Redacción
La cirugía de columna se está evolucionando a técnicas que son menos invasivas para el paciente, que ayudan a reducir el tiempo recuperación y de hospitalización. “De forma progresiva se ha ido tomando conciencia sobre el dolor postquirúrgico que causan esta clase de abordajes y el aumento de tiempo de recuperación que suponen; por eso, estamos modificando las técnicas quirúrgicas hacia abordajes mínimamente invasivos que lesionan menos los tejidos. Estas aproximaciones obtienen mejores tasas en el control del dolor en el postoperatorio inmediato y menos días de ingreso”, explica Dra. Cristina Aracil, jefa asociada del servicio de Neurocirugía del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.
El centro hospitalario aplica un abordaje menos lesivo, gracias a una serie de separadores especiales y técnicas quirúrgicas complejas, que “hacen el mismo procedimiento con menos lesión muscular y, en ocasiones, con un menor tamaño de incisión, lo que permite una recuperación menos dolorosa y más rápida”, explica la Dra. Aracil. Las intervenciones suelen consistir en incisiones de entre dos y tres centímetros en los que se coloca un separador tubular que preserva la musculatura del paciente evitando la necesidad de desinsertar el músculo, causando menor atrofia muscular. “Posteriormente se liberan las estructuras nerviosas quitando los elementos responsables de la compresión: hueso, ligamento o hernias discales, dejando las raíces nerviosas libres y resolviendo la causa del dolor”, añade la neurocirujana.
“Estamos modificando las técnicas quirúrgicas hacia abordajes mínimamente invasivos que lesionan menos los tejidos”
En ocasiones, es necesario fijar las estructuras óseas, para tratar la inestabilidad, lo que se realiza con tornillos y dispositivos intersomáticos. En estos casos, el equipo de cirujanos se ayuda de un sistema de navegación guiado por tomografía computarizada intraoperatoria (O-arm) que facilita la técnica y disminuye el porcentaje de malposición de tornillos. Inmediatamente después del procedimiento, se realiza una tomografía computarizada intraoperatoria en el mismo quirófano, con el paciente todavía dormido, lo que da la opción de recolocar los tornillos si se considera subóptima su posición.
El abordaje mínimamente invasivo no se reduce a las intervenciones de columna; también se puede realizar en cirugías craneales limitando las molestias al paciente, pero no los resultados ni la precisión quirúrgica. “Un ejemplo son los abordajes transciliares (a través de la ceja) evitando grandes craneotomías para lesiones ubicadas en la fosa craneal anterior, o los abordajes guiados por endoscopía en las cirugías de las craneosinostosis infantiles”, señala la Dra. Aracil.
Los abordajes mínimamente invasivos en neurocirugía requieren separadores específicos y endoscopios, microscopios y fuentes de luz adaptadas a esta clase de intervenciones. Pero sobre todo requieren equipos experimentados que busquen “disminuir el dolor que consiga una recuperación más rápida del paciente”, concluye.










