Anuario iSanidad 2025
Antonio Lavado, presidente de la Federación Española de Diabetes (FEDE) (periodo 2025)
La diabetes es una patología crónica que afecta a un sector cada vez más amplio de la población. Según estimaciones de la Federación Internacional de Diabetes (IDF, por sus siglas en inglés), los casos han aumentado un 10 % en sólo tres años, alcanzando los 589 millones de personas, y se estima que la tendencia continúe al alza, hasta llegar a los 852,5 millones en 2050.
Detrás de este avance global —no solo de la diabetes, sino también de patologías asociadas, como las cardiovasculares y metabólicas— se encuentran factores como el consumo de alimentos ultraprocesados o la adopción de estilos de vida cada vez más sedentarios.
En este contexto, uno de los aspectos que más nos preocupa es si los sistemas sanitarios estarán sabiendo adaptarse a estos cambios. La diabetes exige un seguimiento continuado y preciso para garantizar una vida sin complicaciones y, para ello, resulta imprescindible una atención personalizada y centrada en el paciente crónico.
La diabetes exige un seguimiento continuado y preciso para garantizar una vida sin complicaciones
Desde la Federación Española de Diabetes (FEDE) defendemos la formación del paciente como un eje clave en esta transformación. Las personas que convivimos con esta patología tomamos una media de 180 decisiones diarias relacionadas con nuestra salud. Sólo con una adecuada formación podemos hacerlo con autonomía y seguridad, evitando complicaciones.
En este sentido, consideramos fundamentales los pasos que se están dando desde el Sistema Nacional de Salud (SNS) para acreditar la figura de la enfermera educadora en diabetes, una pieza clave para garantizar la formación de los pacientes.
Del mismo modo, las asociaciones desempeñamos un papel esencial en este proceso. El proyecto Agente Educativo en Diabetes de FEDE ya ha formado a más de 800 personas con diabetes: no sólo para mejorar su autonomía y calidad de vida, sino también para permitirles actuar como portavoces y figuras de referencia dentro de sus comunidades. Esto es lo que denominamos educación entre iguales.
Consideramos fundamentales los pasos que se están dando desde el Sistema Nacional de Salud (SNS) para acreditar la figura de la enfermera educadora en diabetes
Equidad en el acceso a MCG y bombas de insulina
Otra de las particularidades de la diabetes tiene que ver con el uso de tecnología sanitaria y dispositivos médicos. Las personas que convivimos con esta patología debemos medir de forma constante nuestros niveles de glucosa en sangre, para lo cual existen distintos sistemas.
El cambio más relevante en este ámbito llegó con la implantación de la monitorización continua de glucosa (MCG). Con la incorporación del sensor, los pacientes pasamos de depender de múltiples punciones diarias a estar monitorizados de forma continua, con datos que se envían directamente al teléfono móvil.
En los últimos años, las posibilidades se han ampliado aún más con la llegada de las bombas de insulina, sistemas automatizados en los que la infusión de insulina se ajusta en función de los datos obtenidos por un sensor de glucosa intersticial.
Estos avances no sólo suponen una mejora en términos de comodidad, sino que se han convertido en una potente herramienta de educación terapéutica. La información que ofrecen permite a las personas con diabetes comprender mejor cómo fluctúa su glucosa y tomar decisiones más informadas y precisas en el manejo de su patología.
Estos avances no sólo suponen una mejora en términos de comodidad, sino que se han convertido en una potente herramienta de educación terapéutica
Sin embargo, en la actualidad todavía hay muchas personas que no tienen acceso a estos dispositivos o que no pueden decidir qué sistema se adapta mejor a sus necesidades. En el caso de los sensores, en la mayoría de las comunidades autónomas su financiación se limita a personas con diabetes tipo 1 y a aquellas con diabetes tipo 2 en tratamiento con múltiples dosis de insulina.
Desde FEDE defendemos que la monitorización con sensor debe ser también una opción para las personas con diabetes tipo 2 tratadas con insulina basal; es decir, aquellas que utilizan insulina de acción prolongada —generalmente, una inyección diaria— para controlar la glucosa en ayunas y entre comidas. Para este colectivo, el acceso a esta tecnología financiada supondría un cambio sustancial en su día a día.
Defendemos que la monitorización con sensor debe ser también una opción para las personas con diabetes tipo 2 tratadas con insulina basal
Otro ámbito en el que se observan desigualdades en el contexto español es el de los procesos de compra pública de tecnología sanitaria. En muchas ocasiones, las adjudicaciones se realizan a un único fabricante, lo que limita la capacidad de elección del paciente.
En algunos casos, las personas con diabetes se ven obligadas a cambiar de sensor o bomba de insulina incluso cuando ya han completado la curva de aprendizaje de un sistema que funcionaba correctamente, simplemente como consecuencia de una nueva licitación. Este tipo de situaciones genera una carga adicional en el manejo diario de la patología y puede repercutir negativamente en la adherencia al tratamiento.
Desde la Federación Española de Diabetes sabemos que la relación de un paciente con la tecnología es imprescindible para garantizar su autonomía, pero también para reducir la presión asistencial, con menor número de hospitalizaciones derivadas de complicaciones.
Por eso, desde las asociaciones seguiremos colaborando con el sector público y con empresas privadas con el objetivo primordial de impulsar la educación terapéutica en diabetes y reducir la inequidad en el acceso a tecnología y tratamientos. Desde aquí, tendemos una mano a todas aquellas entidades que quieran acompañarnos en este propósito.










