El prestigio se construye desde la consistencia

Dr. Alberto Monje, director del Área de Periodoncia Cicom Monje (Badajoz) y secretario general de la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA)

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Dr. Alberto Monje, director del Área de Periodoncia Cicom Monje (Badajoz) y secretario general de la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA)
No recuerdo un momento concreto en el que me empezara a apasionar la clínica en periodoncia y la investigación. Más bien fue un proceso lento, casi silencioso, en el que la curiosidad científica y la práctica clínica comenzaron a caminar juntas. Con el tiempo comprendí que esa combinación, pensar y hacer, investigar y tratar pacientes, no era un lujo, sino una responsabilidad. Hoy, después de 15 años de trabajo clínico, producción científica y de, recientemente, asumir la responsabilidad como secretario general de la SEPA, sigo creyendo que ese equilibrio es el único camino sostenible hacia la excelencia. 

A los jóvenes que se acercan ahora a la odontología, y en particular a la periodoncia, les diría algo que no siempre resulta cómodo escuchar: este no es un camino rápido (ni fácil). Tampoco es un camino diseñado para maximizar beneficios económicos a corto plazo. Y precisamente por eso merece la pena. La ciencia no se construye con prisas, ni la clínica de calidad se improvisa. Ambas exigen tiempo, disciplina y, sobre todo, una profunda honestidad intelectual.

Vivimos en una época en la que el éxito parece medirse en visibilidad, ingresos inmediatos o agendas llenas. Es comprensible que muchos jóvenes se sientan seducidos por ese modelo. Pero la experiencia me ha enseñado que el reconocimiento real, el que perdura, no viene de hacer más, sino de hacerlo cada día mejor. La excelencia no es un eslogan; es una forma de trabajar cuando nadie te está mirando. Es elegir el caso más adecuado, aunque no sea el más rentable. Es decir «no lo sé» y volver al laboratorio, a la literatura, al análisis crítico. 

La ciencia no se construye con prisas, ni la clínica de calidad se improvisa. Ambas exigen tiempo, disciplina y, sobre todo, una profunda honestidad intelectual

En este contexto, la investigación no es un complemento opcional ni algo reservado a universidades lejanas o perfiles «únicos». Investigar es una actitud. Es preguntarse por qué hacemos lo que hacemos y si podríamos hacerlo mejor. Cuando un clínico investiga, mejora su capacidad de tomar decisiones, de individualizar tratamientos y de resistir modas pasajeras. Y cuando un investigador mantiene contacto con la clínica, su trabajo gana sentido, impacto y humanidad. He tenido la suerte de formarme y trabajar en entornos donde la exigencia era alta y la autocomplacencia no tenía espacio. Eso moldea el carácter profesional. Aprendes que el error no es un fracaso, sino una fuente de aprendizaje, siempre que se afronte con rigor. Aprendes también que el prestigio no se reclama: se construye con años de coherencia entre lo que dices, lo que publicas y lo que haces en la consulta. 

Desde SEPA, una de nuestras misiones es precisamente esa: crear una cultura donde la ciencia guíe la clínica y donde la formación continua no sea una obligación administrativa, sino una convicción personal. Queremos ofrecer referentes sólidos a las nuevas generaciones y mostrar que es posible desarrollar una carrera brillante sin renunciar a la ética ni al pensamiento crítico. Si tuviera que dar un solo consejo a quien empieza, sería este: rodéate de personas mejores que tú. Mentores exigentes, colegas que te cuestionen, equipos que no se conformen con lo evidente. El crecimiento profesional rara vez ocurre en zonas cómodas. Ocurre cuando aceptas no tener todas las respuestas y te comprometes a buscarlas. 

La odontología, y la periodoncia en particular, necesita jóvenes inconformistas, pero no impacientes; ambiciosos, pero no superficiales; exitosos, pero no vacíos. El dinero y el reconocimiento pueden llegar, y no hay nada malo en ello. El problema es convertirlos en el objetivo principal. Cuando eso sucede, la ciencia se resiente, la clínica se empobrece y, a largo plazo, también lo hace el propio profesional. 

La excelencia no es un destino: es un hábito. Y elegirla, cada día, sigue siendo el mejor acto de rebeldía profesional que conozco.

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