La diplomacia en salud pública ante el desafío del populismo

El autor lamenta en este artículo que los gobiernos de corte populista, una vez en el poder, tienden a politizar la salud, desacreditar el conocimiento científico, restringir el acceso a los datos, debilitar instituciones independientes y señalar a colectivos vulnerables

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Dr. Tomás Cobo, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos
El policy brief Public health diplomacy in an age of populism, publicado en Public Health Reviews el 5 de diciembre de 2025 (Volumen 46, 2025), plantea una advertencia tan clara como incómoda: la salud pública global se enfrenta a una amenaza estructural derivada del auge del populismo, la desinformación y el debilitamiento del multilateralismo. El texto completo puede consultarse en el siguiente enlace.

https://doi.org/10.3389/phrs.2025.1609089

Desde sus primeras líneas, el documento sitúa el debate en un plano inequívoco: la erosión de la confianza en la ciencia, la politización de la salud y el cuestionamiento de las instituciones internacionales están socavando los pilares sobre los que se han construido los grandes avances sanitarios de las últimas décadas. Frente a este escenario, los autores no se limitan a describir la crisis, sino que proponen una transformación profunda de la diplomacia en salud pública, concebida no como una práctica técnica, sino como una herramienta estratégica, ética y política.

El texto recuerda que los mayores logros de la salud pública han sido inseparables de la diplomacia. Desde los primeros mecanismos de cooperación sanitaria internacional hasta la erradicación de la viruela, pasando por las campañas lideradas por la OMS, la equidad vacunal o los sistemas de vigilancia epidemiológica, la salud ha sido históricamente un terreno de cooperación incluso en contextos de tensión geopolítica. Sin embargo, ese legado se encuentra hoy amenazado por un entorno político radicalmente distinto.

«La erosión de la confianza en la ciencia, la politización de la salud y el cuestionamiento de las instituciones internacionales están socavando los pilares sobre los que se han construido los grandes avances sanitarios de las últimas décadas»

El diagnóstico es contundente. Los gobiernos de corte populista, una vez en el poder, tienden a politizar la salud, desacreditar el conocimiento científico, restringir el acceso a los datos, debilitar instituciones independientes y señalar a colectivos vulnerables. La retirada o el bloqueo de grandes actores estatales de organismos multilaterales, el cuestionamiento de acuerdos internacionales y los ataques directos a la ciencia generan un entorno hostil para cualquier respuesta sanitaria basada en la evidencia, la equidad y la cooperación.

Ante esta realidad, el policy brief sostiene que la diplomacia en salud pública ya no puede concebirse como una actividad neutral ni exclusivamente estatal. Debe convertirse en una práctica consciente del poder, éticamente fundamentada y capaz de operar en escenarios adversos. Defender la salud implica hoy comprender el conflicto político, anticipar narrativas hostiles y asumir que, cuando la ciencia y los derechos son cuestionados, la neutralidad deja de ser una opción.

Sobre esta base, el documento articula nueve propuestas para revitalizar y proteger la diplomacia sanitaria frente al populismo.

La primera es la creación de laboratorios de diplomacia en salud pública: espacios de simulación y aprendizaje donde profesionales sanitarios, diplomáticos, académicos y representantes sociales puedan ensayar respuestas a crisis futuras, entrenarse en negociación y anticipar escenarios complejos antes de que se materialicen.

«Defender la salud implica hoy comprender el conflicto político, anticipar narrativas hostiles y asumir que, cuando la ciencia y los derechos son cuestionados, la neutralidad deja de ser una opción»

La segunda propuesta, y una de las más relevantes, es el empoderamiento de actores no estatales con legitimidad profesional, continuidad institucional y autoridad moral. En este ámbito, las órdenes médicas colegiales ocupan un lugar estratégico. Instituciones como la Organización Médica Colegial (OMC) representan mucho más que estructuras corporativas: son garantes de la ética profesional, defensoras del conocimiento científico y portavoces de una profesión comprometida con los pacientes y con la sociedad. En contextos donde los gobiernos pueden verse condicionados por agendas populistas, las organizaciones colegiales mantienen independencia, credibilidad social y capacidad de interlocución nacional e internacional. La OMC, por su estructura democrática, su implantación territorial, su experiencia en cooperación y su presencia en foros internacionales, está en condiciones de actuar como un actor diplomático no estatal de primer orden, capaz de tejer alianzas, denunciar retrocesos, proteger a los profesionales y contribuir a una gobernanza sanitaria más resiliente.

La tercera propuesta insiste en reforzar la comunicación pública y la escucha activa. En una era de infodemia, la salud pública debe comprender los miedos y percepciones sociales, anticipar los discursos simplificadores y ofrecer narrativas claras, empáticas y éticamente sólidas que reconstruyan la confianza ciudadana.

La cuarta línea es la protección de quienes sostienen la verdad científica: profesionales sanitarios, periodistas y defensores de derechos humanos, cada vez más expuestos a amenazas y represalias. Su protección no es solo una obligación moral, sino una condición imprescindible para la transparencia y la rendición de cuentas.

«Las Órdenes Médicas Colegiales europeas  y en particular la OMC en España, están llamadas a desempeñar un papel estratégico en esta nueva diplomacia sanitaria»

La quinta apuesta por crear sistemas alternativos de responsabilidad cuando los canales oficiales fallan: plataformas independientes de datos, alianzas con medios de investigación y el uso estratégico del litigio como herramienta de salud pública.

La sexta plantea un cambio de marco conceptual: pasar de “Salud en todas las políticas” a “Salud para todas las políticas”, situando la salud como prioridad diplomática, estratégica y de seguridad.

La séptima línea defiende la diversificación y descentralización de la financiación para proteger la autonomía de las instituciones sanitarias frente a la instrumentalización política.

La octava subraya la necesidad de una nueva formación en salud pública que incorpore ética, negociación, comunicación estratégica y alfabetización política.

Finalmente, el texto llama a defender y reformar el multilateralismo, no desde la ingenuidad, sino desde el realismo y el compromiso con sus valores fundacionales.

Conviene subrayar, para concluir, una idea esencial: la diplomacia no está reñida con la firmeza. Defender la salud, la ciencia y la ética profesional exige diálogo, pero también determinación. Las Órdenes Médicas Colegiales europeas  y en particular la OMC en España, están llamadas a desempeñar un papel estratégico en esta nueva diplomacia sanitaria: como voces independientes, como guardianes de la ética y como actores capaces de combinar cooperación, denuncia y liderazgo. En tiempos de populismo, ejercer una diplomacia firme es, precisamente, una forma de proteger la salud, la democracia y la cohesión social. Y esa es una de las misiones mas importantes de nuestra institución, no se nos perdonaría la distracción.

 

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