Utilicemos la política para hacer sanidad, no la sanidad para hacer política

Dra. Fátima Matute, consejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid

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Anuario iSanidad 2025
Dra. Fátima Matute, consejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid
Dijo Bertolt Brecht que cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad. Quiero agradecer a iSanidad la oportunidad que nos brinda cada año para compartir algunas reflexiones sobre la realidad del sistema sanitario autonómico y nacional.

Decía la frase del dramaturgo alemán porque en mis aportaciones en años anteriores en esta publicación he halagado la excelencia de nuestro sistema sanitario: sus profesionales, sus esfuerzos, sus logros; de la importancia de la planificación, de la prevención y de la promoción de la salud.

Este año, por responsabilidad y convicción personal y por compromiso ético y profesional, me gustaría reflexionar sobre el delicado momento político que estamos viviendo en el ámbito de la salud.

La descentralización de la sanidad ha sido un logro colectivo. En no pocas ocasiones hemos tenido la oportunidad de hablar de las virtudes y ventajas de una gestión de los recursos sanitarios a nivel autonómico: lo suficientemente cercano al ciudadano para comprender el contexto de cada momento y lugar, y lo suficientemente coordinado como para que esa proximidad sirva para retroalimentar el sistema con todas las experiencias exitosas que se vayan conociendo en cada caso.

Tratando de dejar de lado los sesgos ideológicos de cada uno, en España existe una sanidad pública con muy variadas realidades sociales. Rechazo aquellas que afirman que existen 17 realidades sanitarias diferentes, 52, 8.132… Existe una sola, y el afán de todos los que formamos parte de ella ha sido, es y debe ser contribuir a que siga siendo de una excelente calidad y atención.

Y, dentro del fragor (unas veces lógico, las menos veces suspicaz) que se deriva de la responsabilidad de gestionar una parte (mayor o menor, pero acotada) del sistema sanitario público nacional, tenemos que hablar de la sanidad pública española como un ámbito escrupulosamente profesional, intachablemente técnico y generosamente público. Pero la percepción es que el sistema comienza a manifestar flaquezas y vacilaciones.

Pero la percepción es que el sistema comienza a manifestar flaquezas y vacilaciones

La gestión del Sistema Nacional de Salud se vertebra y coordina en torno al Consejo Interterritorial, un órgano prácticamente desconocido en el ámbito público hasta la pandemia de 2020, cuando adquirió un notorio conocimiento por la labor de coordinación de las comunidades autónomas en la gestión de la misma.

Hasta ese año, el Pleno del Consejo Interterritorial se convocaba entre 1 o 3 veces al año. En 2020, se celebraron 68 plenos. Como decía San Agustín, lo que está hinchado parece grande pero no está sano. Era obvio que había un problema de salud.

Tras la pandemia, el Consejo Interterritorial, adquirió un notorio conocimiento por la labor de coordinación de las comunidades autónomas

Finalizada la pandemia oficialmente en mayo de 2023, lejos de volver a un formato y uso del Consejo Interterritorial como órgano crisol de la coordinación y cooperación de las políticas sanitarias, siento que está degenerando en un órgano de agitación, propaganda y estrategia política.

Casualidad o causalidad, 2023 supone un hito en muchos aspectos: en mi caso, me convierto en consejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Paso de mi consulta de radióloga al despacho de la calle Aduana a gestionar un presupuesto de 8.783 millones de euros.

Y cada año que he vuelto a escribir en estas páginas, concurro con un Presupuesto en trámite parlamentario para su aprobación por la Asamblea de Madrid: el último rondará los 11.000 millones de euros, 2.200 millones más de los que encontré aprobados.

En el caso del Ministerio de Sanidad, la ministra salía de la Asamblea de Madrid, de haber tratado de hacer oposición a Isabel Díaz Ayuso (que logró su primera mayoría absoluta ese mismo año) y llega a un Consejo de Ministros que no ha aprobado ni un solo Presupuesto General del Estado… y me malicio que así continuará siendo.

Consideraciones subjetivas al margen, coincidirán conmigo en que los consejeros de Sanidad o Salud que nos sentamos en el Pleno del Consejo Interterritorial, independientemente del color político que nos respalde, con unos Presupuestos aprobados, gozamos de legitimidad, credibilidad y respaldo institucional indubitados.

En la mayoría de los casos, a esos plenos les precede una ingente cantidad de reuniones técnicas (comisiones delegadas de salud pública, formación o recursos humanos; comités, etc.) donde los asuntos se abordan, se trabajan y se acuerdan con criterios técnicos y científicos.

En la mayoría de los casos, a esos plenos les precede una ingente cantidad de reuniones técnicas donde los asuntos se abordan, se trabajan y se acuerdan con criterios técnicos y científicos

Sin embargo, cuando llegan al Pleno, alcanzando los niveles más políticos y generando expectación mediática, parece que se tensionan más. Y, lamentablemente, hemos asistido a varios casos onerosos en fechas recientes.

O retomamos la lealtad institucional y mantenemos la sanidad pública al margen del deterioro institucional que asola la política española, o el pecado de la soberbia ideológica y el adanismo bolivariano pudrirán los cimientos de un sistema sanitario cohesionador e integrador. Como también dijo Bertolt Brecht, desgraciado el país que necesita héroes.

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