen a pacientes y familias, sin embargo, su agotamiento rara vez ocupa titulares. Es urgente reconocer su papel y ofrecerles condiciones laborales dignas, apoyo psicológico y espacios de recuperación. Cuidar a quienes cuidan no es un gesto simbólico, es una necesidad estructural si queremos que el sistema sanitario siga siendo humano, eficaz y sostenible.









