Cáncer de páncreas y equidad: que el código postal no determine las oportunidades de cada paciente

El Dr. Jorge Adeva es oncólogo especialista en Investigación Clínica de Tumores Digestivos, en la Unidad de Oncología Médica del Hospital 12 de Octubre. La Dra. Teresa Macarulla es la responsable del servicio de Oncología Médica en el Clínic Barcelona Comprehensive Cancer Center

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El Dr. Jorge Adeva y la Dra. Teresa Macarulla, coordinadores del grupo de trabajo Biliopancreático del TTD
El cáncer de páncreas es una de las enfermedades más desafiantes para la oncología moderna. Este tumor sigue siendo el de peor pronóstico y la respuesta ante esta realidad no pasa solo por «disponer de más tratamientos», sino por seleccionar a los mejores candidatos para cada tratamiento y por diagnosticar la enfermedad más precozmente. Hoy disponemos una herramienta diagnóstica predictiva llamada Secuenciación de Nueva Generación (NGS, Next Generation Sequencing en inglés) para pacientes que ya han sido diagnosticado de cáncer de páncreas.

La medicina de precisión, basada en la identificación de alteraciones moleculares, es fundamental para mejorar las opciones terapéuticas

Se trata de una prueba que puede hacerse sobre la propia biopsia tumoral del paciente o incluso a partir de su sangre (conocido en este caso como «biopsia líquida»), y que permite identificar alteraciones moleculares que pueda tener el paciente en estudio y, con ello, abrir la puerta a una terapia personalizada. Haciendo una analogía simplista, los fármacos son llaves para abrir puertas; necesitamos saber si la cerradura de la puerta (el cáncer de páncreas de nuestro paciente) se corresponde o no con alguna de las llaves que ya tenemos. Esto hace la secuenciación tumoral (NGS), decirnos si hay o no cerraduras sobre las que podamos actuar.

Es crucial incorporar estas herramientas de forma sistemática a la práctica clínica y garantizar su acceso en todas las Comunidades Autónomas. No hablamos de una aspiración futurista: es una necesidad asistencial inmediata, si queremos que los pacientes se beneficien de la medicina de precisión que ya está cambiando para bien el curso de varios tumores digestivos.

La integración de la secuenciación tumoral NGS en la práctica clínica es crucial para ofrecer un diagnóstico más temprano y un tratamiento dirigido adecuado

España ha demostrado que, cuando integra de manera ordenada la innovación diagnóstica y terapéutica, los resultados llegan: la supervivencia de muchos pacientes con cáncer, por ejemplo, colorrectal, ha mejorado de forma notable en las últimas décadas. En páncreas, sin embargo, avanzamos más despacio. Estandarizar la secuenciación tumoral NGS (incluyendo la biopsia líquida) en el circuito asistencial, no solo como parte de proyectos de investigación o en centros de referencia, es el primer paso para revertir esta brecha. Es la diferencia entre identificar a tiempo a quién puede recibir un tratamiento dirigido o inmunoterapia… o no hacerlo y perder esa oportunidad.

Desde el TTD-Grupo de Tratamiento de Tumores Digestivos- lo hemos expresado con claridad: debemos implantar las últimas técnicas de diagnóstico en la práctica diaria y que la innovación llegue a todos los hospitales del país. Este mensaje, que compartimos con pacientes y profesionales, es una llamada a la responsabilidad de todo el sistema sanitario. No pedimos algo extraordinario, pedimos equidad: que el código postal no determine el acceso a un diagnóstico de precisión ni a un ensayo clínico.

La falta de equidad en el acceso a diagnósticos precisos y ensayos clínicos limita las oportunidades de los pacientes, dependiendo de su ubicación geográfica y recursos hospitalarios

La realidad hoy en día no es así. Lamentablemente existe desigualdad. Las guías recomiendan hacer estudio NGS en todos los pacientes con cáncer de páncreas diseminado; sin embargo, su utilización no está plenamente implantada y depende de los recursos de cada hospital, de acuerdos puntuales o de la participación en estudios. Además, la necesidad no consiste simplemente en acceder o no a un estudio NGS, sino en hacerlo en el momento adecuado, es decir, a tiempo para que nuestro paciente se pueda beneficiar. Las demoras en obtener los resultados, ocasionadas con frecuencia por los circuitos burocráticos establecidos para su solicitud, disminuyen la utilidad clínica en una neoplasia tan agresiva. Esta situación genera inequidades: hay pacientes que no acceden a terapias dirigidas o a ensayos, no por criterios clínicos, sino por no disponer del diagnóstico molecular en tiempo y forma.

Corregirlo exige un esfuerzo coordinado a nivel nacional, que homogenice qué estudio ha de hacerse a cada paciente con cáncer de páncreas, incorporando protocolos claros; por ejemplo, se podría valorar iniciar el estudio por el estado de KRAS, el oncogén que se encuentra con más frecuencia mutado en cáncer de páncreas (85-90%) y sobre el que además se acaba de abrir una vía muy esperanzadora de fármacos en investigación capaces de bloquearlo; según los resultados de KRAS, se podría ampliar el estudio NGS a un panel más amplio de genes, todo ello con la posibilidad de emplear la biopsia líquida si se requiere. Al final, incluir este protocolo consensuado en la cartera del Sistema Nacional de Salud.

A pesar de los avances en otros cánceres digestivos, como el colorrectal, en el cáncer de páncreas los progresos son más lentos

Este mismo esfuerzo debería contemplar el cáncer hereditario: la derivación de pacientes y/o familiares a Unidades de cáncer familiar (a veces llamado Consejo genético) así como la posibilidad de realizar estudios germinales de genes ampliamente conocidos de susceptibilidad a cáncer de páncreas, tales como BRCA/PALB2, son clave para ofrecer la inclusión en programas detección de cáncer de páncreas. Además, estos resultados (además de los ya mencionados de NGS tumoral) pueden ayudar en la selección terapéutica del paciente en cuestión.  No es un añadido opcional: es parte de una medicina de precisión que piensa en el paciente y en su entorno.

En paralelo, la investigación cooperativa debería acelerarse. El tamaño reducido de muchos subgrupos obliga a estudios multicéntricos e internacionales; ahí, el trabajo en red del TTD es una palanca diferencial. El mejor ensayo pierde impacto si no identificamos a tiempo a los candidatos mediante el diagnóstico molecular.

El futuro del cáncer de páncreas pasa por integrar rápidamente tecnologías como la secuenciación tumoral NGS en la práctica clínica diaria, asegurar el acceso a tratamientos personalizados y eliminar las barreras geográficas y económicas para todos los pacientes

Las asociaciones de pacientes nos recuerdan a los oncólogos las prioridades que deben guiar cada decisión: diagnóstico temprano ante síntomas inespecíficos, acceso real a ensayos, apoyo integral (nutrición, psicología, cuidados paliativos) y una atención equitativa, humana y centrada en la persona. «La investigación salva vidas» no es un eslogan: es un compromiso que debemos traducir en circuitos asistenciales ágiles y homogéneos, y en una financiación que no dependa, como decimos, de códigos postales ni de la fortuna de ser atendido en un hospital u otro.

El camino está trazado: diagnosticar antes a los pacientes y una vez diagnosticados tipificar su tumor molecularmente para tratarlos de forma más precisa. Para lograrlo, España debe integrar sin demora la secuenciación tumoral NGS (incluyendo la biopsia líquida) en la práctica clínica, reforzar el consejo genético y asegurar la participación de nuestros pacientes en ensayos de calidad. La innovación diagnóstica salva más vidas si llega a tiempo y llega a todos. Ese es, hoy, nuestro deber.

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