Jorge Pastor Arrizabalo
Con una trayectoria de 40 años en el Hospital General Gregorio Marañón y 35 años como jefe del Servicio de Urología en el mismo centro, el Dr. Carlos Hernández se jubila. Como reconocimiento a su trabajo, sus compañeros de servicio le dedicaron una bonita despedida a la salida del hospital, algunos con lágrimas en los ojos.
Su familia también estuvo presente para este homenaje. Su hijo, Álvaro, posteó un vídeo de este momento en redes sociales. En Instagram, la publicación recibió más de 600 comentarios de compañeros que han trabajado con él y que quisieron aprovechar para felicitarle por su trabajo durante todos estos años.
Ahora, el Dr. Hernández atiende a iSanidad, para hablar sobre cómo se gestiona este servicio y su evolución con el paso del tiempo, así como de los retos de la especialidad en el futuro y de los cambios que ha notado en los residentes con los que ha trabajado a lo largo de estas cuatro décadas.
¿Se esperaba un reconocimiento por su jubilación como el que vivió en su último día en el hospital?
Totalmente sorpresa. Fui a una conferencia en el servicio a primera hora de uno de los urólogos que se había formado conmigo hace años. De hecho, fui como un día más. Pero fue una sorpresa muy grata, por supuesto. No tenía ninguna previsión de que fuera a suceder algo así.
Tras 35 años como jefe del servicio de Urología del Gregorio Marañón, ¿con qué sensación se jubila?
Con una sensación un poco agridulce. Por un lado, porque ha sido mi vida durante muchísimos años y con una responsabilidad importante, dado que es uno de los grandes servicios de urología del país. Además, he vivido una época de cambios tecnológicos, unos años de evolución muy importante y eso ha llenado gran parte de mi vida todos estos años.
«He vivido una época de cambios tecnológicos, unos años de evolución muy importante y eso ha llenado gran parte de mi vida todos estos años»
También es verdad que llega un momento que empiezas a darte cuenta que hay gente a la que tienes que darle paso, que tienen que coger ellos la responsabilidad. Todos los días hay que tomar decisiones, hay problemas de uno u otro tipo y empiezas a pensar que deberías a descansar un poco más.
Pero es una sensación que todavía no la tengo completamente digerida; no recibir una llamada a primera hora o no tener que resolver problemas todos los días, deja una sensación más tranquila. Por otro lado, se echa de menos el esfuerzo, el trabajo diario y el contacto con todo el equipo, con el cual he estado trabajando muchos años. Es una sensación ambivalente.
¿Cómo han sido estos primeros días después de la jubilación?
Han sido complicados porque he tenido que hacer mucho papeleo. De hecho, he vuelto al hospital algún día porque mi jubilación efectiva, desde el punto de vista administrativo, será la última semana de febrero. Notaré un poco más el cambio cuando pasen unos días y toda esta situación de gestiones también haya acabado.
Soy una persona inquieta desde el punto de vista intelectual, como creo que somos la mayor parte de los médicos, así que seguiré escribiendo de mi especialidad o haré algún curso de otros ámbitos que también me pueden interesar, como la historia. También me implicaré en hacer más de deporte. Si uno se organiza y se planifica, pues puede llenar muchas horas del día a día.
¿Cómo ha cambiado la gestión de un servicio hospitalario en estas tres décadas?
Echo la vista atrás, cuando empecé a tener la responsabilidad organizativa del servicio, y el cambio ha sido radical respecto a los últimos años. Ahora se habla mucho de la medicina personalizada hacia el paciente y la realidad es que en el sistema público hemos tenido que crear unidades específicas: hay áreas dedicadas a la litiasis, al cáncer o a la disfunción sexual.
Antes el urólogo era un «totipotencial«: operaba lo mismo el riñón que la vejiga o un cálculo. Eso ha cambiado radicalmente. Hemos tenido que segmentar o profundizar en áreas concretas, y un servicio tan grande como el mío ha tenido que generar todas esas áreas y seleccionar urólogos específicos para dedicarse a cada una de ellas.
Esto ha hecho que, a veces, se despersonalice el enfermo, porque ha llegado a una consulta de un urólogo, pero luego es operado por otro distinto mientras que el seguimiento lo realiza otra persona; hacer eso sin que el paciente sufra las consecuencias de esa despersonalización no ha sido fácil. Pero esa evolución ha sido muy llamativa desde el punto de vista organizativo.
Otra ha sido la implementación de la tecnología; antes operábamos solo con nuestras manos, con unas pinzas, unas tijeras y unos hilos para coser y ahora operamos con laparoscopia, con endoscopia, con láser o con robótica. Esta evolución, que ha sido paulatina en los últimos dos décadas, ha sido también un reto para la mayor parte de los servicios en general. También, para quienes teníamos la responsabilidad de dirigir y de implementar esas innovaciones en nuestros hospitales.
«Esta evolución tecnológica ha sido también un reto para la mayor parte de los servicios en general»
¿Cuáles cree que son los grandes retos actuales de la urología en la sanidad pública?
Es una especialidad que, en cuanto a presión, ha aumentado de manera exponencial con el tiempo. Somos una especialidad que nos dedicamos y tenemos la responsabilidad de responder ante enfermedades muy prevalentes, cuya incidencia ha ido aumentando porque esta prevalencia aumenta con el paso de los años.
