Patricia Durán Carrasco
Fotos y vídeo: Gabriela Vázquez Vegas / Ana Fernández Agüero
Las personas con discapacidad han visto aumentados sus derechos a lo largo de los años. Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer para disponer de una atención sanitaria y sociosanitaria sin barreras. Actualmente, estos pacientes deben lidiar con problemas de comunicación, con agendas médicas que no se adaptan a las necesidades de su patología e incluso con la accesibilidad en todos sus niveles.
Durante el evento de presentación del especial de discapacidad, titulado ‘¿Cómo afronta el sistema sanitario la atención a las personas con discapacidad?’, elaborado por iSanidad, se celebró un coloquio donde se abordaron los obstáculos que tienen estos pacientes a la hora de asistir a una consulta y cómo los sanitarios se enfrentan a ello.
Los derechos de las personas con discapacidad han aumentado en los últimos años, pero aún queda margen de mejora en la atención sanitaria y sociosanitarias
Los ponentes coincidieron en que existen dos tipos de barreras: físicas, debido a que los espacios son poco accesibles arquitectónicamente; y cognitivas al no existir una documentación que aborde las necesidades del paciente para mejorar su atención sanitaria, ya que “las personas con discapacidad reciben atención sanitaria para todo, menos para su patología”, matizó Daniel-Aníbal García, secretario de Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe), en su intervención en el coloquio.
Por otro lado, la Dra. María Luisa Delgado Losada, vicepresidenta de Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), considera que la comunicación entre el médico y el paciente es otra barrera presente en las consultas, “nos dirigimos más al profesional que al propio paciente”, añadió la Dra. Delgado. En esta línea, la Dra. Delgado manifestó que existen diversos recursos que ayudarían a mejorar la comunicación médico-paciente, como, por ejemplo, un libro con pictogramas que permitiría “una comunicación más fácil, ágil y efectiva”.
Otro de los obstáculos que se destacó durante el coloquio fue la parte administrativa, poniendo el foco en las agendas médicas que, a nivel burocrático, “están muy cerradas” y no dan la posibilidad de evaluar una situación complicada con un paciente con discapacidad que “no está en las condiciones óptimas para estar en la consulta médica”, señaló Pascal Ramos, director Pedagógico de la Fundación Instituto San José. Generalmente, la solución a este problema se resuelve modificando o, incluso, cancelando la cita, aumentando así el estrés del paciente. Según Ramos, esta situación es consecuencia a una falta de adaptación, “ya que los hospitales están adaptados a la agenda del profesional y no al usuario”, aunque “esta dinámica está cambiando mucho”.
Involucrar a la sociedad en general es esencial para que exista una transformación en el sistema
Para eliminar los obstáculos, los ponentes consideraron que la formación a los profesionales puede ayudar. Uno de los ejemplos expuestos estuvo referido a la especialidad de Geriatría, donde el número de pacientes mayores con discapacidad es inexistente. “Si entrara un paciente, no sabríamos como tratarlo”, añadió la Dra. Delgado. Actualmente, se ha establecido que el envejecimiento prematuro en las personas con discapacidad se sitúa en los 40 años, siendo necesario aumentar la formación enfocada a este perfil de paciente para garantizar que tengan una longevidad saludable. Asimismo, los ponentes recalcan que la formación no solo deber ser para los profesionales, sino que se debe involucrar a la sociedad en general para cambiar su visión y poder así transformar el sistema.
Por otro lado, la tecnología se está convirtiendo en una gran aliada que permite el desarrollo de nuevas herramientas que facilitan la comunicación con el paciente. A pesar de ello, todavía existe la problemática de “cómo implementar estas herramientas con las personas con mayor discapacidad y dependencia”, puntualizó Ramos.
Además, García puso el foco sobre la importancia de disponer de una perspectiva diferente de cómo se hacen las cosas. “Al no aportar recursos necesarios, las personas con discapacidad tienen problemas de acceso a los medicamentos, farmacológicos y no farmacológicos, así como al resto de las opciones terapéuticas, perdiendo autonomía”, aclara García. Esta falta de recursos, en muchas ocasiones, es consecuencia a que “la financiación no es la que debería de ser”, matizó la Dra. Delgado, ya que las personas con discapacidad deben hacer un sobreesfuerzo económico para tener las opciones terapéuticas básicas y mejorar su independencia.