El cáncer de próstata o la incontinencia urinaria son enfermedades muy frecuentes y conforme el envejecimiento es mayor, también es mayor su prevalencia. La población española ha envejecido, ya que la expectativa de vida es muchísimo más larga que hace 30 años. En consecuencia, nuestros servicios se han visto muy presionados por ese tipo de patología. También tratamos varios de los cánceres más frecuentes en la población: el cáncer de próstata, el cáncer de riñón y el cáncer de vejiga.
Todo eso hace que hayamos tenido que aumentar las plantillas. Hemos pasado de tener una plantilla de nueve adjuntos y cinco residentes cuando empecé a tener 17 adjuntos y diez residentes. Y aún así hay que crecer más. Es una especialidad en la que el reto de la presión existencial es muy trascendente.
«Urología es una especialidad en la que el reto de la presión existencial es muy trascendente»
Además, se trata de una especialidad donde la tecnología es primordial. Nosotros ya no operamos de una manera clásica salvo de forma excepcional, la tecnología es el 90% de nuestras cirugías. Eso supone inversión y que la administración dedica cada vez más dinero al tratamiento de nuestros pacientes.
¿Qué consejos le daría a un estudiante que acaba de terminar el MIR y quiere elegir urología como especialidad?
El mensaje que yo daría, no solo para urología sino para cualquier especialidad, es que la medicina es un mundo apasionante, que hay que vivirla con ilusión y con ganas. Alguien que se presenta al MIR y quiere hacer una especialidad concreta, tiene que ser una persona ilusionada.
Después, que sea una persona de mentalidad abierta. En la medicina hay que estar pendiente de las innovaciones tecnológicas que aparecen con enorme frecuencia. Hay que aprender de mucha gente, hay que estar abierto a la información. Deben ser personas inquietas, abiertas a la novedad, que no quiere decir que todo lo nuevo sea mejor sí o sí, pero hay que estar pendiente de ello.
«En la medicina hay que estar pendiente de las innovaciones tecnológicas que aparecen con enorme frecuencia»
Y que elijan la especialidad que más les guste a priori. Pero es verdad que eso no siempre es fácil, porque en función del número MIR que hayas sacado, te va a permitir o no hacer la especialidad que te gustaba o hacer una que a lo mejor no te gustaba tanto. Pero prácticamente todas las especialidades son atractivas, todas tienen un desarrollo muy bueno y, en consecuencia, uno no se debe frustrar por no dedicarse a lo que quería.
Sí es importante que se decanten entre especialidades médicas o especialidades quirúrgicas. Esa sí que es una idea que ellos deben tener a priori. Pero luego, si esa persona no ha podido hacer urología y hace cirugía general, es exactamente igual de bonito.
Esas son mis recomendaciones no solo para el que decida hacer urología, sino para todos los que se presentaron a hacer el MIR, porque salvo los primeros números, el resto se van a tener que adaptar a lo que haya en el momento. Pero todas las especialidades pueden ser enormemente ilusionantes porque eso depende más de la persona que de la especialidad en sí.
¿Qué cambios ha notado en los residentes a lo largo de estos 35 años?
Va acorde con cómo ha evolucionado la sociedad. Nosotros también nos divertíamos, pero nuestra formación no estaba muy bien reglamentada. Íbamos allá donde creíamos que podíamos ver algo de cirugía o se hacían cosas nuevas. No nos importaba el tiempo o si nos pagaban o no.
Ahora todo está más reglamentado, los residentes luchan más por sus derechos. Yo no he librado y mi generación no libraba las guardias. El día siguiente seguíamos trabajando. Pero en un periodo de aprendizaje nosotros preferíamos estar más horas en el hospital porque así aprendíamos más y podíamos tener más contacto con las cirugías o con los pacientes.
«Ahora está más reglamentado, los residentes luchan más por sus derechos. Yo no he librado y mi generación no libraba las guardias. Hoy eso ya no se vive así»
Hoy eso ya no se vive así. La gente quiere tener sus tiempos libres y sus épocas de relajación. También es verdad que hoy el aprendizaje es más fácil, porque tienen libros, revistas que pueden consultar en su ordenador, pueden acudir a congresos que se publican en Internet y pueden ver cirugías sin tener que hacer lo que nosotros hicimos.
Nuestros residentes han cambiado al mismo tiempo que la sociedad ha cambiado y hay una cosa que es indiscutible: se trata de gente muy bien preparada y muy brillante. Para hacer el MIR en este país hay que tener un currículo y una nota de corte en el bachiller muy buena.
Además, han hecho seis años de una carrera que es exigente, de meter muchas horas en tu casa o en la biblioteca. Luego, pasas a hacer un examen nacional. Los residentes que nos llegan ahora son gente espectacular de entrada, gente lista y que aprenden muy rápido.
En consecuencia, trabajar con ese perfil de personas es siempre un lujo porque van a responder enseguida lo que les pidas, entienden enseguida la complejidad de las cosas. Estoy orgullosísimo de alrededor de las 150 personas que se han formado en mi servicio y todos son gente referente de la especialidad.








